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| Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda |
Santísima Virgen, Madre de Dios, mira con bondad desde el cielo, donde
reinas, a este miserable pecador, tu siervo. Consciente de su indignidad, en
reparación por las ofensas cometidas contra ti por lenguas impías y blasfemas,
desde lo más profundo de su corazón te bendice y exalta como la más pura, la
más bella y la más santa de todas las criaturas.
Bendice tu santo nombre, bendice tus sublimes prerrogativas como
verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, como
CORREDENTORA DEL GÉNERO HUMANO. Bendice al Padre eterno, que te eligió de
manera especial como su Hija; bendice al Verbo Encarnado, que, al asumir la
naturaleza humana en tu purísimo seno, te hizo su Madre; bendice al Espíritu
Santo, que te eligió como su Esposa. Bendice, exalta y da gracias a la augusta
Trinidad que te eligió y te favoreció tanto que te elevó por encima de todas
las criaturas a las más sublimes alturas.
Oh santa y misericordiosa Virgen, implora el arrepentimiento de tus
ofensores y acepta este pequeño homenaje de tu siervo, obteniendo también para
él, de tu divino Hijo, el perdón de sus pecados. Amén.
El 22 de enero de 1914, el Papa San Pío X concedió que los fieles
cristianos que recen esta oración con corazón contrito y devoto obtengan una
indulgencia de cien días, aplicable también a los difuntos. La presente
indulgencia es válida a perpetuidad y sin necesidad de breve expedición.
Fuente: https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-06-1914-ocr.pdf (páginas108-109).

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