jueves, 2 de julio de 2026

La humildad, el alma de Dios

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda.

 


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

Él dirige a los humildes en la justicia, y les enseña su camino”. (Sl 25,9)

 

María Santísima estableció el mandamiento de la humildad: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. (Lc 1,38).


La Virgen prudentísima comprendió la semántica puramente telúrica de esa palabra y la recitó en el Magnificat: “y enaltece a los humildes”.  Así, su etimología habla de “humus” material humano, polvo de la tierra.

La humildad abarca un campo mayor a las artes gramaticales. Tiene en su esencia el código de la salvación eterna. Trae terrible un destino apoteósico, la beatitud. Implora de hinojos el encanto del amor sublime. Su silente esperanza es la llave de la misericordia divina.

El poderío del mundo la condenó al fuego de la vanidad.  La dejó sitiada por el dolor mudo de la desobediencia desesperada. La definió sin tregua con la confusión de la designación. La altivez defendió su ignorancia con la mentira y señaló: “aquel no es humilde”.

Y dónde está su significado práctico. Dónde su definición de vocablo bíblico olvidado por la vehemencia de la altanería.

La respuesta podría llenar un volumen con las explicaciones de los santos, contemplación inmensa de sus testigos. Bastaría con repasar a san Bernardo de Claraval y su tratado “Sobre los grados de humildad y soberbia” (1125) para restaurar definiciones sorprendentes. Laberinto de sucesos encerrados en la perfección del esfuerzo titánico por la conversión. Ruta perfecta en la época de la mística de los templarios.

Y todavía falta una tesis que redacte una descripción que colme a las almas enamoradas del corazón traspasado de Jesús. Ellas se agitan sedientas de su salvación derramada en el calvario.

Los conceptos, tomados al azar, no sosiegan a los soldados de María. Las definiciones, consignadas por los escogidos para el santoral, guardan reflexiones y certezas prolíficas. Ejemplos:

San Ambrosio: “En nada pueden separarse las virtudes de la humildad y la caridad. Su conexión es tan inseparable que quien se mantiene firme en una, necesariamente domina la otra. Pues, así como la humildad forma parte de la caridad, así la caridad forma parte de la humildad”.  (Epist. Libr. x. ad Demetriadem).

Santa Teresa de Ávila: “La humildad es la verdad, y la verdad es que no tenemos nada bueno que no hayamos recibido de Dios”.

San Ignacio de Loyola: “La verdadera humildad consiste en la persuasión y convicción de que sin Dios somos poca cosa y despreciable, y en aceptar que me traten como tal”.

Santa Teresita: “Me parece que la humildad es la verdad. No sé si soy humilde, pero veo la verdad en todas las cosas”.

Los enunciados trajeron el asombro superior en un lenguaje cifrado por un encantamiento distante del ego y del cálido nosotros. La cantidad, no publicada en este texto, de expresiones bastaría para no tildar de falta de humildad al prójimo, conducta tan propia de la barriada parroquial.

Por esa razón, el Praesidium Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, de la Legión de María, perteneciente a la Parroquia Inmaculada Concepción de Zipaquirá decidió estampar en su trabajo heroico, la santificación personal, una frase de san Agustín:

 “La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios”. (Sobre el Evangelio de san Juan, tratado 25,16).
 
 

jueves, 18 de junio de 2026

URBIS ET ORBIS DECRETO ACERCA DE LA RENOVACIÓN ANUAL DEL ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN EL DÍA DE SU FIESTA

Foto Julio Ricardo Castaño Ruerda

 

Con el objeto de que perdure la memoria de aquel acto de fervorosa piedad por el cual León XIII, el día 25 de mayo de 1899, decretó la consagración de la totalidad del género humano al Augustísimo Corazón de Jesús, y a fin de que se conserven perennemente los saludables frutos emanados de ese acto, se han elevado algunas súplicas a Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío X, encaminadas a obtener que se digne prescribir la renovación anual del acto de consagración en el día de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, aprovechando también la ocasión para abrir el tesoro de las indulgencias.

Habiendo acogido favorablemente la Santidad de Pío X las referidas preces, y deseando ardientemente que la devoción despertada entre los fieles cristianos al Sacratísimo Corazón de Jesús se acreciente más y más, y que todos, por medio de este acto de consagración, se apresuren a unirse con fervor aún mayor a este suavísimo Corazón, ha venido en ordenar que anualmente, y en el memorado día festivo, en todas las iglesias parroquiales, y en aquellas en que, sin serlo, se celebre dicha festividad, se recite la fórmula de consagración propuesta por el mismo papa León XIII, a la cual deben seguir las letanías en honor del Sagrado Corazón, todo en presencia del Santísimo Sacramento expuesto a la pública adoración.

Además, la Santidad de Pío X ha otorgado benignamente una indulgencia de siete años e igual número de cuarentenas a todos los fieles que con corazón contrito y devotamente asistan a la piadosa ceremonia, rogando a la vez por  la intención del sumo pontífice y a los que debidamente purificados por el Sacramento de la Penitencia se acercaren a la sagrada Mesa en ese día ha querido concederles clementemente la indulgencia plenaria; todas las cuales indulgencias se declaran aplicables a las almas del Purgatorio.

El presente decreto valdrá perpetuamente, sin que obsten cualesquiera otras disposiciones en contario.

Dado en Roma, por la secretaría de la Sagrada congragación de indulgencias y sacra reliquias, el 22 de agosto de 1906. A. Card. TRIPEPI, Prefecto.

D. Panici, Archiep. Laodicen., secretario.

Revista Iglesia, mayo 15 de 1907.

 

martes, 9 de junio de 2026

Colombia, el débito de los 107 años

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana



No tengan deudas pendientes con nadie”. (Ro 13, 8).

 

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá tuvo que aguardar más de un siglo para que su patria le reconociera un día festivo.

La Rosa del Cielo fue coronada en el gobierno de Marco Fidel Suárez como Reina y Patrona de Colombia. Bogotá, 9 de julio de 1919. La ceremonia dio cumplimiento al decreto de su santidad Pío X del 9 de enero de 1910.

Desde entonces, los promeseros oficiaron su peregrinación anual a la Villa de los Milagros para honrar esa fecha memorable de la identidad religiosa.

La paradoja inmarcesible es que ningún mandato derechista tuvo la gentileza liberal de elevar el festejo a la categoría oficial.  Durante una centuria hubo 13 administraciones del Partido Conservador, que por sus principios fundacionales se asoció a la Iglesia católica como hijo obediente.

Las oportunidades del poder tradicionalista para declarar el 9 de julio fiesta estatal estuvieron a la orden del día en los mandatos de Marco Fidel Suárez (1918-1921), Jorge Holguín (1921-1922), Pedro Nel Ospina (1922-1926), Miguel Abadía Méndez (1926-1930), Mariano Ospina Pérez (1946-1950), Laureano Gómez Castro (1950-1953). (Titular), Roberto Urdaneta Arbeláez (1951-1953), Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957. Dictadura militar), Guillermo León Valencia (1962-1966), Misael Pastrana Borrero (1970-1974), Belisario Betancur Cuartas (1982-1986), Andrés Pastrana Arango (1998-2002) e Iván Duque, 2018-2022.

La contradicción del absurdo quedó plasmada en el olvido de los gobernantes. La amnesia hizo historia. Para celebrar el primer aniversario de la coronación, los bogotanos le obsequiaron una camándula y una rosa de plata a la Virgen Morena. El gramático Marco Fidel no leyó la súplica de un pueblo marianista.

El ingeniero presidente Pedro Nel Ospina llevó el ferrocarril hasta Chiquinquirá después de enseñarle a navegar en los pantanos de Gacha. La muchedumbre de náufragos no lo convenció de la rúbrica, 1926.

El generalísimo Rojas Pinilla recibió la sagrada imagen en el estadio El Campín, 1954 y la condecoró con la Cruz de Boyacá. El festivo quedó acuartelado.

La Patrona regresó a la capital en 1962. Don Guillermo León Valencia, el cazador, dejó volar la oportunidad. El cielo insistió con paciencia ante Betancurt Cuartas y le envió al vicario de Cristo, Juan Pablo II a Chiquinquirá. No hubo cuota inicial, 1986. En 1999, Andrés Pastrana recibió a la Virgen en la Plaza Mayor para condecorarla y la Zona de distensión se acabó sin decretar la tan anhelada efeméride. En 2019 se cumplió el centenario de la proclamación. El mandatario Iván Duque, devoto de La Chinca, fue en helicóptero a visitarla y regresó con su economía de naranja agria.


Y lo increíble sucedió.  El ejecutivo comunista promulgó la Ley 2578 del 1 de junio de 2026, que oficializó el 9 de julio como nuevo festivo nacional en homenaje a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.

La felicidad del redactor estalló en lágrimas agradecidas al Altísimo. En cambio, su razón no pudo discernir el disparate, ese sí colombianísimo, hasta escuchar la tercera estrofa del himno patrio: “Las almas ni los ojos. Si admiración o espanto. Sentir o padecer”.
 
 

jueves, 4 de junio de 2026

Obsequio al Sagrado Corazón de Jesús

 Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 


Alma infeliz inobediente y necia

que rebelde a tu Dios has ofendido.

Mira su noble Corazón herido

y ardiendo en llamas de indecible amor.

Si conocieras la sin par ternura

con que para ti se ofrece en sacrificio.

No despreciaras, ay, el beneficio

Que te concede, ingrata, tu Señor.

Amor inmenso le arrancó del Cielo.

Y en el pesebre por tu amor lloraba.

Por ti en el huerto con fervor oraba

y fue por ti que en una cruz murió.

Herido su costado sacrosanto

con el agudo acero de una lanza.

La puerta del amor y la esperanza

a tu rebelde corazón abrió.

Más no bastaba a su amor ardiente

la sangre y los dolores del calvario

ni la cruz afrentosa, ni el sudario.

Ni la herida del Santo Corazón.

 

Y pensando amoroso en tu ventura,

y en aliviar tu duelo y tus pesares,

oculto se ha quedado en los altares,

para darte consuelo y protección.

 

Y en cambio de sus grandes sacrificios

amor no más, te pide noche y día ...

No te resistas más, ingrata impía,

vuelve rendida a sus divinos pies

y triste de ti si tu Señor se cansa,

y de ti se retira y te abandona;

que si el ama cual Padre, si el perdona,

también castiga, como justo juez.

 

No esperes el castigo, ven ahora

cuando lleno de amor Él te convida

para darte amoroso nueva vida

y llevarte a la patria celestial.

 

Ven a postrarte ante su augusto trono

de su eterna bondad y su ternura,

te llenarán del gozo y la ventura,

que te niega la dicha mundanal.

 

- IMPRESO CON LICENCIA. Colombia. AÑO DE 1858.

©Biblioteca Nacional de Colombia

jueves, 28 de mayo de 2026

Maria Auxilium Columbianorum


 

La Colombia inmarcesible se postra ante su Reina aferrada a una camándula tejida por los promeseros de antaño. Foto y texto. Julio Ricardo Castaño Rueda.


jueves, 21 de mayo de 2026

La evocación, raigambre chiquinquireña




 Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana
 
“Traed a la memoria los días pasados, en que después de ser iluminados, hubisteis de soportar un duro y doloroso combate”. (Heb10, 32).
 
 
El alma de un anciano promesero guardó un relato lejano de la Guerra de los Mil Días. En 1900, su taita abuelo entró al templo de la Ciudad Promesa para despedirse de la Virgen de Chiquinquirá porque marchaba para Santander a matar liberales en nombre de Dios. El miliciano volvió de la Batalla de Palonegro lisiado. Su bisnieto le escuchó decir que los veteranos venían a Chiquinquirá antes de la partida final. Don Hipólito Nieto no volverá porque según él es hora de ir al cielo donde no caben los rojos ateos.
 
Su narración la confirmó la urbe de María. Allí se conservan instantes intactos de aquella época luctuosa. El 23 de octubre de 1899, el coronel Max Grillo redactó para sus notas de corresponsal: “…Pronto se hicieron al patio, que suele decirse, los jóvenes Olano y Ríos, y se relacionaron con las familias de pro; en los salones donde se bebía cerveza y se brindaba por la patria, cantaron bambucos acompañados por algunos de los mozos robustos y guapos que iban a verter en las próximas refriegas su sangre abundante en glóbulos rojos. Visitaron el templo de la Virgen de afamados milagros; admiraron el candor de los romeros que van a dar gracias a la madona, llevando lienzos en que se ven pintados los prodigios que se han realizado al ser invocada en trances de peligro…”
 
Unos párrafos después, el cronista fusilero anotó:
 
“… A la casa se entraba por una tienda, una clase de tiendas común en Chiquinquirá: los tiples y las panderetas cuelgan al lado de los cirios de colores y los juguetes de barro o de tagua se ven enracimados entre escapularios de la milagrosa madona…”  (Max Grillo. Emociones de la guerra. Imprenta La Luz. Bogotá, 1903. Págs. 59-60, 62).
 
Al tomar la imagen para mirar en el tiempo la cámara registró una tradición. Las palabras del soldado y escritor seguían vigentes, 127 años después. Algo de aquella historia, de sangre y devoción, aún reclama unas preces tejidas con una camándula de amor por la Colombia asombrosa. 

 Fotos: Archivo Julio Ricardo Castaño Rueda. 

jueves, 14 de mayo de 2026

Las finanzas, las evidencias del prodigio

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 

Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

“Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”. (Mt 10, 8).

 

Los promeseros que caminan desde Choachí hasta Chiquinquirá y los que vuelan Camberra-Bogotá para poder visitar a la Patrona tienen algo en común. Ellos piden un sobre blanco en el despacho del Santuario Mariano de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

En esa cubierta, tan preciada para los romeros, aparecen unos renglones con sus respectivos cuadros. La función es la de facilitar la consignación de dinero. Las letras de molde dicen: “Limosna, manda, promesa, ofrenda, salve, responso, intención y ofrece”.

El pequeño, pero simbólico documento, fortalece la devoción de los fieles por la gloriosa intercesión de la Santísima Virgen María ante su Hijo, el Redentor.

La economía, con su rigor de cifras en metal, muestra contundente el porqué la Ciudad Promesa es la Villa de los Milagros. Nadie en su sano juicio dona sus ahorros para el mantenimiento de un santuario donde no ocurren hechos que glorifiquen a Dios.

Los fríos guarismos de la estadística, registrados por un tiempo de 440 años, definen que los favores recibidos no pertenecen a la manifestación folclórica del turismo religioso o al sentimentalismo embelequero de un paseo. Es la realidad del asombro. Exvoto significa procedente de un voto.

Las romerías se desplazan por miles de kilómetros para dejar su testimonio de agradecimiento. La constancia es monetaria. El favor celestial no se podría pagar con los salarios del mundo juntos. Además, el consumo de gastos se incrementa con la logística del periplo y sus acompañantes. La inversión en trasporte, hotel y comida puede centuplicar el costo del agradecido donativo.

En síntesis, el portento no es invento de la Iglesia ni el negocio de los sacerdotes. La fe, virtud teologal, permite llevar una contabilidad estricta de la misericordia Divina sin quedar endeuda con la duda. 

La razón irrebatible está en una pregunta: ¿alguien entrega una dádiva en acción de gracias por un engaño místico?

Entendido eso es bueno mirar, desde la óptica de la semántica, la herencia hispánica de las palabras que recaudan pesos.

Limosna. Cosa, especialmente dinero, que se da a otro por caridad. Donativo o subvención que se daba a los conventos de Indias, con cargo a los ingresos de encomiendas y otros.

Manda. Voto o promesa hechos a Dios, a la Virgen o a un santo.

Promesa. Ofrecimiento hecho a Dios o a sus santos de ejecutar una obra piadosa.

Ofrenda. Don que se dedica a Dios o a los santos, para implorar su auxilio o algo que se desea.

Salve. Oración con que se saluda y ruega a la Virgen María.

Responso.  Responsorio que, separado del rezo, se dice por los difuntos.

La intención y el nombre de la persona que ofrece su óbolo se convierte en una certificación legal y pública del milagro.