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| Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda |
San Bernardo. Homilía del domingo en la Octava de la Asunción
El martirio de
la Virgen es sugerido tanto por la profecía de Simeón como por la narración de
la Pasión del Señor. “Él será un signo de contradicción”, dice Simeón hablando
del niño Jesús. Dirigiéndose a María agregó
“Una espada atravesará tu corazón”
(cf. Lc 2,34-35). Si, bienaventurada Madre, tu corazón fue atravesado por una
espada y una espada traspasó la carne de tu Hijo. Cuando tu Jesús -que es de
todos pero especialmente de ti- entregó el espíritu, la lanza cruel no llegó a
su alma. Al estar ya muerto, la lanza no le causó dolor. Pero ella atravesó tu
alma. En ese momento, ya no podía atravesar el alma suya porque ya no estaba.
Pero tu alma, no podría nunca más separarse de él. (…)
Quizás alguien
preguntará si María no sabía por adelantado que él debía morir. Si, sin dudas.
¿No esperaba ella verlo resucitado en seguida? Si, en eso confiaba. Entonces,
¿sufrió cuando lo vio crucificar? ¡Por cierto y con qué violencia! ¿Quién eres
tú, hermano, y de dónde te viene tal sabiduría, al asombrarte más de la
compasión de María que de la pasión del Hijo de María? ¿Él pudo morir de la
muerte del cuerpo y ella no habría podido morir con él de todo corazón? En él
se realiza la obra de un amor que nadie puede superar. En ella, es el amor que,
después del primero, nunca habrá otro igual.
Salve María! gracias por estos escritos que llegan en el momento justo. Dios te bendiga hoy y siempre.
ResponderEliminarUn abrazo mariano y colombiano tan grande como el continente
EliminarMil bendiciones
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