jueves, 18 de junio de 2026

URBIS ET ORBIS DECRETO ACERCA DE LA RENOVACIÓN ANUAL DEL ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, EN EL DÍA DE SU FIESTA

Foto Julio Ricardo Castaño Ruerda

 

Con el objeto de que perdure la memoria de aquel acto de fervorosa piedad por el cual León XIII, el día 25 de mayo de 1899, decretó la consagración de la totalidad del género humano al Augustísimo Corazón de Jesús, y a fin de que se conserven perennemente los saludables frutos emanados de ese acto, se han elevado algunas súplicas a Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío X, encaminadas a obtener que se digne prescribir la renovación anual del acto de consagración en el día de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, aprovechando también la ocasión para abrir el tesoro de las indulgencias.

Habiendo acogido favorablemente la Santidad de Pío X las referidas preces, y deseando ardientemente que la devoción despertada entre los fieles cristianos al Sacratísimo Corazón de Jesús se acreciente más y más, y que todos, por medio de este acto de consagración, se apresuren a unirse con fervor aún mayor a este suavísimo Corazón, ha venido en ordenar que anualmente, y en el memorado día festivo, en todas las iglesias parroquiales, y en aquellas en que, sin serlo, se celebre dicha festividad, se recite la fórmula de consagración propuesta por el mismo papa León XIII, a la cual deben seguir las letanías en honor del Sagrado Corazón, todo en presencia del Santísimo Sacramento expuesto a la pública adoración.

Además, la Santidad de Pío X ha otorgado benignamente una indulgencia de siete años e igual número de cuarentenas a todos los fieles que con corazón contrito y devotamente asistan a la piadosa ceremonia, rogando a la vez por  la intención del sumo pontífice y a los que debidamente purificados por el Sacramento de la Penitencia se acercaren a la sagrada Mesa en ese día ha querido concederles clementemente la indulgencia plenaria; todas las cuales indulgencias se declaran aplicables a las almas del Purgatorio.

El presente decreto valdrá perpetuamente, sin que obsten cualesquiera otras disposiciones en contario.

Dado en Roma, por la secretaría de la Sagrada congragación de indulgencias y sacra reliquias, el 22 de agosto de 1906. A. Card. TRIPEPI, Prefecto.

D. Panici, Archiep. Laodicen., secretario.

Revista Iglesia, mayo 15 de 1907.

 

martes, 9 de junio de 2026

Colombia, el débito de los 107 años

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana



No tengan deudas pendientes con nadie”. (Ro 13, 8).

 

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá tuvo que aguardar más de un siglo para que su patria le reconociera un día festivo.

La Rosa del Cielo fue coronada en el gobierno de Marco Fidel Suárez como Reina y Patrona de Colombia. Bogotá, 9 de julio de 1919. La ceremonia dio cumplimiento al decreto de su santidad Pío X del 9 de enero de 1910.

Desde entonces, los promeseros oficiaron su peregrinación anual a la Villa de los Milagros para honrar esa fecha memorable de la identidad religiosa.

La paradoja inmarcesible es que ningún mandato derechista tuvo la gentileza liberal de elevar el festejo a la categoría oficial.  Durante una centuria hubo 13 administraciones del Partido Conservador, que por sus principios fundacionales se asoció a la Iglesia católica como hijo obediente.

Las oportunidades del poder tradicionalista para declarar el 9 de julio fiesta estatal estuvieron a la orden del día en los mandatos de Marco Fidel Suárez (1918-1921), Jorge Holguín (1921-1922), Pedro Nel Ospina (1922-1926), Miguel Abadía Méndez (1926-1930), Mariano Ospina Pérez (1946-1950), Laureano Gómez Castro (1950-1953). (Titular), Roberto Urdaneta Arbeláez (1951-1953), Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957. Dictadura militar), Guillermo León Valencia (1962-1966), Misael Pastrana Borrero (1970-1974), Belisario Betancur Cuartas (1982-1986), Andrés Pastrana Arango (1998-2002) e Iván Duque, 2018-2022.

La contradicción del absurdo quedó plasmada en el olvido de los gobernantes. La amnesia hizo historia. Para celebrar el primer aniversario de la coronación, los bogotanos le obsequiaron una camándula y una rosa de plata a la Virgen Morena. El gramático Marco Fidel no leyó la súplica de un pueblo marianista.

El ingeniero presidente Pedro Nel Ospina llevó el ferrocarril hasta Chiquinquirá después de enseñarle a navegar en los pantanos de Gacha. La muchedumbre de náufragos no lo convenció de la rúbrica, 1926.

El generalísimo Rojas Pinilla recibió la sagrada imagen en el estadio El Campín, 1954 y la condecoró con la Cruz de Boyacá. El festivo quedó acuartelado.

La Patrona regresó a la capital en 1962. Don Guillermo León Valencia, el cazador, dejó volar la oportunidad. El cielo insistió con paciencia ante Betancurt Cuartas y le envió al vicario de Cristo, Juan Pablo II a Chiquinquirá. No hubo cuota inicial, 1986. En 1999, Andrés Pastrana recibió a la Virgen en la Plaza Mayor para condecorarla y la Zona de distensión se acabó sin decretar la tan anhelada efeméride. En 2019 se cumplió el centenario de la proclamación. El mandatario Iván Duque, devoto de La Chinca, fue en helicóptero a visitarla y regresó con su economía de naranja agria.


Y lo increíble sucedió.  El ejecutivo comunista promulgó la Ley 2578 del 1 de junio de 2026, que oficializó el 9 de julio como nuevo festivo nacional en homenaje a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá.

La felicidad del redactor estalló en lágrimas agradecidas al Altísimo. En cambio, su razón no pudo discernir el disparate, ese sí colombianísimo, hasta escuchar la tercera estrofa del himno patrio: “Las almas ni los ojos. Si admiración o espanto. Sentir o padecer”.
 
 

jueves, 4 de junio de 2026

Obsequio al Sagrado Corazón de Jesús

 Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 


Alma infeliz inobediente y necia

que rebelde a tu Dios has ofendido.

Mira su noble Corazón herido

y ardiendo en llamas de indecible amor.

Si conocieras la sin par ternura

con que para ti se ofrece en sacrificio.

No despreciaras, ay, el beneficio

Que te concede, ingrata, tu Señor.

Amor inmenso le arrancó del Cielo.

Y en el pesebre por tu amor lloraba.

Por ti en el huerto con fervor oraba

y fue por ti que en una cruz murió.

Herido su costado sacrosanto

con el agudo acero de una lanza.

La puerta del amor y la esperanza

a tu rebelde corazón abrió.

Más no bastaba a su amor ardiente

la sangre y los dolores del calvario

ni la cruz afrentosa, ni el sudario.

Ni la herida del Santo Corazón.

 

Y pensando amoroso en tu ventura,

y en aliviar tu duelo y tus pesares,

oculto se ha quedado en los altares,

para darte consuelo y protección.

 

Y en cambio de sus grandes sacrificios

amor no más, te pide noche y día ...

No te resistas más, ingrata impía,

vuelve rendida a sus divinos pies

y triste de ti si tu Señor se cansa,

y de ti se retira y te abandona;

que si el ama cual Padre, si el perdona,

también castiga, como justo juez.

 

No esperes el castigo, ven ahora

cuando lleno de amor Él te convida

para darte amoroso nueva vida

y llevarte a la patria celestial.

 

Ven a postrarte ante su augusto trono

de su eterna bondad y su ternura,

te llenarán del gozo y la ventura,

que te niega la dicha mundanal.

 

- IMPRESO CON LICENCIA. Colombia. AÑO DE 1858.

©Biblioteca Nacional de Colombia