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| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi
interior un espíritu firme” (Sl 51,12)
La maravillosa restauración del lienzo de la Rosa del Cielo contiene unas
etapas de mutación diseñadas por el Paráclito para un pueblo que estaba en tinieblas.
La acción sobrenatural se dividió en ciclos de materia, luz y eternidad.
Motivo: los testigos requerían comprender el prodigio.
La primera sección de ese fenómeno ocurrió en la capilla de la encomienda
de Chiquinquirá, propiedad de Catalina García de Irlos viuda de Santana. Data: el
26 de diciembre de 1586 entre las ocho y nueve de la mañana. Pascua de la
Navidad y fiesta de san Esteban Protomártir.
La corporeidad de lo palpable se generó cuando la tela, destruida y su
imagen borrada, se renovó. Los trazos torpes de Alonso de Narváez resultaron
retocados por un pincel ígneo. Los colores, naturaleza muerta, elaborados con
tierras y yerbas de Boiaca (1562) mostraron
tonos, volúmenes y figuras radiantes. El cuadro, cubierto por una gran refulgencia,
se iluminó. La figura de la Virgen, su unigénito, y sus dos santos
acompañadores retornaron a su origen universal, el de la doctrina. Los dibujos fueron plasmados para catequizar a
los nativos del Nuevo Reino de Granada.
El algodón, que por más de tres lustros contuvo la composición pictórica, mostró
la reparación de varios huecos, producto del oficio campestre del maltrato.
Algunos agujeros permanecieron abiertos al desgarro en memoria de las llagas
del Resucitado.
La dinámica de las fuerzas moldeadoras no se detuvo y desató los nudos que
fijaron el bastidor a la pared de la choza. La pintura se desplazó por el aire
hasta el sitio del oratorio de María Ramos. El cronista Tobar y Buendía, O.P.,
señaló en su tratado sobre el tema:
“…estaba
la milagrosa imagen en el suelo parada, un poco recostada, o inclinada hacia el
altar en el aire, sin que nadie la tuviera en el mismo lugar…”
La palingenesia enseñó instantes sorprendentes. Las inmutables leyes de la
química, la biología y la física estaban alteradas en su concepción funcional.
La regeneración de los pigmentos, la cabuya de los cordeles, sana, fuerte y
desamarrada. El desplazamiento aéreo del lienzo hasta el asiento con una
flotación en el éter alumbrado.
“La iluminación”, llaman todavía los ancianos venerables a Chiquinquirá. El
mote tiene su origen en aquel alucinante renovamiento. Los resplandores
lumínicos, registra la historia documentada, bañaron de luces la totalidad del recinto
sacro. El rostro de la Inmaculada quedó encendido aquel día.
El enigma de la
luminiscencia se volvió a repetir en pleno proceso jurídico sobre los hechos
ocurridos en los aposentos chiquinquireños.
El 31 de julio de
1588,
el
padre Gonzalo Gallegos acompañado del notario, Bartolomé Hernández de Molina,
mandó comparecer como testigos de la inexplicable iluminación del cuadro de
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá a Petronila del Valle, mujer de Juan
Ruiz Meléndez, vecino de la ciudad de Muzo, a Juan López de Lozada y a la viuda
Catalina del Valle entre otros conspicuos personajes. Además, el 5 y 6 de enero
de 1589 una nube resplandeciente, con gran luz, cubrió la estancia.
“…La gloria del Señor brilla sobre ti…” (Is 60, 1).
La luminosidad
volvió para estupor de los creyentes que visitaban la basílica de Chiquinquirá
(Boyacá). La brillantez se presentó en dos plazos puntuales. El 5 de julio de
1985, fiesta de san Antonio María Zacarria gran reformador de costumbres
pecaminosas y el 26 de marzo de 1999, Viernes de Dolores.
El período postrero es un acto perenne porque son los prodigios. A la
fecha, son 440 años de favores celestiales. La Villa de los Milagros extendió
su fama benefactora por el orbe católico y más allá. Las decenas de
generaciones, colombianas y foráneas, así lo certifican.
La conversión del alma del promesero, a través del gozo íntimo de los
sacramentos, es el proceso restaurador de una esperanza de salvación sin
tregua. Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, nombre castellano y muisca,
tiene en su tríptico trazo una invitación perentoria a la pascua perpetua, la
variable sin espacio ni tiempo del hombre justo.
La intercesión de María Santísima cumple con indicar el paso del deterioro
moral a la restauración del neuma por medio de una heroica santidad. Es la voluntad
de Dios, su Padre. Ella es la senda de perfectísima bondad para llegar al
Corazón de Jesús, su Hijo. La maternidad divina protege a la inmortalidad
redimida para alcanzar la beatitud por la gracia del Espíritu Santo, su esposo.
Esos arcanos conceptos están escritos en la manta renovada. Las almas mancilladas
por la dictadura del pecado vuelven en un instante misericordioso al esplendor del
bautismo. La oscuridad del yerro, tiniebla injertada en la conducta, muere ante
el relámpago de una bendición iluminada. Ego te absolvo a peccatis tuis.
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá enseña, con su humilde silencio
de esclava, la opción fascinante de vivir en la alegría superior e intocable de
la pascua por renovación.
Excelente, gracias
ResponderEliminarMuy bueno bendiciones
ResponderEliminarRecibido
ResponderEliminarCorazón aclamado
ResponderEliminarCreo que las fechas son de 1500 no de 1900
ResponderEliminarGracias por comentar. Las fechas están correctas. Hubo iluminación en el siglo XX. Fue muy famosa la de 1999.
ResponderEliminarTe saludo desde el lugar donde originalmente ocurrio el milagro, me llama la atencion el VUELO DEL LIENZO como para escribir algo sobre ese maravilloso acontecimiento muy desconocido.
ResponderEliminarFuerte abrazo mi hermano
Un abrazo Marco. Bendiciones. Si ese trabajo ya lo hicimos. Lo busco y te lo envío.
EliminarSu estima por la Patrona es muy grande. Muchas gracias. Escritor, periodista y pensador.
ResponderEliminarDoble bendición y muchas gracias
ResponderEliminargracias por compartir este relato, ojala sean muchos más de nuestra madre
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarSeñor Franco, muy amable por su comentario. En este blog se han publicado más de un centenar de artículos y crónicas sobre la historia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Si lo desea puede consultar otros temas al respecto.
EliminarMuy interesante el tema de la renovación.
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarMe encantó el tema. Gracias y bendiciones
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