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| Foto Julio Ricrado Castaño Rueda |
Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“…Y enaltece a los
humildes…” (Lc 1, 52)
La humildad es la virtud con más significados subjetivos. Cada santo tiene
una definición particular sobre ella. Si eso pasa en el santoral, qué ocurre con
aquella dentro de los campos del veredicto de los penitentes.
Según el catecismo de la Iglesia católica, numeral 2559: “La humildad es la base de la oración. ‘Nosotros no
sabemos pedir como conviene’ (Rm 8, 26). La humildad es una disposición
necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un
mendigo de Dios. (San Agustín, Sermo 56, 6, 9). De ese modo, los pecadores orantes son humildes. Al menos en la
temporalidad de sus preces y su recogimiento interior. Sin embargo, la sana
doctrina se enfrenta a una realidad, la dictadura de lo opuesto.
¿Qué o quién define la humildad en la vida parroquial colombiana? ¿Los
agentes de pastoral tienen la potestad administrativa? ¿Su negación o
afirmación sirve para manipular, estigma social?
El esquema del cuestionario plantea la crisis nacida de una situación habitual.
En una reunión de alto nivel eclesial, un miembro aclaró un concepto reiterado a
la junta directiva. La jefa contestó:
“al hermano le falta humildad”. Los asistentes asintieron junto al silencio cómplice
de la actitud condenatoria. El San Benito quedó impuesto, matraca de leproso. Al
preguntarle a la estigmatizadora en qué basaba su condena pública. Ella, antes
de responder, consultó al oráculo de la decadencia. La IA la envolvió con el
dato constrictor de los memes. El algoritmo, principio del suicidio moral, determinó
la conducta a imponer.
El ofendido apeló. “Si sólo Dios le escruta a mi alma su modestia, ¿cómo
puede usted tildarme de su carencia?” La réplica laical fue lapidaria: “¡expúlsenlo
de la parroquia!”
La turba, encendida por la gazmoñería, le señalaba el patíbulo. Las guardianas
de la sacristía castigaron según su costumbre. La humillación, como forjadora
de humildad, es una conducta severamente infame. Ellas insistían en lo
contrario. El lector comprenderá que, deliberadamente, omita el pandemónium que
armó la razón del poder. Postura antitética de la razón de la verdad.
El sindicado acudió ante el tribunal de la misericordia para confesar su
confusión. El inculpado fue absuelto por inocencia manifiesta. Explicar, con
tono de discrepancia respetuosa, no violó las inmutables leyes divinas ni la sobornable
normativa penal. Afuera del confesorio, la sentencia de la camarilla quedó en
firme y sin apelación.
El calumniado, en un acto de prudencia, decidió redactar la estructura de
una tesis sobre la humildad. Para facilitar el encuentro con la modestia
utilizó el sufijo “aco” como nemotecnia para la vivencia de aquel vocablo de
múltiples acepciones. El resultado fueron tres verbos, con órdenes bíblicas,
diseñados para sostener la acción sencilla.
Acoger. Hágase en mi según tu palabra, el fiat de María. (Lc
1,38).
Confiar. Los envío como ovejas en medio de lobos. (Lc 10, 3).
Obedecer. Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
(Mt 6, 10).
Esos dones verbales son suplicados al Espíritu Santo por mediación del
Corazón Inmaculado de María.
Al damnificado sólo le quedó la certera esperanza de ser santo. El
aspirante a varón justo escribió su propia definición: “La humildad es una
gracia que une la obediencia humana a la voluntad de Dios”.
Excelente tema. Bien desarollado y sobre todo puso el dedo en la llaga. Felicitaciones. Ya era hora de que alguien alzara la voz.
ResponderEliminarMis respetos está muy bien escrita esa tesis. De antemano sabiendo que los que habla la verdad serán estigmatizados, perseguidos, agredidos, menospreciados por causa de la verdad, que es tradición.
ResponderEliminarJulito, nuevamente me dejas sumida en una profunda reflexión, los seres humanos somos muy ágiles en juzgar y condenar, sólo Dios nos conoce y a Él solo le interesa lo que realmente hay en lo profundo de nuestro corazón. Nuestra Madre Santísima guíe nuestro caminar para aprender, corregir y alcanzar la verdadera humildad, como era la de Ella.
ResponderEliminarQue descendimiento sobre la humildad inspirado sin duda por El Espíritu Santo y la Virgen María. Felicitaciones por aceptar ser su instrumento.
ResponderEliminarLo volveré a leer...
ResponderEliminarEstoy de acuerdo es un texto superior que ilustra e ilumina. Asemas invita la santidad.
ResponderEliminarExcelente trabajo. Dios lo siga guiando y dando mucha sabiduría.
ResponderEliminarEs genial. Tiene santidad y sabiduría.
ResponderEliminarQuerido Julito: el escrito es muy difícil de comprender para la mayoría.. Muy elegante pero no trasmite un mensaje que nos quede claro. De esta manera serán muy pocos los que se sientan atraídos a pertenecer a la S.M.C. por favor repítelo con palabras sencillas. Gracias.
ResponderEliminarEl tema es contundentemente claro. Me gustó porque pone de manifiesto un problema de vieja data. El poder laicas en las parroquias.
ResponderEliminarEn mi parroquia las dueñas hablan de humildad e imponen su yugo sobre la feligresía. Bien que alguien muestre una definición que condice a la santidad,
ResponderEliminarHay días en que leer al señor Castaño es un descanso para el alma.
ResponderEliminarMe encanta este tema. Bien expuesto, profundo y bello. Mil gracias
ResponderEliminarMe encantó el tema. Mil gracias bendiciones
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