Acordaos ¡oh sagrado Corazón de
Jesús! de todo lo que habéis hecho por salvar nuestras almas, y no las dejéis
perecer. Acordaos del eterno e inmenso amor que habéis tenido por ellas; no
rechacéis estas almas que vienen a Vos, agobiadas bajo el peso de sus miserias
oprimidas bajo el de tantos dolores. Conmoveos a la vista de nuestra debilidad,
de los peligros que nos rodean por todas partes, de los males que nos hacen
suspirar y gemir.
Llenas de confianza y amor,
venimos a vuestro Corazón, corno el corazón del mejor de los padres, del más
tierno y más compasivo amigo. Recibidnos, ¡oh Corazón sagrado! en vuestra
infinita ternura; hacednos sentir los efectos de vuestra compasión y de nuestro
amor; sed nuestro apoyo, nuestro mediador cerca de vuestro Padre, y en nombre
de vuestra preciosa sangre y de vuestros méritos, concedednos la fuerza en
nuestras debilidades, consuelo en nuestras penas, y la gracia de amaros en el
tiempo y de poseeros en la eternidad.
Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
Corazón de Jesús, yo vengo a Vos
porque sois mi único refugio, mi sola pero cierta esperanza; Vos sois el
remedio de todos mis males, el alivio de todas mis miserias, la reparación de
todas mis faltas, la seguridad de todas mis peticiones, la fuente infalible e
inagotable para mi, y para todos la luz, fuerza, constancia, paz y bendición.
Estoy seguro que no os cansaréis
de mí y que no cesaréis de amarme, protegerme y ayudarme, porque me amáis con
un amor infinito.
Tened piedad de mí, según vuestra
gran misericordia, y haced de mí, por mí, y en mí todo lo que queráis, porque
yo me abandono a Vos con una entera confianza de que Vos no me abandonaréis
jamás. Así.
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