Academia de estudios marianos, fundada el 22 de septiembre de 1959 por el sacerdote alemán Richard Struve Haker, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Bogotá, con el permiso de la XIX Conferencia Episcopal Colombiana. La Revista Regina Mundi es su órgano de difusión. www.sociedadmariologicacolombiana.com
miércoles, 11 de febrero de 2026
Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes
"Yo soy la Inmaculada Concepción" frase que glorifica la voluntad creadora de Dios. Foto y texto Julio Ricardo Castaño Rueda.
jueves, 5 de febrero de 2026
«Ha mirado la humillación de su esclava» (Lc 1,48)
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| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
Adolfo de Sajonia (c. 1300-1378)
dominico, después cartujo en Estrasburgo
La Vida de Jesucristo
La concepción de nuestro Señor fue prefigurada por
la zarza ardiendo que quemaba sin consumirse (Ex 3,2), tal como María concibió
a su divino hijo sin perder la virginidad. El Señor, que estaba en la zarza
ardiendo, así también habitó el seno de María. De igual manera que descendió a
la zarza para liberar a los judíos sacándolos de Egipto, descendió también
hasta María para rescatar a los hombres arrancándolos al infierno.
El hecho de que, de entre todas las mujeres, Dios
escogiera a María para revestir nuestra carne, fue ya prefigurado por el vellón
de Gedeón (Jc 6,36s). En efecto, de la misma manera que sólo ese vellón recibió
el rocío celestial cuando todas las tierras vecinas estaban secas, así también
sólo María fue llena de este rocío divino del cual ninguna otra criatura, en el
mundo entero, no fue hallada digna... La Virgen María es ese vellón del cual
Jesucristo se formó una túnica. El vellón de Gedeón recibió el roció del cielo
sin perjudicarlo, y María concibió al Hombre-Dios sin alterar su virginidad...
Oh Jesús, Hijo del Dios vivo, tú que por voluntad
del Padre celestial y con la cooperación del Espíritu Santo, saliste del seno
de tu Padre como el río mana fuera del Paraíso de delicias, tú que visitando
las profundidades de nuestros valles y fijándote en la humildad de tu sierva,
bajaste el seno de una virgen donde, por una concepción inefable, revestiste tu
carne mortal, te suplico, misericordioso Jesús y por los méritos de esta
Virgen, tu madre, derrames tu gracia sobre mí, muy indigno siervo tuyo, a fin
de que ardientemente te desee, por este amor te conciba en mi corazón y con la
ayuda de esta misma gracia dé frutos saludables de buenas obras. Amén

