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| foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
San Carlos de Foucauld (1858-1916)
“Aquí tienes a tu hijo”, dice el Señor a la Santa
Virgen. Nuestro Señor le da todos los seres humanos por hijos, pidiéndole un
corazón de madre para todos … Ella lo cumple y continuará toda la eternidad a
cumplir con perfección incomparable este pedido de Dios, como todos sus
pedidos. Seamos absolutamente seguros que ella tiene por todo ser humano un
corazón maternal. Dirijámonos a esta querida Madre todopoderosa en todo lo
necesario, con la total confianza de un niño a su madre. Una madre que ama
infinitamente más que lo que puede amar una madre terrestre. Es una madre que
puede obtener absolutamente todo de Dios, todo lo que es verdaderamente bueno
para el alma…
“Aquí tienes a tu Madre”. Esto se dirige a cada
alma. Todos tenemos que tratar a la Santa Virgen como a nuestra Madre, rendirle
las atenciones que un buen hijo debe a tan buena madre: afecto, honor,
servicio, confianza. O sea, ¡todo lo que Nuestro Señor le rendía a la Santísima
Virgen! Amémosla y honrémosla, cuidándola y permaneciendo con ella en la
oración. Sirvámosla, ayudando lo mejor que podemos en las obras que ella
favorece o que se emprenden en su honor. Tengamos en ella confianza absoluta e
invoquémosla sin dudar para lo que necesitemos, en deseos, emprendimientos,
obras y acciones (…). Mostrémonos hacia ella como el más tierno de los hijos,
recordando que ello es esencial en la obediencia a Jesús y la imitación de
Jesús. En la obediencia, porque él lo pide formalmente y con solemnidad desde
lo alto de la cruz. En la imitación, porque fue siempre un hijo modelo para su
madre…
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