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| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
Alma infeliz inobediente y necia
que rebelde a tu Dios has ofendido.
Mira su noble Corazón herido
y ardiendo en llamas de indecible amor.
Si conocieras la sin par ternura
con que para ti se ofrece en sacrificio.
No despreciaras, ay, el beneficio
Que te concede, ingrata, tu Señor.
Amor inmenso le arrancó del Cielo.
Y en el pesebre por tu amor lloraba.
Por ti en el huerto con fervor oraba
y fue por ti que en una cruz murió.
Herido su costado sacrosanto
con el agudo acero de una lanza.
La puerta del amor y la esperanza
a tu rebelde corazón abrió.
Más no bastaba a su amor ardiente
la sangre y los dolores del calvario
ni la cruz afrentosa, ni el sudario.
Ni la herida del Santo Corazón.
Y pensando amoroso en tu ventura,
y en aliviar tu duelo y tus pesares,
oculto se ha quedado en los altares,
para darte consuelo y protección.
Y en cambio de sus grandes sacrificios
amor no más, te pide noche y día ...
No te resistas más, ingrata impía,
vuelve rendida a sus divinos pies
y triste de ti si tu Señor se cansa,
y de ti se retira y te abandona;
que si el ama cual Padre, si el perdona,
también castiga, como justo juez.
No esperes el castigo, ven ahora
cuando lleno de amor Él te convida
para darte amoroso nueva vida
y llevarte a la patria celestial.
Ven a postrarte ante su augusto trono
de su eterna bondad y su ternura,
te llenarán del gozo y la ventura,
que te niega la dicha mundanal.
- IMPRESO CON LICENCIA. Colombia. AÑO DE 1858.
©Biblioteca Nacional de Colombia

iNFINITAMENTE BELLO, BENDICIONES
ResponderEliminarBello poema
ResponderEliminarHermosísimo poema y muy teológico
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