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| Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda |
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“No tengan
deudas pendientes con nadie”. (Ro 13, 8).
Academia de estudios marianos, fundada el 22 de septiembre de 1959 por el sacerdote alemán Richard Struve Haker, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Bogotá, con el permiso de la XIX Conferencia Episcopal Colombiana. La Revista Regina Mundi es su órgano de difusión. www.sociedadmariologicacolombiana.com
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Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“No tengan
deudas pendientes con nadie”. (Ro 13, 8).
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Alma infeliz inobediente y necia
que rebelde a tu Dios has ofendido.
Mira su noble Corazón herido
y ardiendo en llamas de indecible amor.
Si conocieras la sin par ternura
con que para ti se ofrece en sacrificio.
No despreciaras, ay, el beneficio
Que te concede, ingrata, tu Señor.
Amor inmenso le arrancó del Cielo.
Y en el pesebre por tu amor lloraba.
Por ti en el huerto con fervor oraba
y fue por ti que en una cruz murió.
Herido su costado sacrosanto
con el agudo acero de una lanza.
La puerta del amor y la esperanza
a tu rebelde corazón abrió.
Más no bastaba a su amor ardiente
la sangre y los dolores del calvario
ni la cruz afrentosa, ni el sudario.
Ni la herida del Santo Corazón.
Y pensando amoroso en tu ventura,
y en aliviar tu duelo y tus pesares,
oculto se ha quedado en los altares,
para darte consuelo y protección.
Y en cambio de sus grandes sacrificios
amor no más, te pide noche y día ...
No te resistas más, ingrata impía,
vuelve rendida a sus divinos pies
y triste de ti si tu Señor se cansa,
y de ti se retira y te abandona;
que si el ama cual Padre, si el perdona,
también castiga, como justo juez.
No esperes el castigo, ven ahora
cuando lleno de amor Él te convida
para darte amoroso nueva vida
y llevarte a la patria celestial.
Ven a postrarte ante su augusto trono
de su eterna bondad y su ternura,
te llenarán del gozo y la ventura,
que te niega la dicha mundanal.
- IMPRESO CON LICENCIA. Colombia. AÑO DE 1858.
©Biblioteca Nacional de Colombia
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
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Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“Ustedes han recibido gratuitamente, den también
gratuitamente”. (Mt 10, 8).
Los promeseros que caminan desde Choachí hasta Chiquinquirá y los que vuelan
Camberra-Bogotá para poder visitar a la Patrona tienen algo en común. Ellos
piden un sobre blanco en el despacho del Santuario Mariano de Nuestra Señora
del Rosario de Chiquinquirá.
En esa cubierta, tan preciada para los romeros, aparecen unos renglones con
sus respectivos cuadros. La función es la de facilitar la consignación de
dinero. Las letras de molde dicen: “Limosna, manda, promesa, ofrenda, salve,
responso, intención y ofrece”.
El pequeño, pero simbólico documento, fortalece la devoción de los fieles
por la gloriosa intercesión de la Santísima Virgen María ante su Hijo, el
Redentor.
La economía, con su rigor de cifras en metal, muestra contundente el porqué
la Ciudad Promesa es la Villa de los Milagros. Nadie en su sano juicio dona sus
ahorros para el mantenimiento de un santuario donde no ocurren hechos que
glorifiquen a Dios.
Los fríos guarismos de la estadística, registrados por un tiempo de 440
años, definen que los favores recibidos no pertenecen a la manifestación
folclórica del turismo religioso o al sentimentalismo embelequero de un paseo.
Es la realidad del asombro. Exvoto significa procedente de un voto.
Las romerías se desplazan por miles de kilómetros para dejar su testimonio
de agradecimiento. La constancia es monetaria. El favor celestial no se podría
pagar con los salarios del mundo juntos. Además, el consumo de gastos se
incrementa con la logística del periplo y sus acompañantes. La inversión en
trasporte, hotel y comida puede centuplicar el costo del agradecido donativo.
En síntesis, el portento no es invento de la Iglesia ni el negocio de los sacerdotes.
La fe, virtud teologal, permite llevar una contabilidad estricta de la
misericordia Divina sin quedar endeuda con la duda.
La razón irrebatible está en una pregunta: ¿alguien entrega una dádiva en
acción de gracias por un engaño místico?
Entendido eso es bueno mirar, desde la óptica de la semántica, la herencia
hispánica de las palabras que recaudan pesos.
Limosna. Cosa, especialmente dinero, que se da a otro por caridad.
Donativo o subvención que se daba a los conventos de
Indias, con cargo a los ingresos de encomiendas y otros.
Manda.
Voto o promesa hechos a Dios, a la Virgen o a un santo.
Promesa. Ofrecimiento
hecho a Dios o a sus santos de ejecutar una obra piadosa.
Ofrenda. Don
que se dedica a Dios o a los santos, para implorar su auxilio o algo que se
desea.
Salve.
Oración con que se saluda y ruega a la Virgen María.
Responso. Responsorio que, separado del rezo, se dice
por los difuntos.
La intención y el nombre de la persona que ofrece su óbolo se convierte en
una certificación legal y pública del milagro.
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Sociedad Mariológica Colombiana
“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi
interior un espíritu firme” (Sl 51,12)
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Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“Dios le ha dado sabiduría, inteligencia y una gran
capacidad creativa para hacer diseños en oro, plata y bronce…” (Ex 35 31,32).
Alonso de Narváez, un orfebre andaluz radicado en Tunja,
entró en la historia del arte neogranadino por causa de un milagro. Su destreza
técnica no le alcanzó para escalar la cima de la celebridad.
El artífice, en cambio, tenía buenas relaciones con los
frailes de Santo Domingo. En julio de 1560 estuvo de testigo en un contrato de
compraventa de un solar que el prior, fray Juan Tomás de Mendoza O.P, compró a
Catalina de Robles, viuda de Alonso de Aguilar. (Cf. Fray Alberto Ariza, O.P.
Los dominicos en Colombia. Tomo I. Pág. 577).
En 1562, la selecta amistad lo condujo hasta el hermano cooperador, fray Andrés de Jadraque, O.P. Este lo invitó a solucionarle un inconveniente al encomendero de Suta Antonio de Santana que tenía pendiente el altar de la capilla, lugar vital para la catequesis.
Los tres protagonistas, Alonso, Andrés y Antonio, optaron por diseñar una imagen de la Virgen del Rosario en una manta de algodón, manufactura muisca. La tosca mano, para el cerdamen, plasmó la figura de María Santísima y rompió las reglas de la iconografía sacra. El joyero se limitó a ejecutar las órdenes del cliente apoyadas en 20 pesos oro. El improvisado artista colocó a san Antonio de Padua a la diestra de Nuestra Señora y a san Andrés Apóstol a la izquierda. La trilogía de los bocetos fue repasada con las técnicas del temple acompañadas con tinturas de yerbas y tierras de barranco boyacense.
El yerro de la composición pictórica espacial provocó
corrosivos comentarios por parte de la elite social, seguidora del Concilio de
Trento. El desatino de Narváez confirmó porque su nacionalidad no le dio cabida
en los salones de su Majestad Felipe II, el Prudente.
La construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, escuela de inspiración, tuvo en su nómina a los gigantes del talento. A ellos los iluminó el cretense Doménikos Theotokópoulos, el Greco, (1541–1614). Sus figuras alargadas marcarían un derrotero para movimientos posteriores. Trascendental para el modernismo.
A ese equipo de genios se sumó el artista extremeño de
marcado interés por la práctica religiosa. Lo apodaron el Divino, Luis de
Morales (1509–1586). La época del esplendor aceptó al retratista Alonso Sánchez
Coello (1531–1588), discípulo de Antonio Moro. La fila de gente dotada de una
sensibilidad superior para la expresión artística renacentista incluyó a Juan
Fernández de Navarrete, el Mudo, (1526–1579) y la resumida lista de luminarias
no contiene la membresía de Narváez. La aristocracia de la maestría jamás lo invitó
a sus escuelas, tertulias ni talleres. La razón era puramente de habilidad
natural, Alonso nació sin el don de la genialidad. Era indigno de tan altos caballetes.
Alonso de Narváez murió (1583) sin dejarle un legado a
las nacientes urbes del Nuevo Reino de Granada. Su constante lejanía de la ciencia
del esbozo así lo confirmó. La época motivó a otros extranjeros para presentar sus
creaciones con éxito permanente. Angelino Medoro, pintor romano, vivió en Tunja
y Santafé de Bogotá entre 1587 y 1589, a él se sumó fray Pedro Bedón, religioso
quiteño. Laboró en Tunja entre 1593 y 1598. Esa palestra de afamados la
redondeó el español Baltasar de Figueroa, el Viejo, que brilló en Turmequé a
finales del siglo XVI. Este se volvió pionero de un plantel de formidables pinceles.
Al cierre de esa explicación, que colocó al desconocido entre dos mares de tinturas,
recuerda que Alonso de Narváez era de profesión orive. Así lo afirma la
documentación histórica.
“Alonso de Narváez era oriundo
de Alcalá de Guadaira. Era hijo de Hernando de Alma y de Mencía de Narváez. Se casó con Ana de Prado y fue padre de diez
hijos. Juan de Narváez y Alonso de Narváez y Agustín de Narváez y Antonio de
Narváez y Sevastián de Narváez e María de Narváez muger de Nicolás de Bermeo e
Ysabel de Guevara y Ana de Narváez e Jerónima de Narváez y Úrsula de Narváez,
mys hijos legítimos, y de la dicha Ana de Prado mi muger. De profesión platero”. (Cf. Archivo Histórico
Regional de Tunja. Fondo Protocolo Notarial. Volumen 11. Año 1583.Folios
336r-342r. Folio 340v).
A esa semblanza habría que agregar su inclinación al dibujo de urgencia porque una familia numerosa requería de un dinero extra para su mantenimiento. La ficha de su oficio contiene: técnica: temple sobre algodón. Dimensiones: 1,25 x 1,19 m. Tamaño de las figuras: La Virgen de Chiquinquirá 1,05 m de alto. San Antonio de Padua 1,04 m de alto y san Andrés 90 cm de alto.
El único fruto sólo sirvió en los primeros años de la
evangelización en la capilla doctrinera de Suta. Su vida útil escasamente
alcanzó a los 16 años (1562-1578). Al final, el cura Juan Alemán de Leguizamón,
quitó del templo la imagen de la Virgen del Rosario y sus edecanes porque
estaba borrosa y deteriorada. La pieza era indigna de presidir la santa misa.
La vejez del algodón, la humedad del recinto y el descuido de los catecúmenos
había arruinado el lienzo.
Su cuadro quedó condenado al trajín de los olvidos coloniales. Ni soñar con la categoría de “maravilla de un solo golpe” (one hit wonder). A nadie de la Ciudad Madre se le ocurrió volver a solicitarle sus favores de aficionado al bosquejo. Lo cual abarcó a sus antiguos contratistas. Alonso de Narváez era vecino de Catalina García de Irlos, esposa del encomendero Antonio de Santana.
“…El matrimonio, Narváez-Prado, adquirió hacia 1580 unas
casas en la ciudad de Tunja, una de ellas lindaba con la vivienda de Martín de
Serena y la otra con la de la encomendera Catalina García de Yrlos. Los
edificios habían pertenecido a Francisco Suárez de Mecina a quien pagó la
cantidad de 870 pesos de oro corriente por ellas…” (Cf. Guadalupe Romero
Sánchez. Alonso de Narváez pintor andaluz
establecido en Tunja. Andalucía en América, arte, cultura y sincretismo
estético. Editorial Universidad de Granada, 2011).
“…santísima yglezia mayor desa çibdad, en la sepultura que allí tengo, y quiero que mi cuerpo vaya arrebestido (sic) con el ábito de señor Santo Domyngo…” (Cf. Archivo Histórico Regional de Tunja (Boyacá). Fondo Protocolo Notarial. Volumen 11. Año 1583. Folio 336r). Falleció en la ciudad de Tunja. (12 de octubre de 1583. Sus exequias fueron el 29).