jueves, 29 de enero de 2026

Las letanías de la Virgen, oración bogotana

 Foto Ricardo Castaño Rueda

 


 

Bogotá, 1870

Documento Biblioteca Nacional de Colombia

 

Sin María Santísima le faltaría una prueba o una gracia más al cristianismo. Sin María, ¿quién sería la maestra de los santos? SANTA MARÍA: sin María no seríamos hijos de la madre de un Dios, SANTA DEL GENITRIX: sin la primera de todas las vírgenes, ¿cuál sería el modelo de todas las demás? SANTA VIRGO VIRGINUM: sin la verdadera madre del Hijo de Dios, ¿cuál de las hijas de Jacob hubiera dado al género humano el autor de su libertad y a los cristianos el nombre? MATER CHRISTI: sin la Madre de la Divina Gracia le faltaría al cristianismo la dispensadora de las misericordias del cielo, MATER DIVINE GRATIE: sin la madre sin mancha carecería de decencia el nacimiento del santo por esencia, MATER PURISSIMA: sin la madre del casto amor, el pudor carecería de todos sus encantos, MATER CASTISSIMA: sin la madre virgen su parto no habría sido un milagro, ni su preservación una excepción y un privilegio, MATER INVIOLATA: sin la madre pura y limpia el pecado no hubiera tenido quien le detuviese en su funesto curso, MATER INTEMERATA: sin la madre sin mancha no estaría libre el cristiano de la mancha de Adán, MATER INMACULATA: sin la dulce Madre a ¿quién amaríamos más después de Dios? MATER AMABILIS: sin la madre admirable nuestra admiración carecería sobre la tierra del más digno objeto, MATER ADMIRABILIS: sin la madre del Creador todo otro seno de las criaturas no habría podido llevarle dignamente, MATER CREATORIS: sin la madre del Salvador el mundo en la presente providencia no se habría salvado, MATER SALVATORIS: sin la virgen prudentísima faltaría el mejor modelo de moderación y de prudencia, VIRGO PRUDENTISSINA: sin la virgen digna de toda veneración faltaría el motivo a la nuestra y el recurso en nuestras necesidades, VIRGO VENERANDA: sin la virgen proclamada y digna de alabanza en todos tiempos ¿a quién ofreceríamos el pequeño tributo de nuestra confianza y de nuestros elogios? Virgo PRÆDICANDA: sin la virgen poderosa ¿sería tan grande como es el número de los milagros? VIRGO POTENS: sin la virgen depositaria de la divina clemencia ¿quién tendría en el cielo y en la tierra tanto ascendiente sobre el hijo de Dios? VIRCO CLEMENS: sin la más fiel de las vírgenes nos faltaría la dulce certidumbre de su protección, VIRGO FIDELIS: sin María la justicia infalible no reflectaría en ella como en un espejo terso y claro, SPECULUM JUSTITIE: Sin María faltaría el trono o asiento de la sabiduría, SEDES SAPIENTLE: sin María nos faltaría la causa de nuestra recreación espiritual, CAUSA NOSTRE LETITLE: sin María no tendríamos el vaso precioso que encierra los ejemplos de la vida del espíritu, VAS SPIRITUALE: sin María faltaría el vaso más honrado y más digno de serlo, VAS HONORABILE: el precioso vaso en que ofrecemos los agradables sacrificios de nuestra voluntad a la divina, VAS INSIGNE DEVOTIONIS: sin la rosa misteriosa faltarían las más suaves delicias en los campos de la Iglesia, ROSA MÍSTICA: sin la torre de David no tendría el cristianismo una columna firme y elevada que lo defendiese, TURRIS DAVIDICA: sin la torre blanca como el marfil faltaría la fuerza que consiste en la perfección, TURRIS EBURNEA: sin María ¿cuál sería el palacio que encerrase todos los tesoros? DOMUS AUREA: ¿cuál sería el templo de la nueva alianza? FEDERIS ARCA; ¿cuál seria la mano propicia que nos abriese la puerta de la segunda patria? JANUA COELI: sin la estrella de la mañana faltaría el astro precursor del Sol de gracia, STELA MATUTINA: faltaría el puerto siempre accesible a los débiles y enfermos combatidos por los vientos de la adversidad y los dolores, SALUS INFIRMORUM: faltaría el abrigo al pecador trémulo, que huye del naufragio de la eternidad, REFUGIUM PECCATORUM: la viuda y el huérfano no tendrían a su dulce consoladora, CONSOLATRIX APLICTORUM: ni el cristianismo tendría una amiga generosa de todos los amigos de la verdad, AUXILIUM CHRISTIANORUM: sin María los ángeles no tendrían una reina que con su presencia les aumentase la gloria, y a quien celebrar con sus liras inflamadas de amor, REGINA ANGELORUM: ni los patriarcas una soberana por quien gozan de las realidades instituidas a las figuras, REGINA PATRIARCHARUM: ni los profetas, cuyas bocas inspiradas anunciaron tantas veces la mujer mortal que sería un día la madre inmortal de su Dios, tendrían una reina que les es propia, REGINA-PROPHETARUM: ni los apóstoles hubieran tenido una maestra y reina que con el apostolado de su humildad y el imperio de su ejemplo los alentase en sus trabajos, REGINA APOSTOLORUM: ni los mártires que sellaron con su sangre el Evangelio cayendo a los golpes de sus enemigos, hubiesen tenido a quien llamar en su socorro, REGINA MARTYRUM: ni los confesores a quienes el nombre de la madre infundía el valor de sufrirlo todo por el nombre del Hijo, hubieran tenido una reina que autorizase su pública confesión de fe, REGINA CONFESSORUM: sin María ¿a quién seguirían tantas vírgenes que menosprecian el mundo y sus ídolos, la adulación y sus peligros, el lujo y sus ilusiones? REGINA VIRGINUM: sin María ¿quién merecería el título de reina de todos los santos? REGINA SANCTORUM OMNIUM; sin María, en fin, no hubiéramos oído la voz augusta del Padre común de los fieles, del inmortal PÍO IX, voz que escucharon con respeto más de trescientos millones de católicos, porque bajó de los cielos, voz que escucharon con alegría y con amor, porque declaró de fe la piadosa creencia que profesaron y defendieron tenazmente por espacio de tantos años, REGINA SINE LABE ORIGINALE CONCEPTA.

 

¿Y el protestantismo se atreverá a acusarnos de exageración en nuestras letanías tan sencillas y tan sublimes? Que el genio de la piedad nos dejó escritas; que están traducidas en todos los idiomas; que se rezan a coros en las chozas de los campos, como en los templos de los pueblos y ciudades; que las criaturas que comienzan a hablar repiten balbucientes en los brazos de sus madres; que los navegantes cantan con plácida confianza en medio de una borrasca? ¿Y seria exaltada la sensibilidad devota de un san Bernardo, el infatigable defensor de las glorias de MARÍA? ¿Y seria demasiada la ternura de un san Felipe Neri cuando la llamaba su mamá? ¡Oh MARÍA, a quien me es más fácil invocar que alabar! ¡Con cuánta alegría contemplo tus excelencias, tus virtudes y tu mérito!

 

 

 

 

 

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