viernes, 1 de mayo de 2026

La Patrona, la pintura de un platero

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

“Dios le ha dado sabiduría, inteligencia y una gran capacidad creativa para hacer diseños en oro, plata y bronce…” (Ex 35 31,32).

 

Alonso de Narváez, un orfebre andaluz radicado en Tunja, entró en la historia del arte neogranadino por causa de un milagro. Su destreza técnica no le alcanzó para escalar la cima de la celebridad.

El artífice, en cambio, tenía buenas relaciones con los frailes de Santo Domingo. En julio de 1560 estuvo de testigo en un contrato de compraventa de un solar que el prior, fray Juan Tomás de Mendoza O.P, compró a Catalina de Robles, viuda de Alonso de Aguilar. (Cf. Fray Alberto Ariza, O.P. Los dominicos en Colombia. Tomo I. Pág. 577).

En 1562, la selecta amistad lo condujo hasta el hermano cooperador, fray Andrés de Jadraque, O.P. Este lo invitó a solucionarle un inconveniente al encomendero de Suta Antonio de Santana que tenía pendiente el altar de la capilla, lugar vital para la catequesis.

Los tres protagonistas, Alonso, Andrés y Antonio, optaron por diseñar una imagen de la Virgen del Rosario en una manta de algodón, manufactura muisca. La tosca mano, para el cerdamen, plasmó la figura de María Santísima y rompió las reglas de la iconografía sacra. El joyero se limitó a ejecutar las órdenes del cliente apoyadas en 20 pesos oro. El improvisado artista colocó a san Antonio de Padua a la diestra de Nuestra Señora y a san Andrés Apóstol a la izquierda. La trilogía de los bocetos fue repasada con las técnicas del temple acompañadas con tinturas de yerbas y tierras de barranco boyacense.

El yerro de la composición pictórica espacial provocó corrosivos comentarios por parte de la elite social, seguidora del Concilio de Trento. El desatino de Narváez confirmó porque su nacionalidad no le dio cabida en los salones de su Majestad Felipe II, el Prudente.

La construcción del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, escuela de inspiración, tuvo en su nómina a los gigantes del talento. A ellos los iluminó el cretense Doménikos Theotokópoulos, el Greco, (1541–1614). Sus figuras alargadas marcarían un derrotero para movimientos posteriores. Trascendental para el modernismo.

A ese equipo de genios se sumó el artista extremeño de marcado interés por la práctica religiosa. Lo apodaron el Divino, Luis de Morales (1509–1586). La época del esplendor aceptó al retratista Alonso Sánchez Coello (1531–1588), discípulo de Antonio Moro. La fila de gente dotada de una sensibilidad superior para la expresión artística renacentista incluyó a Juan Fernández de Navarrete, el Mudo, (1526–1579) y la resumida lista de luminarias no contiene la membresía de Narváez. La aristocracia de la maestría jamás lo invitó a sus escuelas, tertulias ni talleres. La razón era puramente de habilidad natural, Alonso nació sin el don de la genialidad.  Era indigno de tan altos caballetes.

Alonso de Narváez murió (1583) sin dejarle un legado a las nacientes urbes del Nuevo Reino de Granada. Su constante lejanía de la ciencia del esbozo así lo confirmó. La época motivó a otros extranjeros para presentar sus creaciones con éxito permanente. Angelino Medoro, pintor romano, vivió en Tunja y Santafé de Bogotá entre 1587 y 1589, a él se sumó fray Pedro Bedón, religioso quiteño. Laboró en Tunja entre 1593 y 1598. Esa palestra de afamados la redondeó el español Baltasar de Figueroa, el Viejo, que brilló en Turmequé a finales del siglo XVI. Este se volvió pionero de un plantel de formidables pinceles. Al cierre de esa explicación, que colocó al desconocido entre dos mares de tinturas, recuerda que Alonso de Narváez era de profesión orive. Así lo afirma la documentación histórica.

“Alonso de Narváez era oriundo de Alcalá de Guadaira. Era hijo de Hernando de Alma y de Mencía de Narváez.  Se casó con Ana de Prado y fue padre de diez hijos. Juan de Narváez y Alonso de Narváez y Agustín de Narváez y Antonio de Narváez y Sevastián de Narváez e María de Narváez muger de Nicolás de Bermeo e Ysabel de Guevara y Ana de Narváez e Jerónima de Narváez y Úrsula de Narváez, mys hijos legítimos, y de la dicha Ana de Prado mi muger.  De profesión platero”. (Cf. Archivo Histórico Regional de Tunja. Fondo Protocolo Notarial. Volumen 11. Año 1583.Folios 336r-342r. Folio 340v).

A esa semblanza habría que agregar su inclinación al dibujo de urgencia porque una familia numerosa requería de un dinero extra para su mantenimiento. La ficha de su oficio contiene: técnica: temple sobre algodón. Dimensiones: 1,25 x 1,19 m. Tamaño de las figuras: La Virgen de Chiquinquirá 1,05 m de alto. San Antonio de Padua 1,04 m de alto y san Andrés 90 cm de alto.

El único fruto sólo sirvió en los primeros años de la evangelización en la capilla doctrinera de Suta. Su vida útil escasamente alcanzó a los 16 años (1562-1578). Al final, el cura Juan Alemán de Leguizamón, quitó del templo la imagen de la Virgen del Rosario y sus edecanes porque estaba borrosa y deteriorada. La pieza era indigna de presidir la santa misa. La vejez del algodón, la humedad del recinto y el descuido de los catecúmenos había arruinado el lienzo.

Su cuadro quedó condenado al trajín de los olvidos coloniales. Ni soñar con la categoría de “maravilla de un solo golpe” (one hit wonder). A nadie de la Ciudad Madre se le ocurrió volver a solicitarle sus favores de aficionado al bosquejo. Lo cual abarcó a sus antiguos contratistas. Alonso de Narváez era vecino de Catalina García de Irlos, esposa del encomendero Antonio de Santana.

“…El matrimonio, Narváez-Prado, adquirió hacia 1580 unas casas en la ciudad de Tunja, una de ellas lindaba con la vivienda de Martín de Serena y la otra con la de la encomendera Catalina García de Yrlos. Los edificios habían pertenecido a Francisco Suárez de Mecina a quien pagó la cantidad de 870 pesos de oro corriente por ellas…” (Cf. Guadalupe Romero Sánchez. Alonso de Narváez pintor andaluz establecido en Tunja. Andalucía en América, arte, cultura y sincretismo estético. Editorial Universidad de Granada, 2011).

 La devoción católica de Narváez lo mantuvo firme en su fe. Pensaba más en la mística de los padres predicadores que en la pasión del trazo. Su testamento lo atestigua al ordenar un entierro particular:

 “…santísima yglezia mayor desa çibdad, en la sepultura que allí tengo, y quiero que mi cuerpo vaya arrebestido (sic) con el ábito de señor Santo Domyngo…”  (Cf. Archivo Histórico Regional de Tunja (Boyacá). Fondo Protocolo Notarial. Volumen 11. Año 1583. Folio 336r). Falleció en la ciudad de Tunja.  (12 de octubre de 1583. Sus exequias fueron el 29).

 El nombre de Alonso de Narváez resucitó para la crónica de la hispanidad el 26 de diciembre de 1586. La choza de la encomienda de Chiquinquirá se iluminó.  Su desteñido trapo de oficios domésticos se renovó milagrosamente. El celestial fenómeno, que asombró al continente, permitió que decenas de maestros famosos realizarán bellas copias de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, La Patrona de Colombia.

 El mutismo contra el escogido por Dios siguió vigente. El notablato, civil y eclesial, en un exceso de rigor investigativo aisló a Ana de Prado y a sus hijos del proceso jurídico canónico que siguió después del portento. La esposa y los vástagos de Alonso no fueron llamados a declarar. ¿Cosas de los albaceas o celos de la parroquia? Triste método del silencio. Dos de sus hijas sí escucharon los ecos de la fama paterna y entraron al Convento de Monjas de la Concepción, 1618.

   “…Ana del Espíritu Santo, y Úrsula de los Ángeles. Son las mismas Ana del Prado y Úrsula de Guevara hijas de Alonso de Narváez, el pintor del milagroso y famoso cuadro de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, y su mujer Ana del Prado, ya difuntos…”  (Cf. Magdalena Corradine Mora. Vecinos y moradores de Tunja 1620-1623. Buhos Editores.

 El tiempo de la justicia lo redimió de su osadía. El Ministerio de Cultura catalogó el cuadro de Narváez como bien de interés cultural (BIC) del ámbito nacional por medio de la resolución 395 de 2006.

 La manta que desecharon los sacerdotes, Francisco Pérez y Alemán de Leguizamón, fue la piedra angular de la Villa de los Milagros.


martes, 21 de abril de 2026

Manuel Serviez, el sacrílego

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 

Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

 

La Colombia de María, la nación heroica, tiene una deuda bicentenaria con Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. 

La debacle institucional de las Provincias Unidas de la Nueva Granada diseñó el apogeo de la insania. El poder ejecutivo, el triunvirato, nombró al abogado Custodio García Rovira “general”. El apodado combatió contra los cazadores de Sebastián de la Calzada apoyado en una mesnada de labriegos. Cachirí, 22 de febrero de 1816. 

La masacre de los rústicos incautos formó una laguna de sangre en el páramo, el pantano encharcó de cobardía la huida de los cabecillas Los trásfugas llegaron a la Villa de los Milagros con temblores de terror. 

“…Yo vi pasar por San Gil los batallones independientes, y recuerdo que la consternación y el espanto estaba pintado en los semblantes de los oficiales y soldados. Sucedía esto en el mes de febrero de 1816…”  (Cf. Florentino González. Memorias. Editorial Bedout. Medellín, 1971. Pág. 44). 

La debacle inspiró al mercenario francés Manuel Roergas de Serviez para prohibir a sus soldados recibir favores de la Virgen de Chiquinquirá, tierra de sacerdotes. (20 de abril de 1816). El 21 entró al templo y mandó bajar el sagrado cuadro de la Patrona Nacional. 

Serviez y su adicción masónica por el maligno ofició su rito de criminal herejía. Profanó el altar, se robó el lienzo, lo guardó en un cajón, lo echó sobre una mula y lo abandonó en Cáqueza. Las tropas peninsulares, al mando de Pablo Morillo, lo devolvieron con honores. 

Colombia, son 210 años de patrañas taquigrafiadas por mitómanos. Es hora de entregarle a la Reina de los Mártires la ofrenda de la verdad histórica. El acto de misericordia lo reclama la memoria de la patria.

 

 

jueves, 16 de abril de 2026

Renovar, un verbo de María

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

María de Chiquinquirá, misterio de la imagen renovada, nos invita a santificarnos para alcanzar la pascua eterna.
 

miércoles, 8 de abril de 2026

La resurrección de Cristo, un testimonio mariano

Basílica de San Juan de Letrán. Foto: Archivo particular

 

Para nuestra utilidad y sufragio de las santas almas del purgatorio, sépase que el pontífice Bonifacio VII concedió, y el citado Benedicto XIII confirmó, ochenta mil años de indulgencia a los que dijeren la siguiente oración

 

 

Señor mío Jesucristo, Padre dulcísimo, por el gozo que tuvo tu querida madre cuando Tú le apareciste la sagrada noche de la Resurrección, y por el gozo que tuvo cuando te vio lleno de gloria con la luz de la Divinidad, te pido que me alumbres con los dones del Espíritu Santo, para que pueda cumplir tu voluntad todos los días de mi vida: pues vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Esta indulgencia está en San Juan de Letrán de Roma, para todos los fieles, puesta en un mármol.

miércoles, 25 de marzo de 2026

La interpelación a la sumisión

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda.

 

Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

“…Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos…” (Jn 14,15)

La concepción virginal de María escribió el glorioso prólogo a la historia de Jesús. El misterio de la encarnación del Verbo quedó redactado en el seno de la mujer inmaculada por la gracia del Espíritu Santo y el poder del Altísimo. Las dos fuerzas, operantes y descendentes sobre la criatura, establecieron el tabernáculo de la Santísima Trinidad en la doncella de Nazaret.
La dupla omnipotente encendió la luz de la liberación para la humanidad. Y contra ese acto sublime de la redención salvífica se levantó la trilogía opuesta al fiat: “el mundo, el demonio y la carne”. El trío de las conductas diabólicas elaboró contra Cristo las preguntas del escarnio: “…Y decían: «¿No es este Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: he bajado del cielo?” (Jn 6, 42).
La cuestión ofende la dignidad de la Virgen Madre al olvidar la profecía (Is 7,14) y contradice el Evangelio al negar la paternidad putativa de José (Lc 2,49). Ellos impugnan las santas escrituras en una actitud de herejes.
Los judíos, maestros en tergiversar la ley, sentaron un precedente de permanente insubordinación, la rebelión de los pecados. La disyuntiva abrió el sempiterno abismo entre la obediencia mariana y el cuestionamiento profano.
En conclusión, la senda estrecha de la redención ha sido plasmada y trazada con la plasticidad de la creación divina: María, Tú por tu sumisión, engendrarás un hijo, El Salvador.
 

jueves, 19 de marzo de 2026

Castidad de José, Virginidad de María

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 San Agustín, obispo


Sermón 51, §19-20 y 30


«¿No es este el hijo del carpintero?»


La respuesta del Señor Jesucristo: Convenía que yo me ocupara de las cosas de mi Padre (Lc 2,49), no indica que la paternidad de Dios excluya la de José. ¿Cómo lo probamos? Por el testimonio de la Escritura, que dice así: Y les respondió: ¿No sabíais que conviene que yo me ocupe de las cosas de mi Padre? Ellos, sin embargo, no comprendieron de qué les estaba hablando. Y, bajando con ellos, vino a Nazaret y les estaba sometido (v. 51)… ¿A quiénes estaba sometido? ¿No era a los padres? Uno y otro eran los padres… ellos eran padres en el tiempo; Dios lo era desde la eternidad. Ellos eran padres del Hijo del hombre, el Padre lo era de su Palabra y Sabiduría (1 Co 1,24), era Padre de su Poder, por quien hizo todas las cosas. […]


Ya he hablado bastante sobre por qué no debe preocupar el que las generaciones se cuenten por la línea de José y no por la de María: igual que ella fue madre sin concupiscencia carnal, así también él fue padre sin unión carnal. Por tanto, desciendan o asciendan por él las generaciones. No lo separemos porque careció de concupiscencia carnal. Su mayor pureza reafirme su paternidad, no sea que la misma santa María nos lo reproche. Ella no quiso anteponer su nombre al del marido, sino que dijo: Tu padre y yo, angustiados, te estábamos buscando (Lc 2,48). […]


¿Acaso se le dice: “Porque no lo engendraste por medio de tu carne”? Pero él replicará: “¿Acaso ella le dio a luz por obra de la suya?”. Lo que obró el Espíritu santo, lo obró para los dos. Siendo —dice— un hombre justo, dice el evangelista Mateo (1,19) justo era el varón, justa la mujer. El Espíritu Santo, que reposaba en la justicia de ambos, dio el hijo a ambos.


jueves, 12 de marzo de 2026

Oración de reparación a la Santísima Virgen María Corredentora, indulgenciada por san Pío X en 1914

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda

 


Santísima Virgen, Madre de Dios, mira con bondad desde el cielo, donde reinas, a este miserable pecador, tu siervo. Consciente de su indignidad, en reparación por las ofensas cometidas contra ti por lenguas impías y blasfemas, desde lo más profundo de su corazón te bendice y exalta como la más pura, la más bella y la más santa de todas las criaturas.

 

Bendice tu santo nombre, bendice tus sublimes prerrogativas como verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, como CORREDENTORA DEL GÉNERO HUMANO. Bendice al Padre eterno, que te eligió de manera especial como su Hija; bendice al Verbo Encarnado, que, al asumir la naturaleza humana en tu purísimo seno, te hizo su Madre; bendice al Espíritu Santo, que te eligió como su Esposa. Bendice, exalta y da gracias a la augusta Trinidad que te eligió y te favoreció tanto que te elevó por encima de todas las criaturas a las más sublimes alturas.

 

Oh santa y misericordiosa Virgen, implora el arrepentimiento de tus ofensores y acepta este pequeño homenaje de tu siervo, obteniendo también para él, de tu divino Hijo, el perdón de sus pecados. Amén.

 

El 22 de enero de 1914, el Papa San Pío X concedió que los fieles cristianos que recen esta oración con corazón contrito y devoto obtengan una indulgencia de cien días, aplicable también a los difuntos. La presente indulgencia es válida a perpetuidad y sin necesidad de breve expedición.

 

Fuente: https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-06-1914-ocr.pdf (páginas108-109).

 

jueves, 5 de marzo de 2026

Súplica a Nuestra Señora

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 


 

Manuel de J. Barrera

Bogotá, 7 de diciembre de 1870

 

 

Quiero, al cantar las glorias de MARÍA,

Mi canto dedicar a un buen amigo,

Conocedor de mi alma, y fiel testigo

De que incesantemente, noche y día,

 A la MADRE DE DIOS canto y bendigo

 

Estrella luminosa

Que la senda iluminas de mi vida,

Hija, Madre y Esposa

La más pura y hermosa

Que en seno maternal fue concebida.

 

Tú que me das consuelo

Cuando tu dulce protección imploro,

Y vienes desde el cielo

A calmar mi desvelo:

 Tú que enjugas mis lágrimas si lloro,

 

 

Escucha bondadosa

La oración que pronuncia el labio mío:

Sé misericordiosa,

Y acude presurosa

 A dar consuelo al conturbado Pío;

 

A aquel Pastor anciano

Que por guardar tu fe va perseguido,

Y con temblorosa mano.

Le da al orbe cristiano

La diaria bendición que yo le pido:

 

A aquel que supo un día

Su nombre unir al tuyo inmaculado,

Y que nos dio alegría

declarando, MARÍA,

Que jamás tu pureza se ha manchado.

Mira, MADRE, su llanto:

Oye cómo tu dulce nombre imploro,

Cúbrele con tu manto,

Y cese ya el quebranto,

Y cese su dolor, Madre y Señora.

 

Dedicado a mi distinguido y noble amigo presbítero señor Francisco Jiménez Samudio.

Biblioteca Nacional de Colombia

 

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Nuestra Señora, conductas y palabras*

Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda

 


Por Julio Ricardo Castaño Rueda

Sociedad Mariológica Colombiana

“Con gozo sacarás agua de los manantiales de la salvación”. (Is. 12,3).

Bernarda Sobirós roció con agua bendita a la Madre de Dios porque se le apareció en las rocas viejas de Lourdes para rezar el santo rosario.

La Santísima Virgen María se le presentó con los pies descalzos, símbolo humilde de servidumbre. La Esclava del Señor permanecía silente.

La Reina del Cielo escogió la Cuaresma de 1858 para manifestarle al orbe una serie de comportamientos y locuciones que enseñaron el misterio de su origen. Episodio único en la historia de la Mariología.

La Inmaculada lideró el manejo y distribución de un insólito recurso hídrico en los Pirineos. Ese fenómeno generó un ciclo interminable de curaciones milagrosas. La consecuencia inmediata, en la conciencia católica de los lugareños, fue la verificación del suceso. La curiosidad impuso un desfile interminable de creyentes. La prensa liberal intervino al redactar titulares impíos. La masificación de la mentira intentó ocultar, con el tiraje de sus notas, la difusión de los prodigios. Los editores llenaron sus bolsillos al reproducir los errores del ego sobre los estudios del yerro. Hombres de cafetín imponían sus teorías de ateos entre los linotipos. La venta de los periódicos aumentó su circulación desconcertada por la realidad. La luz celeste no iluminaba a las cavernas de la apostasía.

El clero en silencio llamaba a la prudencia.  Los canteros diseñaron un canal de madera que vertía el torrente portentoso en un estanque ovalado.

La manifestación beatífica alteró el orden público. El comisario Domingo Jacomet, el azote de los bandidos, denunció la farsa. La gendarmería se desplegó armada para proteger al gentío de su devoción. El estado imperial de Napoleón III disparó normas represivas desde su arsenal de leyes contra los anónimos.

El debate de los librepensadores, adversarios del Evangelio, marcó a la época con un hierro ardiente, la cuestión filosófica del sectarismo. La logia enfrentaba a la razón contra la fe en un divorcio impuesto por la anarquía masónica.

La libertad, sin igualdad ni fraternidad, amordazaba con sus multas y calabozos. El procurador imperial Vital Dutour ingresó al recinto de la estulticia al imponer la norma de la amenaza sobre el testimonio de una zagalilla. La realidad de las circunstancias asombraba al intelecto con la sencillez de la voluntad gloriosa.

Nuestra Señora intervino para ratificar el dogma de la Inmaculada Concepción proclamado por su santidad Pío IX. El padre Dominique Peyramale sorprendió a sus oficios clericales con un desconcierto de apóstol. La duda había sido crucificada en el altar de la fe.

Las autoridades civiles, sirvientes zalameros de la potestad política, saquearon y encarcelaron al naciente santuario. El 10 de junio, el intrépido Jacomet publicó el decreto de cierre e interdicción de la gruta.

La crónica completa, con detalles documentados, la escribió Henrique Lasserre en su obra: Nuestra Señora de Lourdes. Mientras el lector tiene la gentileza de conseguir el libro en mención se presenta un compendio de la actuación de María Santísima.

1.    1858. El 11 de febrero.

“…La misma regularidad y la pureza ideal de esas facciones, en que todo estaba en armonía las hace imposible de describir. Sin embargo, diremos que el óvalo del rostro era de gracia extraordinaria, que los ojos eran azules y de una dulzura que parecía derretir el corazón de aquel en quien se fijasen; los labios exhalaban bondad y mansedumbre divina; la frente parecía contener la suprema sabiduría, es decir, la ciencia de todas las cosas, unida a la virtud sin límites.

Los vestidos de una tela desconocida y tejidos sin duda en el taller misterioso en donde se viste el lirio de los valles, eran blancos como la inmaculada nieve de las montañas, y más preciosos en su sencillez que los deslumbradores vestidos de Salomón en su gloria. El traje le arrastraba, pero tenía castos pliegues que dejaban ver los pies, que descansaban sobre la roca y hollaba ligeramente la rama del rosal. Sobre cada uno de ellos, de virginal desnudez, se abría la mística rosa de color oro.

Por delante, un cinturón azul como el cielo, ceñía el cuerpo; sus extremidades casi llegaban hasta los pies. Por detrás, envolviéndole completamente las espaldas y la parte superior de los brazos, descendía hasta el borde inferior del vestido un velo blanco, colocado en contorno de la cabeza.

No tenía sortijas, ni collares, ni joyas: ninguno de esos adornos con que se engalana siempre la vanidad humana. Un rosario de cuentas blancas como gotas de leche, cuya cadena era amarilla como el oro de las mieses, le colgaba de entre las manos, que tenía puestas con fervor. Las cuentas del rosario iban pasando sucesivamente. No obstante, los labios de esta Reina de las vírgenes permanecían inmóviles. En lugar de recitar el rosario, quizá estaba escuchando en su propio corazón el eterno eco de la salutación angélica y el murmullo inmenso de las invocaciones que suben de la tierra. Cada cuenta que tocaba, era sin duda una lluvia de gracias celestiales que descendía sobre las almas, como perlas de rocío en el cáliz de las flores.

(…) esta aparición maravillosa estaba mirando a Bernarda, la cual, en su enajenamiento, se había, como ya lo hemos dicho, dejado caer, y, sin saber lo que hacía, postrándose súbitamente de rodillas. (pp. 28-29).

“…La mirada y la sonrisa de la incomparable Virgen dijeron, a lo que parece, lo mismo a la asustada pastorcita.

Con un ademan grave y dulce, que tenía el aire de una bendición omnipotente para la tierra y el cielo, hizo Ella misma, como para animar a la niña, la señal de la cruz. Y la mano de Bernarda, levantándose poco a poco como guiada invisiblemente por la que se llama Socorro de los cristianos, hizo al mismo tiempo la señal sagrada…”

(…) al concluirlo diciendo: ‘Gloria al Padre al Hijo y la Espíritu Santo, por los siglos de los siglos’, la Virgen Luminosa desapareció de repente, volviendo a entrar sin duda en los cielos eternos donde reside la Santísima Trinidad…” (p.30).

2. 1858. El 14 de febrero.  (Domingo de Quincuagésima.  Carnestolendas).

“…Entonces Bernarda, acordándose de lo que había prometido, se levantó, y meneando a prisa y varias veces la botella, roció a la maravillosa Señora, que con gracia sin igual se mantenía a algunos pasos delante de ella, en el interior del nicho.

-Si venís de parte de Dios, acercaos, dijo Bernarda.

Al oír las palabras de la niña la Virgen se inclinó repetidas veces, y se adelantó hasta el borde de la roca. Parecía sonreírse por las precauciones de Bernarda y por sus armas de guerra, y al oír el sagrado nombre de Dios, su rostro se inclinó…” (pp. 36-37).

3.    1858. El 18 de febrero

 “…Señora mía, dijo la niña, si tenéis algo que comunicarme, tened la bondad de escribir quien sois y que es lo qué queréis.

 La Virgen divina se sonrió al oír esta sencilla petición. Sus labios se abrieron y habló:

-Lo que tengo que decirte, respondió, no necesito escribirlo. No quiero sino que tengas a bien venir aquí por quince días.

 (…) “y Yo, dijo, te prometo hacerte feliz, no en este mundo, sino en el otro…”

 (…) Bernarda se dirigió a la aparición.

-Pueden venir contigo, respondió la Virgen, ellas y otros más. Deseo ver gente en este lugar…” (pp.  44-45).

4. 1858. El 19 de febrero

Aparición.

“…Había ya en la gruta como un centenar de personas cuando Bernarda llegó…” (p.47).

5.1858. El 20 de febrero

Aparición.

“…al otro día se encontraban como cuatro o quinientas…” personas cuando Bernarda llegó. (p.47).

 6. 1858. El 21 de febrero. (Primer domingo de Cuaresma)

“… La aparición había mudado de lugar, y ahora no podía mirarla sino por la abertura interior.

 La mirada de la Santísima Virgen pareció recorrer toda la tierra en un instante, y luego la dirigió, impregnada de dolor, hacia Bernarda.

 - ¿Qué tenéis? ¿Qué debe hacerse? Murmuró la niña.

 -Orar por los pecadores, respondió la Madre del género humano…” (p. 67).

7. 1858. El 23 de febrero

“…- Bernarda, decía la divina Madre.

 -Aquí estoy, dijo la niña.

-Tengo que decirte a ti una cosa secreta, que sólo a ti te concierne. ¿Me prometes no contarla en este mundo a nadie?

 -Os lo prometo, dijo Bernarda. **

(…) Y ahora, hija mía, dijo a Bernarda, ve decir a los sacerdotes que quiero se me levante aquí una capilla…” (pp. 98-99).

8. 1858. El 24 de febrero

(…) Luego me dijo que orase por los pecadores y me mandó que subiese hasta el centro de la gruta. Y por tres veces pronunció estas palabras: ¡Penitencia, penitencia, penitencia! …” (p.116).

9. 1858. El 25 de febrero

(…)– Hija mía, dijo, quiero confiarte, siempre para ti sola, un secreto que será el último, que sólo a ti concierne, y que a nadie en el mundo has de revelar…”

(…) -Y ahora prosiguió la Virgen después de una pausa, ve a beber y a lavarte a la fuente, y come de la hierba que crece al lado de ella…”

 Bernarda se dirigió a el Gave.

 “…una palabra y un ademán de la aparición la detuvieron.

 “-Allá no; no te he dicho que bebas en el Gave, acércate a la fuente, aquí está…” (pp. 125-126).

10. 1858. El 27 de febrero

 “… la aparición se manifestó sin nueva particularidad…” (p.149).

11. 1858. El 28 de febrero

“… la aparición se manifestó sin nueva particularidad…” (p.149).

12. 1858. El 1 de marzo

“…La aparición se manifestó sin nueva particularidad; la fuente se aumentaba y las curaciones milagrosas eran más…” (p.149).

13. 1858. El 2 de marzo

“… Ella quiere que se levante una capilla y que se hagan procesiones a la gruta, le dijo a la niña…” (p.150).

14. 1858. El 3 de marzo

“…La aparición había mandado a la niña como los días anteriores ir a beber del agua y a lavarse en la fuente y a comer de la hierba de que hemos hablado; y luego le ordenó de nuevo que fuese a buscar a los sacerdotes y a decirles que quería le edificasen una capilla e hiciesen procesiones a ese lugar.

La niña había rogado a la aparición que le dijese su nombre; pero la Señora radiosa no había respondido a esta pregunta…” (p.169).

15.1858. El 4 de marzo

 Curación del niño Justino en la fuente milagrosa.

 “…-No; dijo la madre, no ha muerto la Santísima Virgen lo sanará…” (p.177).

16.1858. El 25 de marzo

Bernarda.

-Oh mi señora yo os ruego, ¿querríais tener la bondad de decirme quién sois, y cuál es vuestro nombre?

(…) “-YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”. (pp. 195-196).

17. 1858. El 5 de abril

Bernarda en presencia de la Santísima Virgen María.  El milagro del cirio.

“…Levantó un poco las manos y las dejó descansar suavemente, y sin advertirlo, sobre el borde del cirio encendido. La llama se puso a pasar ligeramente por entre sus dedos entreabiertos y a elevarse por encima, oscilando, acá y allá, según el tenue soplo del viento…” (p. 205).

La vidente no sufrió quemaduras después de 15 minutos de tener la llamarada en su piel.

18. 1858.  El 16 de julio

“…La Inmaculada Virgen que se sonreía dulcemente, como para confirmar lo pasado e iluminar todo lo porvenir. Ni una palabra salió de sus divinos labios. En cierto momento, inclinó la cabeza hacia la niña como para decirle o un ‘hasta la vista’ muy lejano, o un ‘adiós postrero’. Después desapareció y entró en los cielos…” (p.316).

*Artículo escrito con Inteligencia Natural (IN)

**Los secretos confiados por la Santísima Virgen a Bernarda nunca fueron revelados.

 

jueves, 19 de febrero de 2026

Nuevos estatutos de la PAMI


 

Estimados académicos:

 

Amigos de nuestra Pontificia Academia Mariana Internationalis,

 

El 7 de febrero de 2026, durante la celebración del Congreso Mariológico Mariano Internacional Extraordinario en Monte Bérico, Vicenza (del 6 al 8 de febrero), se anunció la aprobación de los nuevos Estatutos de nuestra Academia. La renovación, como reiteró el Santo Padre León XIV, se realizó "por la necesidad de adaptar la estructura normativa de la Pontificia Academia Mariana Internacional al desarrollo de su mandato y a la estructura actual de las instituciones curiales".

Como muchos de ustedes saben, el proceso de renovación comenzó en 2017 con la participación activa de quienes presentaron sugerencias y propuestas. Se retrasó debido a la reforma de la Curia Romana, se reanudó el año pasado con la Secretaría de Estado y finalmente ha concluido.

Las nuevas características son:

1. goza de personalidad jurídica pública canónica y civil vaticana, tiene su sede legal en el Estado de la Ciudad del Vaticano, en Via del Pellegrino, y mantiene su sede operativa histórica en el Colegio Internacional de San Antonio, en Via Merulana 124/B.

 

2. Mantiene colaboración con la Universidad Pontificia Antonianum, pero no puede agregarse a ella por ser una institución superior del Vaticano.

 

3. Se especifica

 

a) la "tarea de promover y apoyar la investigación mariológico-mariana en todos los niveles y de coordinar sus estudios en el contexto de una evangelización siempre renovada, teniendo en cuenta el lenguaje de las diversas culturas y las manifestaciones marianas específicas de cada pueblo";

 

b) la implicación de las Sociedades Mariológicas y de las diversas instituciones eclesiales y culturales, de los centros de formación religiosa o laica, de las Conferencias Episcopales, de las Diócesis y de las Parroquias, así como de los Movimientos Marianos y de los Santuarios;

 

c) el objetivo sigue siendo el de difundir una sana mariología en vistas a una sana piedad popular, a fin de evitar cualquier forma de maximalismo o minimalismo.

 

4. PAMI se define como un “lugar dedicado al encuentro y al diálogo entre culturas” que promueve el conocimiento y la veneración de la Madre del Señor, en clave intercultural y con atención a la dimensión ecuménica e interreligiosa.

 

5. El PAMI debe promover la fundación de Sociedades, Centros y otras Instituciones orientadas al encuentro intercultural y al diálogo entre estudiosos de la Mariología y de la piedad mariana.

 

6. Todas las actividades deberán realizarse siempre en acuerdo con la Secretaría de Estado, el Dicasterio para la Cultura y la Educación y el Episcopado local.

 

7. Los miembros también pueden ser no cristianos.

 

8. Las instituciones también pueden hacerse miembros.

 

9. Los miembros ordinarios son aprobados por la Secretaría de Estado.

 

10. Aparece la figura del Socio Emérito.

 

11. Los miembros del Consejo son elegidos por los Miembros Ordinarios de entre todos ellos y ya no se les exige residir en Roma. Deben representar a las diversas zonas geográficas del mundo y actuar como portavoces de las Sociedades Mariológicas nacionales.

 

12. También se ha simplificado la elección del Presidente, requiriéndose únicamente la opinión del Consejo.

 

13. El secretario ya no es nombrado por el Pontífice, sino que es nombrado de acuerdo con el Presidente por el Ministro general OFM con la aprobación de la Secretaría de Estado.

 

14. Finalmente, se reconoce a la Oficina de Promoción y Desarrollo.

 

Recuerdo que este año el PAMI cumple 80 años y estamos planeando algunas actividades, entre ellas un congreso (probablemente dedicado a los aportes de la Mariología a la Iglesia y del Magisterio a la Mariología; también está previsto publicar un manual de terminología mariana y un nuevo diccionario sobre las apariciones).

 

Con la asistencia de algunos miembros de la Junta Directiva al Congreso, ya hemos considerado iniciar un nuevo proyecto —retrasado por la espera de los Estatutos— para renovar nuestras actividades y aumentar la participación de los miembros.

 

Por eso, os pido sugerencias y propuestas para un camino mariano que todos los estudiosos de Mariología podamos emprender juntos para el avance del verdadero conocimiento de la Madre del Señor, camino que nos lleva a Dios.

 

Un saludo fraternal

 

P. Stefano Cecchin, presidente.