miércoles, 22 de julio de 2026

Recuerdo pontificio

 

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda



ORACIÓN DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A LA VIRGEN DEL ROSARIO
EN LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE CHIQUINQUIRÁ


Jueves 3 de julio de 1986

 1. ¡Dios te salve María!
Te saludamos con el Ángel: Llena de gracia.
El Señor está contigo. 
Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas! 
Te saludamos con las palabras del Evangelio: Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la has cumplido. 
2. Tú eres la ¡llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos, Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda la humanidad.
3. ¡EI Señor está contigo!
Tú eres la Virgen de la Anunciación, el Sí de la humanidad entera al misterio de la salvación.
Tú eres la Hija de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el misterio de la visitación.
Tú eres la Madre de Jesús, nacido en Belén, la que lo mostraste a los sencillos pastores y a los sabios de Oriente.
Tú eres la Madre que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto, lo conduce a Nazaret.
Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná.
Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección.
Tú eres la Madre de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de Pentecostés.
4. Bendita porque creíste en la Palabra del Señor, porque esperaste en sus promesas,
porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel,
por tu bondad materna en Belén,
por tu fortaleza en la persecución,
por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo, por tu vida sencilla en Nazaret,
por tu intercesión en Caná,
por tu presencia maternal junto a la cruz,
por tu fidelidad en la espera de la resurrección,
por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu Asunción a los cielos por tu materna protección sobre la Iglesia
por tu constante intercesión por toda la humanidad.
5. ¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a Ti.
Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra.
Porque tu Hijo Jesús nos confió a todos a Ti.
Porque has querido ser Madre de esta Iglesia de Colombia y has puesto aquí en Chiquinquirá tu santuario.
Nos consagramos a Ti todos los que hemos venido a visitarte en esta celebración solemne de los cuatrocientos años de la renovación de tu imagen.
Te consagro toda la Iglesia de Colombia, con sus Pastores y sus fieles: Los obispos, que a imitación del Buen Pastor velan por el pueblo que les ha sidoencomendado.
Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu.
Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida por el reino de Cristo.
Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias.
Los seglares comprometidos en el apostolado.
Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva.
Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos, los desesperados, los moribundos.
Te consagro toda esta nación de Colombia de la que eres, Virgen de Chiquinquirá, Patrona y Reina.
Que resplandezcan en sus instituciones los valores del Evangelio.
6. ¡Ruega por nosotros pecadores!


Madre de la Iglesia, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos.
Te pedimos por la Iglesia de Colombia, para que sea fiel en la pureza de la fe, en la firmeza de la esperanza, en el fuego de la caridad, en la disponibilidad apostólica y misionera, en el compromiso por promover la justicia y la paz entre los hijos de esta tierra bendita.
Te suplicamos que toda la Iglesia de Latinoamérica se mantenga siempre en perfecta comunión de fe y de amor, unida a la Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de caridad.
Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes, el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los que se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.
7. “Ahora y en la hora de nuestra muerte”.
¡Virgen del Rosario, Reina de Colombia, Madre nuestra! Ruega por nosotros ahora.
Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y rencores, la reconciliación de todos los hermanos.
Que cese la violencia y la guerrilla.
Que progrese y se consolide el diálogo y se inaugure una convivencia pacífica.
Que se abran nuevos caminos de justicia y de prosperidad.
Te lo pedimos a Ti a quien invocamos como Reina de la Paz.
¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
Te encomendamos a todas las víctimas de la injusticia y de la violencia, a todos los que han muerto en las catástrofes naturales, a todos los que en la hora de la muerte acuden a Ti como Madre y Patrona.
Sé para todos nosotros, Puerta del Cielo, vida, dulzura y esperanza, para que juntos podamos contigo glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
¡Amén!


jueves, 9 de julio de 2026

La Patrona, gracia inmarcesible

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda.

 


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

“Con razón dijo un devoto vuestro que apenas se halla en todo el orbe cristiano, otra imagen vuestra en que os hayáis mostrado tan milagrosa”. Novena. Día séptimo.

 

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá porta el ADN de Colombia, su patria.


El testimonio de los zanjones de Tunja se fundió con los zumos de las yerbas campesinas para teñir su traje real con los colores de la bandera tricolor. Ella, inmaculada, se declaró colombiana.


Su imagen milagrosa se injertó en la dinámica histórica del mestizaje hispano muisca. Su obediencia trajo la luz del cristianismo al pueblo de las tinieblas, sacerdote de la idolatría. La Colonia y la República la veneraron en los lares de la proeza, bajo palabra de honor.


Sus hijos, los promeseros, con las camándulas de tagua delinearon las fronteras del país de la belleza. Las avemarías recitadas sobre páramos salvajes, selvas ignotas y llanuras indomables definieron la compleja juventud de la identidad nacional. Aliento profundo, conexión con el infinito credo apostólico.


La Virgen Reina, morena y boyacense, tejió, al abrigo de los tiples, el sacramento de la ruana. La modesta Rosa del Cielo compuso las coplas del amor artesanal, serenata del vendaval de bendiciones.  Su realeza canta la guabina del terruño en el corazón de una etnia de titanes que reza de hinojos: “Oh madre clemente y pía escuchad nuestros clamores”.

jueves, 2 de julio de 2026

La humildad, el alma de Dios

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda.

 


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

Él dirige a los humildes en la justicia, y les enseña su camino”. (Sl 25,9)

 

María Santísima estableció el mandamiento de la humildad: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. (Lc 1,38).


La Virgen prudentísima comprendió la semántica puramente telúrica de esa palabra y la recitó en el Magnificat: “y enaltece a los humildes”.  Así, su etimología habla de “humus” material humano, polvo de la tierra.

La humildad abarca un campo mayor a las artes gramaticales. Tiene en su esencia el código de la salvación eterna. Trae terrible un destino apoteósico, la beatitud. Implora de hinojos el encanto del amor sublime. Su silente esperanza es la llave de la misericordia divina.

El poderío del mundo la condenó al fuego de la vanidad.  La dejó sitiada por el dolor mudo de la desobediencia desesperada. La definió sin tregua con la confusión de la designación. La altivez defendió su ignorancia con la mentira y señaló: “aquel no es humilde”.

Y dónde está su significado práctico. Dónde su definición de vocablo bíblico olvidado por la vehemencia de la altanería.

La respuesta podría llenar un volumen con las explicaciones de los santos, contemplación inmensa de sus testigos. Bastaría con repasar a san Bernardo de Claraval y su tratado “Sobre los grados de humildad y soberbia” (1125) para restaurar definiciones sorprendentes. Laberinto de sucesos encerrados en la perfección del esfuerzo titánico por la conversión. Ruta perfecta en la época de la mística de los templarios.

Y todavía falta una tesis que redacte una descripción que colme a las almas enamoradas del corazón traspasado de Jesús. Ellas se agitan sedientas de su salvación derramada en el calvario.

Los conceptos, tomados al azar, no sosiegan a los soldados de María. Las definiciones, consignadas por los escogidos para el santoral, guardan reflexiones y certezas prolíficas. Ejemplos:

San Ambrosio: “En nada pueden separarse las virtudes de la humildad y la caridad. Su conexión es tan inseparable que quien se mantiene firme en una, necesariamente domina la otra. Pues, así como la humildad forma parte de la caridad, así la caridad forma parte de la humildad”.  (Epist. Libr. x. ad Demetriadem).

Santa Teresa de Ávila: “La humildad es la verdad, y la verdad es que no tenemos nada bueno que no hayamos recibido de Dios”.

San Ignacio de Loyola: “La verdadera humildad consiste en la persuasión y convicción de que sin Dios somos poca cosa y despreciable, y en aceptar que me traten como tal”.

Santa Teresita: “Me parece que la humildad es la verdad. No sé si soy humilde, pero veo la verdad en todas las cosas”.

Los enunciados trajeron el asombro superior en un lenguaje cifrado por un encantamiento distante del ego y del cálido nosotros. La cantidad, no publicada en este texto, de expresiones bastaría para no tildar de falta de humildad al prójimo, conducta tan propia de la barriada parroquial.

Por esa razón, el Praesidium Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, de la Legión de María, perteneciente a la Parroquia Inmaculada Concepción de Zipaquirá decidió estampar en su trabajo heroico, la santificación personal, una frase de san Agustín:

 “La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios”. (Sobre el Evangelio de san Juan, tratado 25,16).
 
 

jueves, 18 de junio de 2026

URBIS ET ORBIS DECRETO ACERCA DE LA RENOVACIÓN ANUAL DEL ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN EL DÍA DE SU FIESTA

Foto Julio Ricardo Castaño Ruerda

 

Con el objeto de que perdure la memoria de aquel acto de fervorosa piedad por el cual León XIII, el día 25 de mayo de 1899, decretó la consagración de la totalidad del género humano al Augustísimo Corazón de Jesús, y a fin de que se conserven perennemente los saludables frutos emanados de ese acto, se han elevado algunas súplicas a Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío X, encaminadas a obtener que se digne prescribir la renovación anual del acto de consagración en el día de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, aprovechando también la ocasión para abrir el tesoro de las indulgencias.

Habiendo acogido favorablemente la Santidad de Pío X las referidas preces, y deseando ardientemente que la devoción despertada entre los fieles cristianos al Sacratísimo Corazón de Jesús se acreciente más y más, y que todos, por medio de este acto de consagración, se apresuren a unirse con fervor aún mayor a este suavísimo Corazón, ha venido en ordenar que anualmente, y en el memorado día festivo, en todas las iglesias parroquiales, y en aquellas en que, sin serlo, se celebre dicha festividad, se recite la fórmula de consagración propuesta por el mismo papa León XIII, a la cual deben seguir las letanías en honor del Sagrado Corazón, todo en presencia del Santísimo Sacramento expuesto a la pública adoración.

Además, la Santidad de Pío X ha otorgado benignamente una indulgencia de siete años e igual número de cuarentenas a todos los fieles que con corazón contrito y devotamente asistan a la piadosa ceremonia, rogando a la vez por  la intención del sumo pontífice y a los que debidamente purificados por el Sacramento de la Penitencia se acercaren a la sagrada Mesa en ese día ha querido concederles clementemente la indulgencia plenaria; todas las cuales indulgencias se declaran aplicables a las almas del Purgatorio.

El presente decreto valdrá perpetuamente, sin que obsten cualesquiera otras disposiciones en contario.

Dado en Roma, por la secretaría de la Sagrada congragación de indulgencias y sacra reliquias, el 22 de agosto de 1906. A. Card. TRIPEPI, Prefecto.

D. Panici, Archiep. Laodicen., secretario.

Revista Iglesia, mayo 15 de 1907.

 

martes, 9 de junio de 2026

Colombia, el débito de los 107 años

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana



No tengan deudas pendientes con nadie”. (Ro 13, 8).

 

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá tuvo que aguardar más de un siglo para que su patria le reconociera un día festivo.

La Rosa del Cielo fue coronada en el gobierno de Marco Fidel Suárez como Reina y Patrona de Colombia. Bogotá, 9 de julio de 1919. La ceremonia dio cumplimiento al decreto de su santidad Pío X del 9 de enero de 1910.

Desde entonces, los promeseros oficiaron su peregrinación anual a la Villa de los Milagros para honrar esa fecha memorable de la identidad religiosa.

La paradoja inmarcesible es que ningún mandato derechista tuvo la gentileza liberal de elevar el festejo a la categoría oficial.  Durante una centuria hubo 13 administraciones del Partido Conservador, que por sus principios fundacionales se asoció a la Iglesia católica como hijo obediente.

Las oportunidades del poder tradicionalista para declarar el 9 de julio fiesta estatal estuvieron a la orden del día en los mandatos de Marco Fidel Suárez (1918-1921), Jorge Holguín (1921-1922), Pedro Nel Ospina (1922-1926), Miguel Abadía Méndez (1926-1930), Mariano Ospina Pérez (1946-1950), Laureano Gómez Castro (1950-1953). (Titular), Roberto Urdaneta Arbeláez (1951-1953), Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957. Dictadura militar), Guillermo León Valencia (1962-1966), Misael Pastrana Borrero (1970-1974), Belisario Betancur Cuartas (1982-1986), Andrés Pastrana Arango (1998-2002) e Iván Duque, 2018-2022.

La contradicción del absurdo quedó plasmada en el olvido de los gobernantes. La amnesia hizo historia. Para celebrar el primer aniversario de la coronación, los bogotanos le obsequiaron una camándula y una rosa de plata a la Virgen Morena. El gramático Marco Fidel no leyó la súplica de un pueblo marianista.

El ingeniero presidente Pedro Nel Ospina llevó el ferrocarril hasta Chiquinquirá después de enseñarle a navegar en los pantanos de Gacha. La muchedumbre de náufragos no lo convenció de la rúbrica, 1926.

El generalísimo Rojas Pinilla recibió la sagrada imagen en el estadio El Campín, 1954 y la condecoró con la Cruz de Boyacá. El festivo quedó acuartelado.

La Patrona regresó a la capital en 1962. Don Guillermo León Valencia, el cazador, dejó volar la oportunidad. El cielo insistió con paciencia ante Betancurt Cuartas y le envió al vicario de Cristo, Juan Pablo II a Chiquinquirá. No hubo cuota inicial, 1986. En 1999, Andrés Pastrana recibió a la Virgen en la Plaza Mayor para condecorarla y la Zona de distensión se acabó sin decretar la tan anhelada efeméride. En 2019 se cumplió el centenario de la proclamación. El mandatario Iván Duque, devoto de La Chinca, fue en helicóptero a visitarla y regresó con su economía de naranja agria.


Y lo increíble sucedió.  El ejecutivo comunista promulgó la Ley 2578 del 1 de junio de 2026, que oficializó el 9 de julio como nuevo festivo nacional en homenaje a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.

La felicidad del redactor estalló en lágrimas agradecidas al Altísimo. En cambio, su razón no pudo discernir el disparate, ese sí colombianísimo, hasta escuchar la tercera estrofa del himno patrio: “Las almas ni los ojos. Si admiración o espanto. Sentir o padecer”.
 
 

jueves, 4 de junio de 2026

Obsequio al Sagrado Corazón de Jesús

 Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 


Alma infeliz inobediente y necia

que rebelde a tu Dios has ofendido.

Mira su noble Corazón herido

y ardiendo en llamas de indecible amor.

Si conocieras la sin par ternura

con que para ti se ofrece en sacrificio.

No despreciaras, ay, el beneficio

Que te concede, ingrata, tu Señor.

Amor inmenso le arrancó del Cielo.

Y en el pesebre por tu amor lloraba.

Por ti en el huerto con fervor oraba

y fue por ti que en una cruz murió.

Herido su costado sacrosanto

con el agudo acero de una lanza.

La puerta del amor y la esperanza

a tu rebelde corazón abrió.

Más no bastaba a su amor ardiente

la sangre y los dolores del calvario

ni la cruz afrentosa, ni el sudario.

Ni la herida del Santo Corazón.

 

Y pensando amoroso en tu ventura,

y en aliviar tu duelo y tus pesares,

oculto se ha quedado en los altares,

para darte consuelo y protección.

 

Y en cambio de sus grandes sacrificios

amor no más, te pide noche y día ...

No te resistas más, ingrata impía,

vuelve rendida a sus divinos pies

y triste de ti si tu Señor se cansa,

y de ti se retira y te abandona;

que si el ama cual Padre, si el perdona,

también castiga, como justo juez.

 

No esperes el castigo, ven ahora

cuando lleno de amor Él te convida

para darte amoroso nueva vida

y llevarte a la patria celestial.

 

Ven a postrarte ante su augusto trono

de su eterna bondad y su ternura,

te llenarán del gozo y la ventura,

que te niega la dicha mundanal.

 

- IMPRESO CON LICENCIA. Colombia. AÑO DE 1858.

©Biblioteca Nacional de Colombia

jueves, 28 de mayo de 2026

Maria Auxilium Columbianorum


 

La Colombia inmarcesible se postra ante su Reina aferrada a una camándula tejida por los promeseros de antaño. Foto y texto. Julio Ricardo Castaño Rueda.