jueves, 28 de febrero de 2019

La Patrona, las huellas del retorno



Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá recibe las voces que emanan de las almas de los peregrinos. Es el eco de la romería, la súplica por una alegría eterna.

El gentío deja sobre el atrio de la basílica las improntas de los andariegos. En cada veladora arde un pequeño relato sin registro porque la prisa ordena el impulso del regreso.

El comentario en voz baja construye la confesión sacramental y pública. La segunda se puede incluir en estas páginas porque se torna en el archivo colectivo de un conglomerado.

El desfile trae corazones anhelantes por hablar. La oralidad cumple con un desahogo desfallecido.  El vociferar de la multitud se compone de prosas y coplas, herejías y bendiciones, misterios y embustes.

El choque de las muchedumbres contra las paredes saca chispas de cuentería y, a veces, escribe párrafos de un comportamiento social difícil de asimilar por la realidad doctrinaria de la verdad.

El ejemplo consignado, por la libreta de apuntes, muestra una persistencia en la tozudez por oposición. En el templo de la Renovación es común escuchar a un paisano decir en voz alta: “Ese no es el cuadro original”. Cuando sus familiares sorprendidos lo miran inquietos responde con pose y maneras de autodidacta: “Sí, los curas lo cambiaron porque mi taita me contaba que tenía muchas joyas y nos la veo”.

La controversia estalla. Tarea de alegatos. La cordura se disuelve entre la charlatanería y la especulación como consecuencia de la falta de un guía especializado en el tema. ¿El sujeto tiene la razón?, no.

La explicación es simple. El lienzo es conocido como “La Peregrina”, documento que enriquece la maestría pictórica. La tela original está bajo el baldaquino de la basílica. ¿Y las joyas? Las que no se entregaron en 1815 a la fallida causa de la independencia permanecen a buen recaudo. Se conoce como el Tesoro de la Virgen que está al cuidado de la Orden de Predicadores, guardián del santuario desde 1636.

Resuelto el enigma de la falacia, impuesto por la duda que trajo un comentario socarrón, se tiene la certeza de volver a oír el argumento de la sandez. Es la ausencia de patria que peregrina en busca de identidad.

El aliento de la virtud también vive en esa capilla primaria. Se trata de los ancianos venerables que con su humilde fidelidad mantienen vigente la esencia del prodigio. Los abuelos, de monumental autoridad, redactan el diario del compromiso. Son dos grupos.

Los primeros han peregrinado por décadas, una vez al año, desde cuando tuvieron conciencia de ser nietos. La mayoría pervive. Son los hijos de los años 30, recia generación de patriarcas. Llegan en diciembre con la puntualidad del aguinaldo para postrarse agradecidos. Algunos proclaman que es su última mirada a la Patrona, la próxima será en el cielo porque ya pasaron de las 80 y tantos viajes. Lo cual no obstaculiza el paso vigoroso de un nonagenario que ingresa para santiguarse reverente ante el sagrario. Esos gigantes, de bordón y alpargate, se quedan tendidos en el piso de la basílica. Sus piernas inflamadas, por una extenuante caminata de varios días, atestiguan su deslumbrante devoción.

Los segundos tienen una característica inversa. Ellos han dejado pasar el presente para construir un futuro fugitivo. Son 70 años o más sin visitar a la Reina. Vinieron una vez, solo una, a principios de su puericia. Los trajines de la vida los alejaron de la Ciudad Promesa.

Hoy, ayudados por una fila de hijos maduros, vuelven al Pozo de la Virgen. La silla de ruedas, las muletas, los caminadores y el santo rosario concluyen la procesión. Jamás olvidaron a La Chinca. Su modo de llorar contagia porque la máquina del tiempo, los recuerdos, les ha permitió regresar al origen de sus devociones. María de Chiquinquirá, la Puerta del Cielo, los recibe con su cántico de acción de gracias: “…Auxilia a Israel su siervo acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y sus descendencias por siempre…” (Lucas 1, 55- 56).

Sus rezos perfuman con sus tonos de la humildad. Pidieron y recibieron porque la fuerza del promesero no duda en volver a la Villa de los Milagros.

Detrás de los mayores viene otro segmento de personas movidas por la tradición del Evangelio. Corresponde este conjunto a los forasteros. Los protagonistas son los niños que fueron bautizados en Colombia y criados en naciones lejanas. Sobre la dimensión de los 50 años vuelven como foráneos. Quieren indagar sobre lo que oyeron de pequeños. Chiquinquirá, palabra casi impronunciable para algunos, tiene un acento de tierra muisca y un sabor de leña. Su claridad iluminó las latitudes de las noches nevadas junto al regazo de la abuela.

La nostalgia los invade y desean saber cada detalle sobre la celestial crónica del trapo de algodón, famoso desconocido. ¿A qué escuela pictórica pertenece?, ¿qué pincel europeo lo plasmó?, ¿qué técnica se usó?, ¿la iglesia es un museo?, ¿por qué se renovó? El cuestionario se prolonga en una serie de preguntas sin pausa y sin respuestas objetivas.

El idioma no ayuda, los traductores menos y la Internet los confunde con sus muchas versiones erróneas sobre el suceso.

El viajero nostálgico sonríe agobiado porque quiere desyerbar sus raíces de tantas distancias y sentimientos. La confusión de la emocionalidad surte un efecto crítico. La vendedora de escapularios le cuenta su retahíla de un fenómeno que no ocurrió (la aparición de la Virgen).

La acompañante le traduce sin comprender porque su alergia al catolicismo así lo impone. Y por último, el primo, el acompañante por interés decide zanjar la cuestión con la búsqueda urgente de un restaurante. La argumentación bromatológica sentencia: “Hay que probar lo típico de la región”.

El jefe de comedor le entrega, por pagar en dólares, un panfleto donde aparece la imagen mariana acompañada de un resumen de los sucesos ocurridos en 1586. Los retazos informativos se juntan como una mazamorra de datos. La chabacanería criolla, el paseo de olla, la aversión nacional por sus valores autóctonos y la ausencia institucional de país cierran el ciclo del absurdo.

La historia de Chiquinquirá ha muerto en su cuna. Al excursionista solo le queda perseverar en las ternuras de su infancia. La tesis familiar no miente.

El extranjero optó por andar solo, sin parientes ni asesores, y buscar, con su pobre y caótico español, algo de indicación veraz y oportuna entre la gente del común. La muralla de las condiciones impuestas por la indiferencia surge al ritmo del no servicio traducido en el reiterado: “No hay, no está y no se puede”. La norma severa acumula trabas contra el turismo.

Por obra y gracia de un aparato tecnológico escoge tomar fotografías de las casas bellas. Los trazos de las calles comienzan a coincidir con la imaginación. Los cuentos de la niñez suben de categoría en los anaqueles de la remembranza. Las narraciones de antaño eran ciertas porque estaban empapadas de hogar y juventud.

El modo urbanístico completa la articulación de la memoria. El centro histórico de la villa guarda las reliquias. La verbena es la artería vital. Su funcionamiento es certeza.

Las curaciones siguen cumpliendo con el mandato evangélico consignado en Mateo 10, 8. El gentío, que inunda los espacios, ciñe de tumulto a la urbe de María Santísima.

El turista entiende la complejidad enorme de sus preguntas. La contestación necesita una reflexión. La introspección es necesaria para poder discernir qué significa el verbo renovar desde la perspectiva del prodigio, el arte alfarero del Omnipotente.

Pasa las horas lejos del hotel. Quiere volver a revisar el por qué una pintura desteñida, oscura y sin muchos linajes de obra máxima puede congregar gentes de lugares tan distantes y dispares en su cultura como Sídney (Australia) y Somondoco (Boyacá).

El remolino de sus circunstancias afectivas le oprimen el pecho. Sabe que ese terruño le pertenece genéticamente. Es inmensamente feliz por la jaculatoria escrita en la pizarra de su existencia.

La Patrona, como la denominaba su nana, está de pie en su trono.  Mira delicada a su Jesús que desea reinar sobre un pueblo noble e inteligente, pero lleno de extranjerismos en su nacionalidad producto atávico de su pasado colonial.

Al finalizar la semana, pudo retratar las costumbres, pero no encontró la oficina de información, dedicada a patrocinar las correrías de los hijos pródigos. Ese ente no existe.

Chiquinquirá sigue siendo un vocablo difícil de pronunciar en Colombia.

jueves, 21 de febrero de 2019

María busca una respuesta





Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana


El ritmo evangelizador del centenario de la coronación de la Virgen de Chiquinquirá es una voz potente de la Orden de Predicadores.

La Patrona recorre el país, sobre los hombros de los dominicos y de los laicos, para aglutinarlo bajo el amparo feliz del Evangelio de Jesucristo.

¿Escuchará la Nación su eterno mandamiento?: “Hagan lo que Él les diga” (Juan 2, 5). El mandato es la oportunidad de volver a bordar el corazón nacional con los hilos de la camándula, opción vital para edificar la patria de la virtud.

Ya salió María Santísima de Chiquinquirá a caminar de la mano de su pueblo consentido. Va por los delicados senderos del jardín mariano para recoger almas que perfumen la cruz de la reconstrucción de una bandera heroica, resurrección de la paz.

Su aroma maternal es la principal materia del arraigo ancestral. La tradición de su familia boyacense se funde en las romerías que sostienen la historia y su identidad sobre el pasar de los siglos.

El reto está planteado: “A Jesús por María”. Rumbo de aurora para que el ciudadano adormecido, por sus logros de egolatría mundana, restablezca su dignidad cristiana.

María de Chiquinquirá aguarda el Fiat de sus hijos. Colombia tiene la palabra.

jueves, 14 de febrero de 2019

“Yo soy la Inmaculada concepción”. Lourdes, 25 de marzo de 1858.





Purísima Reina de los ángeles; Águila real que llegaste a contemplar tan inmediatamente al Sol de increada Justicia, Jesucristo nuestro Señor; Aurora de la eterna luz, vestida siempre de los fulgores de la gracia; Centro del amor divino, donde halló su complacencia la Trinidad Beatísima; Ciudad santa, donde no entró cosa manchada, y fundada sobre los más altos montes de la santidad; Jerusalén celestial, ideada en la misma gloria e iluminada con la claridad de Dios. Por estos títulos de tu Concepción Purísima, te suplico, Reina mía, que cómo Águila real me ampares bajo las alas de tu protección piadosa; como Aurora de la gracia esclarezcas e ilumines con tus fulgores mi alma; como Centro del amor enciendas mi voluntad para que arda en el divino; y que me admitas benigna como a tu fiel morador en la Jerusalén triunfante, de la que eres Reina excelsa. Oye Señora mis ruegos, y por el gran privilegio de tu Concepción en gracia, concédeme fortaleza para vencer mis pasiones, y con especialidad la que más me combate; pues con tu intercesión y con el auxilio de la gracia, propongo emprender la lucha hasta alcanzar la victoria. Por mi Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

¡Virgen Santísima que de la dura peña hiciste brotar agua milagrosa, que sana las enfermedades del cuerpo y del alma! Arranca, poderosísima Señora, de nuestro endurecido corazón, lágrimas de verdadera penitencia, para que laven la lepra del alma, a fin de que el Señor nos perdone y levante de nosotros el azote de su indignación.

jueves, 7 de febrero de 2019

1er sermón para la Purificación de la Virgen María, 2.3.5; PL 185, 64-65





Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157).

Ahí tenéis, hermanos míos, entre las manos de Simeón, un cirio encendido. También vosotros, encended en esta lámpara vuestros cirios, quiero decir estas lámparas que el Señor os ordena tener en vuestras manos (Lc 12,35). «Acercaos a él y quedaréis iluminados» (Sl 33,6) de manera que vosotros mismos seáis más que portadores de unas lámparas: unas luces que alumbren vuestro interior y también al exterior de vosotros mismos y a vuestros prójimos.

¡Que tengáis una lámpara en vuestro corazón, en vuestra mano, en vuestra boca! Que la lámpara que tenéis en vuestro corazón brille para vosotros mismos, que la lámpara que tenéis en vuestra mano y en vuestra boca brille para vuestro prójimo. La lámpara de vuestro corazón es la devoción que inspira la fe; la lámpara de vuestra mano, el ejemplo de las buenas obras; la lámpara de vuestra boca, la palabra que edifica. Porque no debemos contentarnos con ser unas luces a los ojos de los hombres gracias a nuestros actos y a nuestras palabras, sino que nos es necesario brillar incluso delante de los ángeles por nuestra oración, y delante de Dios por nuestra intención. Nuestra lámpara delante de los ángeles es la pureza de nuestra devoción que nos impulsa a cantar recogidamente o a orar con fervor en su presencia. Nuestra lámpara delante de Dios, es la sincera resolución de dar gusto únicamente a aquel ante el cual hemos encontrado gracia...

A fin de que brillen todas estas lámparas, dejaos iluminar, hermanos míos, acercándoos al que es la fuente de la luz, quiero decir a Jesús que brilla en las manos de Simeón. Él quiere, ciertamente, iluminar vuestra fe, hacer que resplandezcan vuestras obras, inspiraros la palabra justa para decir a los hombres, llenar de fervor vuestra oración y purificar vuestra intención... Y cuando la lámpara de esta vida se apagará..., veréis la luz de la vida que no se apagará jamás elevarse y subir por la tarde como si fuera en pleno esplendor de mediodía.



jueves, 31 de enero de 2019

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, realeza y centenario.




Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana

La Patrona es parte vital de la intimidad del alma colombiana. Su historia sembró las semillas del amor de Dios en los surcos del Nuevo Reino de Granada, labranza del Evangelio.

Ella tendió un horizonte de auroras sobre un país destinado a la grandeza. La Virgen Morena tomó como trono una manta de algodón para plasmar una época iluminada por la cruz y la redención.

La Madre del Verbo encarnado asumió la esencia de ser una campesina. Ella escuchó las súplicas heridas de María Ramos y le rogó al Omnipotente dejarla florecer como la Rosa del Cielo en el Jardín Mariano.

La misericordia infinita del Creador, en un acto excesivo de su bondad, le regalo a la Nación a su hija predilecta:  María Santísima.

Ante ese nombre, de eternos linajes raizales, se postran reverentes los ángeles y los hombres porque en su alma tiene tatuado el rostro de la patria tricolor. Gloria mística que este texto destaca con cien reminiscencias.

María de Chiquinquirá vive en su baldaquino para besar lágrimas y dichas. Allí recibe salves y senderos. Salmos y heridas. Inciensos y peticiones. Romerías y promesas. Sentimientos y dolencias. Arrepentimientos y renovaciones porque la Virgen de Chiquinquirá es de Colombia el consuelo y su alegría.

1.    La crónica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es un archivo invaluable de la memoria cultural de la Nación.

2.     El milagro del 26 de diciembre de 1586 no es, no puede ser, sinónimo de leyenda, cuento, mito, imaginería, folclorismo y locuacidad.

3.    Los personajes que tejieron esa memoria no surgieron de la literatura, oral o escrita. Ni son producto del canto de los juglares europeos. El pintor Alonso de Narváez, el encomendero Antonio de Santana, su esposa Catalina García de Irlos, el fraile dominico Andrés de Jadraque, María Ramos, la india Isabel, el niño Miguel, el cura Juan de Figueredo, el arzobispo Luis Zapata de Cárdenas, O.F.M, y Juan de Castellanos, entre otros, tienen su sitio en los archivos históricos de España y Colombia.

4.    El prodigio es una realidad dinámica que construyó un proceso de evangelización al servicio del credo apostólico. Lo atestiguó la india ladina, Isabel de Turga.

5.    Chiquinquirá es una voz del grupo lingüístico chibcha que significa: “tierra de sacerdotes”.

6.     La capilla de los Aposentos de Chiquinquirá fue el humilde sitio escogido por el Todopoderoso para realizar la renovación de una deteriorada pintura. Pieza elaborada al temple por Alonso de Narváez en Tunja, 1562.

7.    Lo que no pudo edificar el régimen cruel de la encomienda lo logró en un instante el Espíritu Santo sobre una tintura desteñida. “…Y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra… Lucas 1, 35”.

8.    La Madre de Dios ni se renovó ni se apareció en Chiquinquirá. Pero la presencia de María Inmaculada no deja de predicar su mandamiento: “Hagan lo que Él les diga”, Juan 2,5.

9.    El pueblo de indios de Chiquinquirá que estaba en las tinieblas de la idolatría vio la luz de Cristo en los brazos de la Consoladora de los Afligidos.

10.         Durante los primeros años, Chiquinquirá fue conocida como “La Iluminación”. Palabras que algunos raizales aún utilizan en sus peregrinaciones pedestres.

11.         La jerarquía de la Iglesia, por aquella época bajo el liderazgo del arzobispo Luis Zapata de Cárdenas, O.F.M., realizó una pesquisa minuciosa que no dejó dudas. El obispo inquisidor indagó personalmente a los testigos.

12.         El texto de la investigación está en el archivo provincial de los frailes dominicos. Convento San Alberto Magno, Bogotá.

13.         Los indígenas de Ráquira fueron los primeros en reproducir en tabletas de barro la sagrada imagen renovada.

14.         La inteligencia arquitectónica de los muiscas fue la encargada de edificar la primera capilla para la veneración de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, sin aportes económicos de la corona o del gobierno de Santafé de Bogotá.

15.         La encomienda de Chiquinquirá se convirtió en parroquia, la parroquia en villa y la villa en la Capital Religiosa de Colombia.

16.         Los indígenas, testigos de la vida útil y del deterioro de la obra de Narváez, se encargaron de llevar por todos los rincones del reino y fuera de sus fronteras la noticia celeste de la renovación.

17.         Las circunstancias de tiempo y modo cambiaron. Los aborígenes se bautizaron. Y ellos catequizaron, con su testimonio, a la España colonial.

18.         El suceso del lienzo se extendió a las almas de los nativos, españoles, esclavos y mestizos. Ellos fueron testigos de la curación de la peste en Tunja, 1587. Primera salida de la Virgen de Chiquinquirá.

19.         La gente de Tunja fue librada de una espantosa epidemia de viruela. Ellos llevaron la noticia. Ellos vivieron la ratificación de lo maravilloso. Ellos, los laicos, edificaron una razón para orar en acción de gracias.

20.         El proceso de evangelización en las doctrinas neogranadinas pasó de la cosmogonía muisca al Evangelio de Cristo por convencimiento y no por sometimiento. El episodio del lienzo renovado fue la base para establecer la doctrina de la fe.

21.         La realidad se sometió al veredicto del asombro: “Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”.  (Lucas 7.22-23).

22.         El estruendo del cambio en las costumbres ancestrales de los aborígenes llegó a Europa y a los dominios asiáticos de España.

23.         La revolución mística de Chiquinquirá generó en la comunidad muisca una devoción profunda por la Madre del Salvador, bajo el culto de hiperdulía.

24.         El villorrio, sin linajes cortesanos, pero autóctono y profundo en sus convicciones predicaba la fuerza del Evangelio desde la escuela de María.

25.          La romería, por sus rutas ancestrales, cambió el rumbo. Su impulso irrevocable atrajo al español y al cura de almas. El alguacil, el alcalde, el escribano, el arzobispo, el cronista, el enfermo, el curioso, el labriego, el militar, el aventurero, el comerciante, el médico, el yerbatero, el encomendero, el ateo y el gentío femenino del reino se postró de hinojos en el sitio de Chiquinquirá.

26.         El privilegio de tener una narración escrita por la convivencia entre los hombres y los hechos hizo de la devoción por la Reina de los Ángeles un punto de referencia en la vida de los abuelos.

27.         Los dos primeros años, 1586-1588, comprobaron la ocurrencia del milagro suigéneris Sí. Es un sí humilde, pero total.

28.         Las pruebas crecieron copiosas y, por misericordia divina, los sucesos extraordinarios continúan sobre la línea del tiempo de forma inmutable.

29.         Chiquinquirá dejó de ser el centro de la formación de los jeques muiscas. La restauración de una tela convirtió a una choza sin puertas en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Entidad bajo el amparo del clero secular neogranadino (1588).

30.         Los oportunistas de la Colonia aprovecharon la ocasión para fomentar la industria del negocio turístico. Las posesiones de los resguardos pasaron a manos de los particulares. Si allá, en aquel lugar mariano, no sucedieran milagros, pues la quiebra de los españoles agiotistas hubiera sido de proporciones caóticas.

31.         La operación comercial de los laicos es una prueba superior. Estrictamente mundana, pero irrefutable. No hay dogma, ni fe, ni catecismo. Solo oro. Las transacciones dejaban ganancias pingües. Eran las curaciones sin médico las que sostenían el flujo de caja de la aldea.

32.         La economía y no la teología fue la encargada de predicar que Chiquinquirá es la Villa de los Milagros.

33.         El peregrino se convirtió en el motor de una realidad fascinante. Condición sine qua non que pasó de generación en generación. Las dudas maliciosas quedaron aplastadas por la contundencia de la obra de la Divinidad.

34.         El relato de la nacionalidad se redactó con la tinta indeleble de ese misterio que asombra a las centurias porque su secuencia de favores celestiales no termina. Lo ratifican las épocas y sus procesiones llegadas de los cuatro puntos cardinales.

35.          El Santuario de Chiquinquirá es el primero por su antigüedad en la America del Sur. El primero en sustentar los hechos con una documentación radicalmente oportuna y abundante.


36.         El magisterio de la Iglesia se pronunció. La mariología chiquinquireña llegó a Roma.

37.          El papa Clemente VIII (1596) y el papa Paulo V (1613) iniciaron una larga trayectoria de apoyo pontificio al tema de la Virgen de Chiquinquirá.

38.          La peste de la viruela reapareció en Tunja, 1633. Las autoridades recurrieron a la Virgen de Chiquinquirá. El arzobispo Bernardino de Almanza otorgó el permiso para sacar a la Madre Castísima de su santa casa.

39.         Las filas de indios cargueros llevaron a Tunja a la nueva Arca de la Alianza para que por su intercesión se aplacara el mal.

40.         En Tunja, el cerro de San Lázaro recibió como testimonio de los favores recibidos una ermita donde se guarda un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá. 

41.         Los frailes dominicos se encargaron del cuidado pastoral del santuario. Ellos son los guardianes del sagrado lienzo, 1636. Fin de la segunda salida de la Patrona.

42.         El notario apostólico y rector del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, fray Juan de Pereira, O.P., escribió el libro: Memorias de los sucesos raros que ha obrado Nuestro Señor por intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Inicio la investigación en 1639.

43.         Los tiempos de la paz virreinal se alebrestaron. La incomodidad de un régimen tiránico comenzó a tallar sobre el hombro del agricultor y afectó a los bienes del notablato, cosa grave.

44.         Los jefes de Revolución de los Comuneros fueron a misa al Santuario de Nuestra Señora del Rosario Chiquinquirá. La gente del común de Táchira (Venezuela) enarboló como su bandera, de guerra y rebelión, la imagen de Nuestra Señora del Rosario Chiquinquirá de Lobatera (1781).

45.         Las capitulaciones de Zipaquirá escribieron un punto para reclamar por el puente de Chiquinquirá, pieza clave para el ingreso de peregrinos (1781).

46.         El virrey José Manuel de Ezpeleta visitó el Santuario de la Virgen de Chiquinquirá (1790). Los frailes dominicos compraron unos solares para edificar un templo que pudiera albergar a los devotos. Largo episodio de dificultades en pro del progreso material y espiritual.

47.         El arquitecto capuchino Domingo Ruig de Petrés definió que la nueva iglesia para la Santísima Virgen María se levantaría en la Plazuela Alta (1795). Hoy plaza de la Libertad.

48.          Los artistas en grabados y pinturas dejaron sus testimonios. Ejemplo: “Milagrosa imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá que se venera en el Nuevo Reino de Granada”.

49.         La certeza del prodigio vivió en la conciencia colonial del Virreinato de la Nueva Granada. La devoción por Nuestra Señora de Chiquinquirá era parte integral del oficio cotidiano de levantar una familia.

50.          Capillas con el nombre de la Patrona se edificaron a lo largo y ancho del territorio del Virreinato y fuera de sus fronteras.

51.         Las partidas de bautismo en Venezuela y en la Provincia de Antioquia muestran con orgullo el nombre de “María de Chiquinquirá”.

52.         La Conspiración de Maracaibo tuvo como referente histórico a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. (Venezuela, 1799).

53.         Las romerías del siglo XIX permanecían fieles al legado de sus padres. Villa de Leiva mantuvo sus votos de ir a visitarla anualmente. Promesa hecha en 1587.

54.         La Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá participó del intento de independencia administrativa de España y se convirtió en Villa (1810).

55.         La comunidad de frailes dominicos cedió una importante parte de las joyas de la Virgen de Chiquinquirá para financiar la campaña militar de 1815. (¿A dónde fue a parar ese dinero?) En Cachirí murió el simulacro de una república manejada por las Altezas Serenísimas del altiplano. Cartagena de Indias rechazó al señor Bolívar que se fugó para Jamaica.

56.         El mercenario francés Manuel Serviez profanó el altar y se llevó el lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá para cubrir su escape hacia los Llanos. Lo dejó tirado en al Alto de Sáname. Cáqueza, Cundinamarca. Tercera salida. La Virgen secuestrada (1816).

57.         Las tropas del pacificador Pablo Morillo rescataron el venerado cuadro y lo trajeron de regreso a Santafé de Bogotá con los honores respectivos.

58.         El rey Fernando VII de España aprobó la fiesta votiva en honor de la Virgen de Chiquinquirá (1819) decretada por el Cabildo de Santafé en 1817.

59.         El campo de Ayacucho vio la victoria de los libertadores de pata al suelo. Los héroes anónimos dejaron como recuerdo una imagen de Nuestra Señora del Rosario Chiquinquirá (1824).

60.         El señor Ignacio Gutiérrez se robó unas joyas de la Virgen de Chiquinquirá. Gran escándalo social y mediático. Las alhajas fueron recuperadas (1826).

61.         La bella cúpula del templo principal de Nuestra Señora de Chiquinquirá se vio seriamente afectada por un temblor. Las romerías cubrieron los gastos. Los dominicos redoblaron fatigas y sudores (1827).

62.         El magisterio de la Iglesia y la Virgen de Chiquinquirá. El papa Pío VIII confirmó el título de Patrona Principal de la República de Colombia y el oficio litúrgico (1829).

63.         Las hermanas del Monasterio del Carmen de Villa de Leiva fueron testigos de la renovación milagrosa de una figura de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. El hecho ocurrió el 27 de diciembre de 1836. Mamá Linda Renovada. La documentación sobre el proceso jurídico-canónico es amplia y suficiente.

64.         Las hermanas del Monasterio del Carmen de Villa de Leiva cambiaron el trazado urbanístico de la ciudad. La comunidad levantó un templo sobre la calle. La edificación es un monumento al agradecimiento. La Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá fue anexada al convento del Carmen.

65.         Las guerras civiles, las que mataron la independencia, continuaron su tarea de asesinar a un país católico. Los huérfanos y las viudas llegaron al santuario de la Virgen Morena. La gente le pedía al Redentor que los librara de sus liberticidas.

66.           La peste regresó como herencia de las contiendas entre gamonales, el vicio de los amos del desastre decimonónico. La patria ensangrentada volvió sus ojos hacia el santuario boyacense. La Virgen de Chiquinquirá fue traída a Santafé de Bogotá como remedio contra el mal que los agobiaba, 1841 (cuarta salida).

67.         Sobre ese episodio, El Papel Periódico Ilustrado (núm. 113) del primero de abril de 1887, guarda el relato de la conversión del enemigo de la Iglesia, el señor Bonilla. Hecho ocurrido ante el lienzo de la Virgen de Chiquinquirá (1841).

68.         Nuestra Señora del Rosario Chiquinquirá fue llevada a Tunja por causa de la misma peste, 1841. (Quinta salida). El mal cesó.

69.         El tercer centenario de la renovación del lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá unió a los poetas de Colombia (1886).

70.         Jesús Casas Rojas publicó el libro Homenaje de la Santísima Virgen del Rosario de Chiquinquirá, en el tercer centenario de la renovación de su imagen (1886).

71.          Los frailes dominicos y la comunidad civil hicieron esfuerzos sobre humanos para poder salvar el sagrado lienzo del incendio del templo, 1896.

72.         La matanza civil volvió a los feudos nacionales. La Guerra de los Mil Días vio al general Prospero Pinzón regresar vencedor de Palonegro para postrase a los pies de la Patrona (1900).

73.         El papa Pío X decretó la coronación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, 1910.

74.         Los frailes dominicos llevaron por las diócesis nacionales y sobre sus hombros a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, La Peregrina, querían recaudar fondos para la coronación.

75.          La fuerza de la estulticia atada a la brutal soberbia de los odios partidistas atacó la tela a cuchillo. El rostro de la Virgen fue destazado. Pamplona (Norte de Santander) 20 de enero y el 21 de abril de 1913 en Rionegro (Santander). Este último municipio respondió por la profanación y celebra anualmente la Fiesta del Desagravio.

76.         La abominación del sectarismo y sus normas no pudieron acatar el decreto del Obispo de Tunja, monseñor Maldonado Calvo, sobre la coronación de la Virgen en Bogotá. La pequeñez del crimen al servicio del motín generó el triste entredicho canónico para la ciudad. El templo fue profanado por una turba manipulada por la mentira. Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá fue sacada de su casa y llevada por un “comité guardián” a la Capilla de la Renovación. Atentado sacrílego (junio de 1918).

77.         Hombre y mujeres cargaron sobre sus hombros unas andas de 30 arrobas para llevar a su Señora desde Chiquinquirá hasta Bogotá, 1919.


78.         Nuestra Señora del Rosario Chiquinquirá fue coronada como Reina y Patrona de Colombia. El 9 de julio de 1919 en Bogotá durante el Primer Congreso Mariano Nacional. Ningún enemigo del catolicismo desconoció el acto fundamental para el alma del país.

79.         El periódico Veritas, órgano de difusión del Santuario de Nuestra Señora del Rosario Chiquinquirá, publicaba los favores recibidos por los devotos. Tarea que desempeñaba desde 1916.

80.         El papa Pío XI le concedió el título de Basílica Menor al templo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Las razones tienen un peso histórico digno de un país heroico (1927).

81.          Colombia celebró las Bodas de Plata de la coronación de su Patrona y le entregó un cetro imperial.  9 de julio de 1944.

82.         El santo padre Pío XII en su alocución del 16 de julio de 1946 expreso: “Colombia, tierra de la Virgen, jardín mariano”.

83.         La Virgen de Chiquinquirá retornó a Bogotá para presidir el Tercer Congreso Mariano Nacional. La Colombia mariana se postró reverente a sus pies. La Patrona recibió la Cruz de Boyacá, 1954.

84.          El papa Juan XXIII envió un gran cirio votivo para que ardiera, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Motivo: invitación a orar por el futuro Concilio Vaticano II (1960).

85.          La Reina regresó a Bogotá para presidir la cruzada del rosario por la paz del mundo, el éxito del concilio ecuménico y el progreso del país. Recibió los homenajes de sus queridos hijos. Octava salida, 1962.

86.          Un terremoto afectó seriamente la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, 1967. Las gentes honradas y los frailes dominicos la restauraron.

87.         Colombia celebró el cincuentenario de la coronación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. La Virgen fue obsequiada con una medialuna de oro, 1969.

88.         El papa Juan Pablo II visitó como peregrino a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, 1986.

89.         Colombia celebró las Bodas de Diamante de la coronación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, 1994.

90.         El lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se iluminó en la basílica por gracia celestial (marzo de 1999).

91.          Los frailes dominicos llevaron a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá a Bogotá, oración por la paz. Novena salida, 1999.

92.         La Arquidiócesis de Bogotá, el obispo de Chiquinquirá, Héctor Gutiérrez Pabón, la comunidad de frailes dominicos y la Editorial Grupo C- Cream Editores presentaron la primera edición de la Sagrada Biblia dedicada a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. El acto tuvo lugar en la sede central de la Universidad Santo Tomás (Marly).  2002.

93.         Los frailes dominicos realizaron una procesión por el río Magdalena con Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, La Peregrina, la del rostro destazado (1913). Las ciudades porteñas escucharon un llamado a la reconciliación del país, 2013.

94.         Las pruebas historiográficas abundan. La investigación jurídica canónica terminó en 1588. Pero la fuerza de la caridad se incrementó con las multitudes. Basta con preguntarle a la muchedumbre en la fiesta de la Promesa Grande, 26 de diciembre de 2019, si hay o no milagros en la Ciudad Promesa.

95.         Las razones de esta advocación son parte de la identidad religiosa de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y varias ciudades más en 11 países.

96.         La respuesta atronadora de los siglos sumará certezas en las conciencias de los peregrinos que colmarán los templos, las plazas y las calles de Chiquinquirá hasta el fin de los tiempos.

97.         La Virgen Morena realizó su décima salida del santuario en un helicóptero. El primero de septiembre de 2017 llegó a Bogotá bajo la tutela de los frailes dominicos.

98.          El papa Francisco se encontró y oró con Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en la Catedral Primada (2017).

99.         El papa Francisco declaró un año jubilar para celebrar el centenario de la coronación de la Virgen de Chiquinquirá.  Indulgencia plenaria. (2018-2019).

100.      Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá arropó su corazón inmaculado con el pabellón nacional, 9 de julio de 2019.