miércoles, 21 de octubre de 2026

Los santuarios fuentes de luz, de amor y de vida

Foto Julio Ricardo Castaño Rueda

 

 

 

P.E.D. Lacordaire, O.P.

 

Cierto que la elocuencia y la poesía no se hallan tan expuestas a morir como un monumento arquitectónico, pero así la primera como la segunda no hablan sino a espíritus cultivados, en los libros siempre escasos, y que no llegan sino a manos privilegiadas. El monumento se adapta a los ojos y al corazón del pobre tiene en él todos; en un lugar, lo mismo que el rico, y el hombre sencillo pues de admirarlo al par que el artista. Por eso todo pensamiento grande busca exteriorizarse en grandes monumentos y desde la torre de Babel hasta el templo de Salomón y desde el templo de Salomón hasta la basílica de San Pedro, has visto al hombre crear constantemente en el mármol o en el granito representaciones más memorables y solemnes de los altísimos objetos da su amor y de su fe.

Son en la tierra los lugares santos lo que los astros en el cielo: fuentes de luz, de amor y de vida. Y si no se preguntase por qué el Señor ha santificado esta montaña o aquel valle, daría lo mismo el inquirir por qué ha hermoseado el firmamento con la estrella fija que guió nuestros hijos y a nuestros hermanos sobre las ondas alborotadas del océano. ¡Ah! Pluguiese a Dios que no fueran tan raros estos sitios donde ha revivido el amor. Ojalá que nuestro corazón pudiera encontrar con más frecuencia sobre esta helada tierra algunas cenizas donde calentarse. Mas sucede con lo que es santo como con lo que es grande, y si la gracia es avara de sus dones como la naturaleza, sepamos a lo menos reconocer sus maravillas y jamás repudiemos sus milagros.

 

 

3 comentarios:

  1. Sí, santuarios que se deben visitar

    ResponderEliminar
  2. Jaime Alfonso Castaño Rueda21 de octubre de 2026 a las 17:23

    ¡Salve María!

    Nos hallamos ante un escrito de notable excelencia literaria e intelectual, en el que la elegancia del lenguaje se conjuga con la profundidad del pensamiento y la riqueza de las referencias históricas y religiosas. El autor demuestra una admirable erudición y una sensibilidad excepcional, transformando la reflexión sobre el arte, la fe y lo sagrado en una prosa de singular belleza y trascendencia. La armonía de su expresión y la solidez de sus ideas revelan una pluma distinguida, capaz de elevar el conocimiento a una auténtica experiencia estética y espiritual. Una obra digna de reconocimiento por la nobleza de su estilo y la profundidad de su contenido.

    ResponderEliminar