jueves, 15 de octubre de 2026

Bula de nuestro padre Gregorio XVI, sobre el rosario viviente

 


Amados hijos, salud y apostólica bendición:

En medio del profundo dolor con que las desgracias de los tiempos presentes, oprimen nuestra alma, hemos encontrado un grande motivo de consolación, en lo que su nos ha informado por nuestra amado hija Luis Lambrusquini cardenal presbítero de la Santa Iglesia Romana, con respecto a un piadoso ejercicio establecido principalmente en honor de la Santísima Virgen, bajo el título de Rosario Viviente, por nuestra amada hija María Jaricotia, y que por vuestros cuidados y esfuerzos hace progresos tan felices en el reino de Francia. No hemos cesado de bendecir al Dios todopoderoso, porque siendo el origen de toda consolación, y el padre de las luces, os ha inspirado a vos y a otros servidores de esta poderosa Madre, el santo pensamiento de emplearos enteramente en sostener y proteger su culto por todas partes por la recitación de una oración tan corta y fácil. Nos es pues de mucha satisfacción para el mejor y más feliz progreso de esta devoción el ayudaros con nuestra autoridad, y abriros a este fin los celestiales tesoros de las indulgencias, dirigiéndoos a este efecto las letras apostólicas adjuntas.

Continuad amados hijos en apuntar todas vuestras fuerzas, por medio de estas riquezas saludables, que nos vienen con tanta profusión de los tesoros de la gracia divina, y propagar por todas partes el culto de la Santa Virgen Madre de Dios, fortificados por este dulce, y consolante pensamiento, que bajo sus auspicios y dirección no hay peligro ni desgracia alguna que podamos temer.

Deseando pues ardientemente ver nuestros esfuerzos y los vuestros coronados del más feliz suceso, os acordamos afectuosamente nuestra bendición apostólica, como un garante de la protección divina: y una prueba de nuestro cariño para vosotros y todos los asociados a este piadoso ejercicio. Dado en Roma en S. Pedro el 2 de febrero de 1832, de nuestro pontificado el año 1º. Gregorio XVI. Papa.

GREGORIO XVI PAPA.

BENDICIENDO al Sor. de toda consolación, hemos escuchado lo que nuestro muy amado hijo Luis Lambrusquini cardenal presbítero de la Santa Iglesia Romana, nos ha referido tocante a una santa práctica que la piedad activa e industriosa de algunos fieles acaba de sujetarles, bajo el título de Rosario Viviente, en honor de la bienaventurada Virgen María. Por lo que confiados en el Señor, tenemos una firme esperanza, de que uno de los felices efectos de este ejercicio no será solamente contribuir por su misma facilidad a hacer más frecuente la recitación de una oración tan propia para honrar santamente a la. Madre de Dios en todo lugar y tiempo, sino también que la unión y concierto de tantas almas que la rezan, comunicándole, por decirlo así, una nueva fuerza, ella se hará más agradable a Dios que obligado por los votos unánimes de sus servidores, se deja doblegar e inclinar hacia la clemencia. Por tanto, no hemos dudado de revestir una práctica tan saludable con nuestra autoridad y aprobación pontifical, y acreditarla concediéndole indulgencias, acordándonos de las ventajas que ha experimentado la Iglesia católica, cuando el pueblo fiel ha comenzado a implorar la poderosa protección de la ¡Santa Virgen por la recitación de las coronas instituidas en su honor. Por lo cual a gloria del Dios Todopoderoso, y a honor de la ¡Santísima Virgen María madre suya, de nuestra ciencia cierta y de la plenitud de nuestro poder, concedemos a todos los fieles de uno y otro sexo, que se obliguen a honrar a la Santísima Virgen, por el piadoso ejercicio que se llama Rosario Viviente, el primer día de fiesta después de su admisión, una indulgencia plenaria, la cual podrán aplicar también a los difuntos, con tal que realmente arrepentidos se acerquen con las disposiciones necesarias a los sacramentos de la penitencia y eucaristía. Además de otras indulgencias concedidas por los pontífices romanos, nuestros predecesores, a la recitación del Rosario, concedemos una indulgencia de cien días, cada vez que en los días de trabajo recen la parte del rosario asignada sigan los estatutos de este piadoso ejercicio, una indulgencia de siete años y otras tantas cuarentenas a los que la desempeñaren los domingos y fiestas del año, cumpliendo aquellas donde se ha quitado la obligación de oír misa, y pendientes las octavas de Navidad, Pascua de Resurrección, del Corpus-Cristi, Pentecostés, Asunción, Navidad y Concepción de la Santísima Virgen. Mas en las fiestas solemnes de Natividad, de la Epifanía, de la Circuncisión, Pascua, Ascensión, y Corpus-Cristi, de Pentecostés, y de la Augusta Trinidad; como también en todas las fiestas de la Santa Virgen, aun las menores, y en las fiestas de los santos apóstoles san Pedro y san Pablo, de todos los santos, y el tercer domingo de cada mes les concedemos una indulgencia plenaria aplicable a los difuntos, con tal que primeramente hayan rezado con cuidado y devoción todos los días, a lo menos por un mes, fuera del caso de impedimento legítimo, la parte del rosario que le está asignada, y que en dichos días de fiesta confiesen y comulguen, y hagan algunas oraciones en la Iglesia. También queremos que estas indulgencias se ganen por los que no pueden ir a la Iglesia por enfermedad o algún otro impedimento legítimo, con tal que se ejerciten, en alguna otra obra de piedad a discreción del confesor. Pero al paso que tanto nos esforzamos en inflamar más y más en el corazón de los fieles el celo, el respeto, el amor y la devoción hacia la SS. Virgen, y que con este fin hemos procurado aumentar aun el fervor de sus más devotos servidores, por el número y grandeza de las indulgencias que les proponemos, les exhortamos al mismo tiempo,   y les compelemos con instancia a llenar con cuidado los demás deberes de religión, de caridad y otras virtudes,  a fin de que reglando su conducta sobre los preceptos de la vida cristiana, se hagan más amados de la Santa Madre de Dios, que promete conducir a la vida eterna a los que su apliquen a honrarla.

De este modo nuestra intención y nuestros votos obtendrán los felices afectos que esperarnos, y nos felicitaremos en haber abierto al pueblo fiel una fuente tan abundante de bendición y de salud. Decretamos por fin que las presentes letras permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces, y que ellas obtengan su efecto pleno, no obstante, cualesquiera disposiciones contrarias, debiendo las presentes conservar su fuerza en todos los tiempos porvenir. Dado en Roma en San Pedro bajo el anillo del Pescador, el 27 de enero de 1832, el primer año de nuestro Pontificado—Publicada—Por su Em. El Card. Albani—A Picchioni, Substitue.

 

Explicación del Rosario Viviente

El Rosario Viviente es una ingeniosa invención de cierta señora muy piadosa llamada María Jaricotia, de nación francesa. La práctica de rezar este Rosario se reduce, a que entre quince personas reunidas en caridad y buena armonía, se comprometan a rezar entre todas, el Rosario completo de quince decenarios cada día en honra y gloria de la Santísima Virgen María, obligándose cada cual a rezar un solo decenario, según la suerte de cada uno, o donde mejor le pareciere, no siendo necesaria la reunión personal al tiempo de rezarlo, porque basta que se supongan reunidos en caridad, y Dios que está presente en todas partes, a todos oye sin diferencia. Más los quince cofrades se reunirán cada mes, o según el tiempo que pacten, para ver si falta alguno por muerte u otro motivo, y entonces sustituir otro, porque las gracias están concedidas a la congregación de quince, para que se rece cada día un rosario entero.

El rezar el santo rosario en esta conformidad debe ser sin duda muy grato al Señor, porque se representa así la caridad; ¡aun por eso mismo deben estas quince personas así reunidas, ayudarse y socorrerse en sus necesidades espirituales y corporales, prestándose en cuanto puedan mutuamente su favor. Y su santidad al concedernos esta gracia, manifiesta haber tenido esta intención.

Así es que podemos considerar a esta piadosa confraternidad como uno de los remedios que Dios nuestro Señor envía contra los grandes males, que el enemigo de nuestra salvación introduce opuestamente en el mundo, como son principalmente esas reuniones nocturnas que una porción de hombres corrompidos realiza en sus logias. Estas por más que la califiquen con nombres de beneficencia, humanidad y filantropía, no son más que apariencias y simulaciones de tal pero en la realidad a ninguno vemos que favorecen ni fomentan, sino solamente a los perversos y forajidos para que les ayuden, a poner en ejecución sus planes de iniquidad y revolución. Todo al contrario debe inspirar esta confraternidad sencilla del Santo Rosario, porque coligados los fieles con tan piadoso motivo, debemos esperar que ayudándonos la Santísima Virgen, creerá en nosotros la caridad verdadera, nos favoreceremos unos a otros, y aumentáremos el mérito delante del Señor, que con un grande precepto suyo nos manda a- amarnos mutuamente. Por esta razón es, que N. SS. P. Gregorio 16 agradado de esta devota práctica, ha concedido tantas gracias e indulgencias a los que se unieren en esta pequeña confraternidad, que son las mismas que puede ganar el que rezare el rosario entero con otras más que pueden verse en la presente bula.

Ni debe parecer esto un medio que pueda entibiar la devoción o aumentar la flojera en el rezar, sino que más bien debe mirarse como un remedio muy oportuno que la Iglesia, Madre muy piadosa ofrece a sus hijos, deseosa de que todos se aprovechen de este tesoro de inagotables gracias. Sabe muy bien esta Madre prudente, que entre la multitud de sus hijos hay muchos, que, o por su natural enfermedad o tibieza, y otros por sus indispensables obligaciones domesticas no les es dado el detenerse a rezar los cinco dieces del rosario, ni menos el rosario entero: más ahora con esta gracia ¿quién habrá tan tibio o tan ocupado en esto mundo, que no tenga lugar siquiera para rezar un solo decenario? Para los más piadosos que acostumbran rezar los cinco misterios o los quince» es también de un incentivo imponderable, porque suponiendo que una persona puede tomar suertes en cuantas asociaciones quieran formarse, si toma cinco (v.g.) puede aplicar los misterios que reza en memoria de aquellos que sacó en la suerte, y en tal caso, si por cada misterio se ganan tantas indulgencias corno si rezara el rosario entero, según esta bula, ahora ganará tanto como si rezara cinco rosarios enteros las indulgencias plenarias y parciales de la Cofradía del Rosario forman un catálogo imponderable. Las partí culares que se ganan por rezar el Santo Rosario (si es con los de Jerusalén o con los de Sta. Brígida) ascienden a 16 500 días de indulgencia, que el Ilmo. Señor Dr. Jorja Benavente, arzobispo de esta Santa Iglesia Metropolitana concede a los que se dediquen a esta práctica, en esta forma, 80 por cada rosario, 80 por cada decenario, 80 por cada avemaría de cada decenario, y 80 por cada acción devota practicada delante de la imagen de Nuestra Señora, especialmente a los que oraren en su presencia. Ahora pues multiplíquense estos días por otros tantos misterios cuantos sorteare, y verá que tesoro tan abundante se le ofrece que ganar. ¡O que piadosa es la Santa Iglesia nuestra Madre! Cuanto debemos estimar esta ocasión tan favorable que se nos ofrece. Esforcémonos pues todos los cristianos a poner en ejecución lo que se requiere para lograrla. Tanto más cuanto conozca cada cual en su conciencia la gran deuda que por sus culpas tiene contraída con Dios. Y si somos tan tibios y morosos en pagarla con obras de mortificación y penitencia, como era justo, paguémosla ahora por este medio tan fácil en que se nos aplican los infinitos merecimientos de nuestro amabilísimo Redentor, y de su piadosísima Madre.

Primer decenario gozoso

Considera como la Santísima Virgen mereció concebir al Hijo de Dios en su vientre, porque primero lo había concebido en su mente.

ORACIÓN.

O María Reina de las Vírgenes, yo me regocijo, de que hubieses sido escogida para Madre de Dios; y te suplico por el altísimo misterio de su encarnación, que me alcances la gracia de concebir siempre en mi corazón a tu dulce hijo Jesús, y que a él sólo dirija todas mis obras y pensamientos. Amén.

Segundo decenario gozoso

Considera como la Virgen Madre llena da caridad visitó a su prima, para que se santificase el niño Juan que se hallaba en el vientre de Santa Isabel. 

ORACIÓN.

O Virgen Sacratísima, brillante espejo de humildad yo te ruego por la grande caridad con que visitaste a Sta. Isabel, que me alcances la gracia de que tu Santísimo Hijo visite mi corazón y purifique mi conciencia de toda mancha de pecado, para que le sirva y alabe eternamente. Amén.

Tercer decenario gozoso.

Considera como la Santísima Virgen parió a nuestro Redentor en tanta miseria y en el pesebre de Belén, siendo dueño de todo el mundo.

ORACIÓN.

Oh purísima Madre de Dios: yo té suplico por el glorioso nacimiento de mi Salvador tu único Hijo, me alcances de él la gracia que necesito, para hacerme niño por la inocencia, humilde por la pobreza mudo por el silencio y lleno de caridad con que le agrade. Amén.

Cuarto decenario gozoso

Considera como la Santísima Virgen presentó a su divino Hijo en el templo, y se sujetó a la ley de la purificación siendo la misma inocencia.

ORACIÓN.

O admirable Maestra de la obediencia, que presentaste al templo al mismo que era su Señor: yo te pido me alcances la gracias de purificando mi conciencia, alabe y bendiga a tu divino Hijo con el fervor del santo viejo Simeón. Amén.

Quinto decenario gozoso

Contempla como la Santísima Virgen buscó con la mayor diligencia a su divino Hijo perdido, hasta encontrarlo en el templo.

ORACIÓN.

O María consuelo de afligidos, por el gozo que tuviste cuando, encontraste a tu amado Hijo en el templo, alcánzame su gracia para que lo sepa buscar con fe, esperanza y caridad, y lo encuentre siempre en la santa iglesia, y nunca me separe de él por mis pecados. Amén.

Primer decenario doloroso

Considera como nuestro Redentor al contemplar en el huerto lo acerbo de su pasión por el hombre ingrato, sudó sangre; más su amor infinito lo sometió a cumplir la voluntad de su Padre.

ORACIÓN.

O Virgen María más que mártir, yo te suplico por la ardiente oración que tu divino Hijo hizo a su Eterno Padre en el huerto, le ruegues me conceda su gracia para, llorar mis ingratitudes y someterme siempre a su divina voluntad. Amén.

Segundo decenario doloroso

Contempla que nuestro Salvador para pagar nuestros delitos, con indecible paciencia recibid sobre su cuerpo sagrado golpea sin número de azotes.

 

ORACIÓN.

O Madre de Dios y fuente de paciencia yo te ruego por la flagelación de tu dulcísimo Hijo Jesús me alcances su gracia para castigar mis sentidos, y potencias; y haz que el cuchillo de dolor que atravesó tu purísimo corazón, corte en mi toda ocasión de pecado. Amén.

Tercer decenario doloroso

Contempla como nuestro Señor Jesucristo fue coronado de punzantes espinas, símbolo de nuestros desordenados pensamientos.

ORACIÓN.

O Madre del Rey de la Gloria, por las crueles espinas que penetraron la cabeza da tu divino Hijo, pídele que arranque de la mía los pensamientos desarreglados y de mi corazón todo el orgullo, para verme libre de las penas que merecen mis pecados. Amén.

Cuarto decenario doloroso

Considera como nuestro Redentor cargó sobre sus divinos hombros la pesada cruz, que designa el cúmulo de nuestros delitos.

ORACIÓN.

O María verdadera Madre de dolor, por lo pesada carga de la cruz en que mi Salvador llevó todos mis pecados, alcánzame gracia para que yo lleve hasta la muerte la Cruz de la penitencia. Amén.

Quinto decenario doloroso

Considera como el Salvador fue fijado en la cruz con crueles clavos, para pagar nuestro libertinajes y pecados.

ORACIÓN.

O afligidísima Madre de Dios, por los acervos dolores que sufrió tu amabilísimo Hijo en su crucifixión, alcanzadme su gracia para que yo también con verdadera penitencia crucifique todas mis pasiones desordenadas. Amén.

Primer decenario glorioso

Considera como Jesucristo resucitó glorioso y triunfante de la muerte que le ocasionaron nuestras culpas.

ORACIÓN

O gloriosísima Virgen María por el júbilo indecible que tuviste viendo resucitado a tu divino Hijo mi salvador, te ruego me alcances sus auxilios para que, resucitado a vida de la gracia, logre conseguir la de la gloria eterna. Amén.

Segundo decenario glorioso

Considera como nuestro Divino Maestro Jesús subió triunfante al cielo para ensenarnos el camino por donde debemos seguirlo.

ORACIÓN.

O Madre de Dios y abogada de pecadores, por el gozo que tuviste al ver a tu divino Hijo subir al cielo, te ruego me alcances su soberana bendición para que yo viva de tal suerte en la tierra que merezca, su eterna presencia, en la gloria. Amén.

Tercer decenario glorioso

Considera como el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en forma de lenguas de fuego, para significar el ardor de la caridad divina.

ORACIÓN.

O Dulcísima Virgen María por la alegría que recibiste en la venida del Espíritu Canto; te ruego me alcances la virtud caridad para amarlo sobre todas las cosas y a mi prójimo como a mi misino. Amén.

 

Cuarto decenario glorioso

Considera la gloriosa Asunción la Santísima Virgen en cuerpo y alma a los cielos para hacer allá el oficio de nuestra abogada.

ORACIÓN.

O Virgen dichosísima por la inefable gloria de tu Asunción sobre los coros de los ángeles a descansar en compañía de tu divino Hijo, alcánzame de él la gracia de caminar en la tierra, de modo que te vaya a hacer eterna compañía en el cielo. Amén.

Quinto decenario glorioso

Considera como la virgen por su humildad y santísima vida en la tierra fue coronada en el Cielo por Reina de todo lo criado.

ORACIÓN.       

O Reina del Cielo: ejercita tu poder alcanzándome del Señor su gracia para conseguir una santa muerte, y que así logre gozar de la bienaventurada vista de mi Dios en tu compañía y la de todos los santos. Amén.

Biblioteca Nacional de Colombia

miércoles, 7 de octubre de 2026

El santo rosario sorprende a la canabis sativa

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 

 

Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

“…perseverantes en la oración…” (Rom 12, 12).

 

El salterio al parque se convirtió en una razón del apostolado. Orar en medio de los consumidores de marihuana es una tarea de la Legión de María.

El origen de ese episodio lo gestó el Praesidium de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá adscrito a la parroquia Inmaculada Concepción de Zipaquirá, la Villa de la Sal.


El lugar escogido fue la arboleda ubicada junto a la carrilera que cruza la carrera 16. Ese espacio destinado, por la administración municipal para la contemplación y el ejercicio, se transformó en una guarida de malandrines, consumidores de alucinógenos.

La respuesta de la comunidad, afectada por el peligroso allanamiento del mobiliario urbano, quedó en informar a las autoridades competentes sobre la actividad delictiva. El oficio trajo un despilfarro de recursos jurídicos y un gasto para el erario por parte de los patrullajes de la policía.  El inconveniente persistió.


Una mañana, los legionarios de María llegaron con la puntualidad de la sencillez. Tomaron posesión de una banca y rezaron las oraciones de la tésera, con el rosario. La dictadura del miedo, el olor nauseabundo de la yerba y los visajes de la pandilla tuvieron que escuchar las preces del arma de la Iglesia. Los misterios gloriosos se recitaron para sembrar semillas de santidad en las almas estropeadas.

jueves, 1 de octubre de 2026

La palabra, la incógnita, la tesis

Foto Julio Ricrado Castaño Rueda

 

Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana


 “…Y enaltece a los humildes…” (Lc 1, 52)


La humildad es la virtud con más significados subjetivos. Cada santo tiene una definición particular sobre ella. Si eso pasa en el santoral, qué ocurre con aquella dentro de los campos del veredicto de los penitentes.

Según el catecismo de la Iglesia católica, numeral 2559: “La humildad es la base de la oración. ‘Nosotros no sabemos pedir como conviene’ (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios. (San Agustín, Sermo 56, 6, 9).   De ese modo, los pecadores orantes son humildes. Al menos en la temporalidad de sus preces y su recogimiento interior. Sin embargo, la sana doctrina se enfrenta a una realidad, la dictadura de lo opuesto.

¿Qué o quién define la humildad en la vida parroquial colombiana? ¿Los agentes de pastoral tienen la potestad administrativa? ¿Su negación o afirmación sirve para manipular, estigma social?

El esquema del cuestionario plantea la crisis nacida de una situación habitual. En una reunión de alto nivel eclesial, un miembro aclaró un concepto reiterado a la junta directiva.  La jefa contestó: “al hermano le falta humildad”. Los asistentes asintieron junto al silencio cómplice de la actitud condenatoria. El San Benito quedó impuesto, matraca de leproso. Al preguntarle a la estigmatizadora en qué basaba su condena pública. Ella, antes de responder, consultó al oráculo de la decadencia. La IA la envolvió con el dato constrictor de los memes. El algoritmo, principio del suicidio moral, determinó la conducta a imponer.

El ofendido apeló. “Si sólo Dios le escruta a mi alma su modestia, ¿cómo puede usted tildarme de su carencia?” La réplica laical fue lapidaria: “¡expúlsenlo de la parroquia!”

La turba, encendida por la gazmoñería, le señalaba el patíbulo. Las guardianas de la sacristía castigaron según su costumbre. La humillación, como forjadora de humildad, es una conducta severamente infame. Ellas insistían en lo contrario. El lector comprenderá que, deliberadamente, omita el pandemónium que armó la razón del poder. Postura antitética de la razón de la verdad.

El sindicado acudió ante el tribunal de la misericordia para confesar su confusión. El inculpado fue absuelto por inocencia manifiesta. Explicar, con tono de discrepancia respetuosa, no violó las inmutables leyes divinas ni la sobornable normativa penal. Afuera del confesorio, la sentencia de la camarilla quedó en firme y sin apelación.

El calumniado, en un acto de prudencia, decidió redactar la estructura de una tesis sobre la humildad. Para facilitar el encuentro con la modestia utilizó el sufijo “aco” como nemotecnia para la vivencia de aquel vocablo de múltiples acepciones. El resultado fueron tres verbos, con órdenes bíblicas, diseñados para sostener la acción sencilla.


Acoger. Hágase en mi según tu palabra, el fiat de María. (Lc 1,38).

Confiar. Los envío como ovejas en medio de lobos. (Lc 10, 3).

Obedecer. Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. (Mt 6, 10).

Esos dones verbales son suplicados al Espíritu Santo por mediación del Corazón Inmaculado de María.

Al damnificado sólo le quedó la certera esperanza de ser santo. El aspirante a varón justo escribió su propia definición: “La humildad es una gracia que une la obediencia humana a la voluntad de Dios”.
 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Hijo, aquí tienes a tu Madre

 foto  Julio Ricardo Castaño Rueda

 

San Carlos de Foucauld (1858-1916)



“Aquí tienes a tu hijo”, dice el Señor a la Santa Virgen. Nuestro Señor le da todos los seres humanos por hijos, pidiéndole un corazón de madre para todos … Ella lo cumple y continuará toda la eternidad a cumplir con perfección incomparable este pedido de Dios, como todos sus pedidos. Seamos absolutamente seguros que ella tiene por todo ser humano un corazón maternal. Dirijámonos a esta querida Madre todopoderosa en todo lo necesario, con la total confianza de un niño a su madre. Una madre que ama infinitamente más que lo que puede amar una madre terrestre. Es una madre que puede obtener absolutamente todo de Dios, todo lo que es verdaderamente bueno para el alma…


“Aquí tienes a tu Madre”. Esto se dirige a cada alma. Todos tenemos que tratar a la Santa Virgen como a nuestra Madre, rendirle las atenciones que un buen hijo debe a tan buena madre: afecto, honor, servicio, confianza. O sea, ¡todo lo que Nuestro Señor le rendía a la Santísima Virgen! Amémosla y honrémosla, cuidándola y permaneciendo con ella en la oración. Sirvámosla, ayudando lo mejor que podemos en las obras que ella favorece o que se emprenden en su honor. Tengamos en ella confianza absoluta e invoquémosla sin dudar para lo que necesitemos, en deseos, emprendimientos, obras y acciones (…). Mostrémonos hacia ella como el más tierno de los hijos, recordando que ello es esencial en la obediencia a Jesús y la imitación de Jesús. En la obediencia, porque él lo pide formalmente y con solemnidad desde lo alto de la cruz. En la imitación, porque fue siempre un hijo modelo para su madre…
 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Virgen María, ¡eres la más preciosa de las alegrías!

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179). abadesa benedictina y doctora de la Iglesia


¡Oh Virgen, Diadema y Manto púrpura del Rey!
Fuente sellada, Flor que crece y se abre, tan diversa de Adán, padre de los hombres.
Salvadora del género humano, Tú que trajiste al mundo a la nueva Luz,
Reúne también a los miembros de tu Hijo, en una celestial armonía.
¡Oh gloriosa Madre de la santa medicina!
Por tu Hijo inmaculado, tú has suavizado las heridas amargas de la muerte, que engendra Eva con el tormento de las almas.
Has aniquilado a la muerte y construido la casa de la vida.
¡Intercede por nosotros ante tu Hijo, Estrella del Mar!
¡Oh Mediadora, Dispensadora de vida, joya de nuestras fiestas!
Eres la más preciosa de las alegrías que no tendrán fin.
Reza por nosotros, dulce Virgen María.
    

jueves, 3 de septiembre de 2026

Viva Cristo Rey

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda

 

 

Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

“Rey de reyes y Señor de señores” (Ap 19,16)

 

Los discípulos del crimen están escandalizados.


La paradoja colombiana requiere de una respuesta de emergencia porque los legisladores de la escuadra y el compás se rasgaron el mandil.

¿Qué podría consternar a las conciencias de los guardaespaldas de la mentira?  Ellos, los amantes clandestinos de la decadencia, son expertos en imponer al delito su máscara de eufemismo.

Al secuestro, tortura y depravado sometimiento por pederastia lo denominan: “reclutamiento infantil”.

A la muerte y mutilación de colombianos por medio de artefactos explosivos le llaman: “protesta social”.

La quema de policías vivos se menciona como: “reclamación de espacios de diálogo”.La lista del fratricidio es macabramente nacional porque su redacción legalista se expidió por medio del derecho al caos. Ella, la ristra, es el signo ateo de la muerte por revolución. Es el inventario del homicidio ideológico. Ente deforme y encorvado por la retrograda función del progresismo, la decadencia luciferina.

En síntesis, la respuesta, a la barahúnda de los aprendices, es el grito de liberación de los esclavos de María Santísima: “Viva Cristo Rey”.