Academia de estudios marianos, fundada el 22 de septiembre de 1959 por el sacerdote alemán Richard Struve Haker, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Bogotá, con el permiso de la XIX Conferencia Episcopal Colombiana. La Revista Regina Mundi es su órgano de difusión. www.sociedadmariologicacolombiana.com
domingo, 26 de diciembre de 2021
jueves, 23 de diciembre de 2021
miércoles, 15 de diciembre de 2021
La Virgen de Chiquinquirá, ¿volverá a bajar de su trono?
| Foto. Estudio del lienzo. Archivo frailes dominicos |
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
El lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá tiene en su esencia un tejido
de milagros. Los prodigios de la tela fueron documentados por una historia
maravillosa y adversa.
El próximo 26 de diciembre cumple 435 años de su sagrada
y misteriosa renovación, gracia del Altísimo. En su trayectoria de signo vital
para la cultura colombiana sufrió el abuso del manual operativo para destruir
una obra de arte. La práctica demoledora contiene desde la piadosa conducta de
refregarle camándulas, niños y herramientas de labranza hasta el secuestro
sacrílego de Serviez, 1816. Luego se escribió una lista negra de atentados. El
último, el pasado 9 de julio con el ataque brutal contra el cristal protector y
el robo de sus coronas.
Lo indiscutiblemente asombroso es su capacidad para
resistir la crucifixión del vandalismo. Su delicada fortaleza clama un límite,
una tregua. Así lo reseñó el estudio técnico patrocinado por los frailes
dominicos y ejecutada por el departamento de restauraciones de la comunidad
franciscana, Provincia de Santafé y la Universidad Externado de Colombia.
El resultado del análisis, presentado el 6 de diciembre
de 2021, dejó recomendaciones para la preservación del cuadro. Indicaciones que
serán debidamente ejecutadas por la comunidad dominicana. El informe final
también consignó una postura de amparo técnico, pero controversial. Ellos, los
especialistas, solicitaron no bajar el lienzo para procesiones u otros actos
eclesiales. Motivo: salvaguardar la pieza tan amada. La pérdida de la capa
pictórica, entre varios males producto del trajín devocional, lo reclama.
En síntesis, el mantenimiento de la pintura dependerá de
los paliativos curativos. El retorno o no de la Rosa del Cielo a las calles de
la Villa de los Milagros será la voluntad de Dios.
miércoles, 8 de diciembre de 2021
Tota pulchra
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
La misericordia omnipotente del Todopoderoso empleó la gracia del diseño celestial, misterio de caridad, para gestar la sustancia inmaculada (neuma y soma) de la madre virgen del Verbo Encarnado.
La criatura
perfecta, por la voluntad creadora del Omnipotente, heredó la merced de la
ausencia total del yerro. La fémina sin mácula recibió en su alma la Palabra
“porque llevaste en tu seno al que no pueden contener los cielos”, san Luis
María de Montfort.
El misterio de la Encarnación redactó en la Hija de Sión la historia funcional de la corredención, legado vital derivado de su carísimo privilegio. Ella es el testigo cooperador de la victoria, dinámica de su pudor. Su descendencia aplastó la cabeza de la serpiente infernal.
La derrota contundente del mal se originó en el sólido sustento de la totalidad de su pureza. Así lo dispuso la sentencia terrible de la restauración: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar”. (Gn 3,15).
La humanidad, nacida en el barro del paraíso, heredó el polvo del sepulcro. El ocaso de Adán tuvo su redención por el sacrificio del Nazareno, el Dios crucificado y resucitado, el Hijo de María. Ella, la doncella santísima, recibió la plenitud de la gracia para con su intercesión absoluta abogar por la raza de Eva.
jueves, 2 de diciembre de 2021
El combate por la pureza
Homilía (08-12-1960):
jueves, 25 de noviembre de 2021
Sobre el tiempo de Adviento
(Acta Ecclesiae Mediolanensis, t. 2, Lyon 1683, 916-917)
De las cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo
Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para librarnos de la tiranía y del poder del demonio, invitarnos al cielo e introducirnos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñarnos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecernos con los tesoros de su gracia y hacernos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa, y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísimo de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecernos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.
jueves, 18 de noviembre de 2021
Oración de María para sus fieles esclavos
San Luis María de Montfort .
(El secreto de María)
Salve, María,
amadísima Hija del Eterno Padre; salve, María, Madre admirable del Hijo; salve,
María, fidelísima Esposa del Espíritu Santo; salve, María, mi amada Madre, mi
amable Señora, mi poderosa Soberana; salve, mi gozo, mi gloria, mi corazón y mi
alma. Vos sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia.
Pero todavía no lo soy bastante.
De nuevo me entrego a Vos todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada ni para mí, ni para otros. Si algo veis en mí que todavía no sea vuestro, tomadlo en seguida, os lo suplico, y haceos dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrade a Dios y plantad, levantad y producid todo lo que os guste.
La luz de vuestra fe disipe las tinieblas de mi espíritu; vuestra humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; vuestra contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; vuestra continua vista de Dios llene de su presencia mi memoria, el incendio de caridad de vuestro corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a vuestras virtudes mis pecados; vuestros méritos sean delante de Dios mi adorno y suplemento. En fin, queridísima y amadísima Madre, haced, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el vuestro para conocer a Jesucristo y su divina voluntad; que no tenga más alma que la vuestra para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el vuestro para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Vos.
No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Vos el ver claro, sin tinieblas; para Vos el gustar por entero sin amargura; para Vos el triunfar gloriosa a la diestra de vuestro Hijo, sin humillación; para Vos el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios.
Esta es, divina María, la mejor parte que se os ha concedido, y que jamás se os quitará, que es para mí grandísimo gozo. Para mí y mientras viva no quiero otro, sino el experimentar el que Vos tuvisteis: creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Vos, sin interés, como el más vil de los esclavos.
La sola gracia, que por pura misericordia os pido, es que en todos los días y en todos los momentos de mi vida diga tres amenes: amén (así sea) a todo lo que hicisteis sobre la tierra cuando vivíais; amén a todo lo que hacéis al presente en el cielo; amén a todo lo que hacéis en mi alma, para que en ella no haya nada más que Vos, para glorificar plenamente a Jesús en mí, en el tiempo y en la eternidad.
Amén