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| Foto: Julio Ricardo Castaño Rueda |
Academia de estudios marianos, fundada el 22 de septiembre de 1959 por el sacerdote alemán Richard Struve Haker, en el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Bogotá, con el permiso de la XIX Conferencia Episcopal Colombiana. La Revista Regina Mundi es su órgano de difusión. www.sociedadmariologicacolombiana.com
jueves, 31 de octubre de 2024
San Agustín, sermón 215, 4.
jueves, 24 de octubre de 2024
Alma humilde, corazón santo
| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“Vosotros,
pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. (Mt 5,48).
La bienaventuranza
es una virtud de María. Es un don superior de su concepción inmaculada. Es por
tanto una gracia de su maternidad divina cuya condición celeste tiene la
facultad de ser heredada a sus hijos adoptivos por medio del ejemplo.
Así, el cristiano tiene
la capacidad de aprender a discernir, en cada acto de su conducta, el como
construir una acción movida por el tríptico de la perfección: bien, verdad y
belleza. La dinámica de edificar en la bondad lo hace digno de acceder a un
estado cotidiano de ejemplaridad.
Y para asumir el
reto necesita utilizar las herramientas básicas, asequibles y funcionales para
cualquier fiel dispuesto a entregar su libre albedrio a la esclavitud del amor.
Esos instrumentos,
de labor virtuosa, se aplican en el taller de la vida sin cortapisas ni
legalismos. Sólo basta con incluirlos en la bendición diaria del suspiro
orante. Los utensilios de la santidad son los mandamientos de la ley de Dios,
los sacramentos, las obras de caridad y el santo rosario. Este cuarteto
devocional, de funciones místicas, fue engendrado con el Verbo en María.
La Sierva del
Señor coloca al alcance del corazón ese derecho formal de los pecadores. Ellos
pueden alcanzar la gloria eterna porque la santimonia no es la utopía del
dolor. Es el arte humilde de sacrificar el egoísmo en el altar de la voluntad
del Dios.
jueves, 17 de octubre de 2024
Sobre la devoción al Santo Rosario
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| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
CARTA ENCÍCLICA
SUPREMI APOSTOLATUS
DEL SUMO PONTÍFICE
LEÓN XIII
El apostolado supremo que Nos está confiado y las circunstancias difíciles por las que atravesamos, Nos advierten a cada momento e imperiosamente Nos empujan a velar con tanto más cuidado por la integridad de la Iglesia cuanto mayores son las calamidades que la afligen.
Por esta razón, a la vez que Nos esforzamos cuanto sea posible en defender por todos los medios los derechos de la Iglesia y en prevenir y rechazar los peligros que la amenazan y asedian, empleamos la mayor diligencia en implorar la asistencia de los divinos socorros, con cuya única ayuda pueden tener buen resultado Nuestros afanes y cuidados.
Y creemos que nada puede conducir más eficazmente a este fin, que, con la práctica de la Religión y la piedad hacernos propicia a la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, que es la que puede alcanzarnos la paz y dispensarnos la gracia, colocada como está por su Divino Hijo en la cúspide de la gloria y del poder, para ayudar con el socorro de su protección a los hombres que en medio de fatigas y peligros se encuentran en la Ciudad Eterna.
Por esto, y próximo ya el solemne aniversario que recuerda los innumerables y grandes beneficios que ha reportado al pueblo cristiano la devoción del Santo Rosario de María, Nos queremos que en el corriente año esta devoción sea objeto de particular atención en el mundo católico, a fin de que por la intercesión de la Virgen María obtengamos de su Divino Hijo venturoso alivio y término a Nuestros males. Por lo mismo hemos pensado, Venerables Hermanos, dirigiros estas Letras, a fin de que, conocido Nuestro propósito, excitéis con vuestra autoridad y con vuestro celo la piedad de los pueblos para que cumplan con él esmeradamente.
En tiempos críticos y angustiosos siempre el principal y constante cuidado de los católico refugiarse bajo la égida de María y ampararse a su maternal bondad, lo cual demuestra que la Iglesia católica ha puesto siempre y con razón en la Madre de Dios toda su confianza. En efecto, la Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser la Madre de Dios y asociada por lo mismo a la obra de la salvación del género humano, goza cerca de su Hijo de un favor y poder tan grande, como nunca han podido ni podrán obtenerlo ni los hombres ni los Ángeles. Así, pues, ya que le es sobremanera dulce y agradable conceder su socorro y asistencia a cuantos la pidan, desde luego es de esperar que acoja cariñosa las preces de la Iglesia universal.
Mas esta piedad tan grande y tan llena de confianza en la Reina de los cielos, nunca ha brillado con más resplandor que cuando la violencia de los errores, el desbordamiento de las costumbres, o los ataques de adversarios poderosos, han parecido poner en peligro la Iglesia de Dios.
La historia antigua y moderna, y los fastos más memorables de la Iglesia recuerdan las preces públicas y privadas dirigidas a la Virgen Santísima, como los auxilios concedidos por Ella; e igualmente en muchas circunstancias la paz y tranquilidad pública, obtenidas por su intercesión. De ahí estos excelentes títulos de Auxiliadora, Bienhechora y Consoladora de los cristianos; Reina de los ejércitos y Dispensadora de la paz, con que se la ha saludado. Entre todos los títulos es muy especialmente digno de mención el de Santísimo Rosario, por el cual han sido consagrados perpetuamente los insignes beneficios que le debe la cristiandad.
Ninguno de vosotros ignora, Venerables Hermanos, cuántos sinsabores y amarguras causaron a la Santa Iglesia de Dios a fines del siglo XII los heréticos Albigenses, que, nacidos de la secta de los últimos Maniqueos llenaron de sus perniciosos errores el Mediodía de Francia, y todos los demás países del mundo latino, y llevando a todas partes el terror de sus armas, extendían por doquiera su dominio con el exterminio y la muerte.
Contra tan terribles enemigos, Dios suscitó en su misericordia al insigne Padre y fundador de las Orden de los Dominicos. Este héroe, grande por la integridad de su doctrina, por el ejemplo de sus virtudes y por sus trabajos apostólicos, se esforzó en pelear contra los enemigos de la Iglesia Católica, no con la fuerza ni con las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que él fue el primero en propagar, y que sus hijos han llevado a los cuatro ángulos del mundo. Preveía, en efecto, por inspiración divina, que esta devoción pondría en fuga, como poderosa máquina de guerra, a los enemigos, y confundiría su audacia y su loca impiedad. Así lo justificaron los hechos. Gracias a este modo de orar, aceptado, regulado y puesto en práctica por la Orden de Santo Domingo, principiaron a arraigarse la piedad, la fe y la concordia, y quedaron destruidos los proyectos y artificios de los herejes; muchos extraviados volvieron al recto camino y el furor de los impíos fue refrenado por las armas católicas empuñadas para resistirle.
La eficacia y el poder de esa oración se experimentaron en el siglo XVI, cuando los innumerables ejércitos de los turcos estaban en vísperas de imponer el yugo de la superstición y de la barbarie a casi toda Europa. Con este motivo el Soberano Pontífice Pío V, después de reanimar en todos los Príncipes Cristianos el sentimiento de la común defensa, trató, en cuanto estaba a su alcance, en hacer propicio a los cristianos a la todopoderosa Madre de Dios y de atraer sobre ellos su auxilio, invocándola por medio del Santísimo Rosario. Este noble ejemplo que en aquellos días se ofreció a tierra y cielo, unió todos los ánimos y persuadió a todos los corazones; de suerte que los fieles cristianos dedicados a derramar su sangre y a sacrificar su vida para salvar a la Religión y a la patria, marchaban, sin tener en cuenta su número, al encuentro de las fuerzas enemigas reunidas no lejos del golfo de Corinto; mientras los que no eran aptos para empuñar las armas, cual piadoso ejército de suplicantes, imploraban y saludaban a María, repitiendo las fórmulas del Rosario, y pedían el triunfo de los combatientes.
La Soberana Señora así rogada, oyó muy luego sus preces, pues que, empeñado el combate naval en las Islas Equínadas, la escuadra de los cristianos, reportó, sin experimentar grandes bajas, una insigne victoria y aniquiló las fuerzas enemigas.
Por este motivo, el mismo Santo Pontífice, en agradecimiento a tan señalado beneficio, quiso que se consagrase con una fiesta en honor de María de las Victorias, el recuerdo de ese memorable combate, y después Gregorio XIII sancionó dicha festividad con el nombre de Santo Rosario.
Asimismo en el siglo último alcanzáronse importantes victorias sobre los turcos en Temesvar, Hungría y Corfú, las cuales se obtuvieron en días consagrados a la Santísima Virgen, y terminadas las preces públicas del Santísimo Rosario. Esto inclinó a Nuestro predecesor Clemente XI a decretar para la Iglesia universal la festividad del Santísimo Rosario.
Así, pues, demostrado que esta forma de orar es agradable a la Santísima Virgen y tan propia para la defensa de la Iglesia y del pueblo cristiano, como para atraer toda suerte de beneficios públicos y particulares, no es de admirar que varios de Nuestros Predecesores se hayan dedicado a fomentarla y recomendarla con especiales elogios. Urbano IV aseguró que el rosario proporcionaba todos los días ventajas al pueblo cristiano; Sixto V dijo que ese modo de orar cedía en mayor honra y gloria de Dios, y que era muy conveniente para conjurar los peligros que amenazaban al mundo; León X, declaró que se había instituido contra los heresiarcas y las perniciosas herejías, y Julio III le apellidó loor de la Iglesia. San Pío V dijo también del Rosario que, con la propagación de estas preces, los fieles empezaron a enfervorizarse en la oración y que llegaron a ser hombres distintos a lo que antes eran; que las tinieblas de la herejía se disiparon, y que la luz de la fe brilló en su esplendor. Por último, Gregorio XIII declaró que Santo Domingo, había instituido el Rosario para apaciguar la cólera de Dios e implorar la intercesión de la bienaventurada Virgen María.
Inspirado Nos en este pensamiento y en los ejemplos de Nuestros predecesores, hemos creído oportuno establecer preces solemnes, elevándolas a la Santísima Virgen en su Santo Rosario, para obtener de Jesucristo igual socorro contra los peligros que Nos amenazan. Ya veis, Venerables Hermanos, las difíciles pruebas a que todos los días está expuesta la Iglesia; la piedad cristiana, la moralidad pública, la fe misma, que es el bien supremo y el principio de todas las virtudes, todo está amenazado cada día de los mayores peligros.
Además no sólo conocéis Nuestra difícil situación y Nuestras múltiples angustias, sino que vuestra caridad os lleva a sentir con Nos cierta unión y sociedad; pues es muy doloroso y lamentable ver a tantas almas rescatadas por Jesucristo, arrancadas a la salvación por el torbellino de un siglo extraviado y precipitadas en el abismo y en la muerte eterna. En nuestros tiempos tenemos tanta necesidad del auxilio divino como en la época en que el gran Domingo levantó el estandarte del Rosario de María, a fin de curar los males de su época. Ese gran Santo, iluminado por la luz celestial, entrevió claramente que, para curar a su siglo, ningún medio podía ser tan eficaz como el atraer a los hombres a Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida, impulsándolos a dirigirse a la Virgen, a quien está concedido el poder de destruir todas las herejías.
La fórmula del Santo Rosario la compuso de tal manera Santo Domingo, que en ella se recuerdan por su orden sucesivo los misterios de Nuestra salvación y en este ejercicio de meditación se incorpora la mística corona, tejida de la salutación angélica; intercalándose la oración dominical a Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Nos, que buscamos un remedio a males parecidos, tenemos derecho a creer que, valiéndonos de la misma oración que sirvió a Santo Domingo para hacer tanto bien, podremos ver desaparecer asimismo las calamidades que afligen a nuestra época.
Por lo cual no sólo excitamos vivamente a todos los cristianos a dedicarse pública o privadamente y en el seno de sus familias a recitar el Santo Rosario y a perseverar en este santo ejercicio, sino que queremos que el mes de Octubre de este año se consagre enteramente a la Reina del Rosario. Decretamos por lo mismo y ordenamos que en todo el orbe católico se celebre solemnemente en el año corriente, con esplendor y con pompa la festividad del Rosario, y que desde el primer día del mes de Octubre próximo hasta el segundo día del mes de Noviembre siguiente, se recen en todas las iglesias curiales, y si los Ordinarios lo juzgan oportuno, en todas las iglesias y capillas dedicadas a la Santísima Virgen, al menos cinco decenas del Rosario, añadiendo las Letanías Lauretanas. Deseamos asimismo que el pueblo concurra a estos ejercicios piadosos, y que se celebre en ellos el santo sacrificio de la Misa, o se exponga el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles, y se dé luego la bendición con el mismo. Será también de Nuestro agrado, que las cofradías del Santísimo Rosario de María lo canten procesionalmente por las calles conforme a la antigua costumbre. Y donde por razón de la circunstancias, esto no fuere posible, procúrese sustituir con la mayor frecuencia a los templos y con el aumento de las virtudes cristianas.
En gracia de los que practicaren lo que queda dispuesto, y para animar a todos, abrimos los tesoros de la Iglesia, y a cuantos asistieron en el tiempo antes designado a la recitación pública del Rosario y las Letanías, y orasen conforme a Nuestra intención, concedemos siete años y siete cuarentena de indulgencias por cada vez. Y de la misma gracia queremos que gocen los que legítimamente impedidos de hacer en público dichas preces, las hicieren privadamente. Y a aquellos que en el tiempo prefijado practicaren al menos diez veces en público o en secreto, si públicamente por justa causa no pudieren, las indicadas p reces, y purificada debidamente su alma, se acercaren a la Sagrada Comunión les dejamos libres de toda expiación y de toda pena en forma de indulgencia plenaria.
Concedemos también plenísima remisión de sus pecados a aquellos que, sea en el día de la fiesta del Santísimo Rosario, sea en los ocho días siguientes, purificada su alma por medio de la confesión se acercaren a la Sagrada Mesa y rogaren en algún templo, según Nuestra intención, a Dios y a la Santísima Virgen, por las necesidades de la Iglesia.
¡Obrad pues, Venerables Hermanos! Cuanto más os intereséis por honrar a María y por salvar a la sociedad humana, más debéis dedicaros a alentar la piedad de los fieles hacia la Virgen Santísima, aumentando su confianza en ella. Nos consideramos que entra en los designios providenciales el que en estos tiempos de prueba para la Iglesia florezca más que nunca en la inmensa mayoría del pueblo cristiano el culto de la Santísima Virgen.
Quiera Dios que excitadas por Nuestras exhortaciones e inflamadas por vuestros llamamientos las naciones cristianas, busquen, con ardor cada día mayor, la protección de María; que se acostumbren cada vez más al rezo del Rosario, a ese culto que Nuestros antepasados tenían el hábito de practicar no sólo como remedio siempre presente a sus males, sino como noble adorno de la piedad cristiana. La celestial Patrona del género humano escuchará esas preces y concederá fácilmente a los buenos el favor de ver acrecentarse sus virtudes, y a los descarriados el de volver al bien y entrar de nuevo en el camino de salvación. Ella obtendrá que el Dios vengador de los crímenes, inclinándose a la clemencia y a la misericordia, restituya al orbe cristiano y a la sociedad, después de eliminar en lo sucesivo todo peligro, el tan apetecible sosiego.
Alentado por esta esperanza Nos suplicamos a Dios por la intercesión de aquélla en quien ha puesto la plenitud de todo bien, y le rogamos con todas Nuestras fuerzas, que derrame abundantemente sobre vosotros, Venerables Hermanos, sus celestiales favores. Y como prenda de Nuestra benevolencia, os damos de todo corazón a vosotros, a vuestro Clero y a los pueblos confiados a vuestros cuidados, la Bendición Apostólica.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el primero de septiembre de 1883, año sexto de Nuestro Pontificado.
LEÓN PP. XIII
jueves, 10 de octubre de 2024
El tejedor de la santidad
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| Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Foto JRCR. |
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad
Mariológica Colombiana
El santo rosario
es la historia de Dios narrada por María.
Y al recitar esta
plegaria, los latidos del corazón inmaculado de la Santísima Madre del Redentor
se escuchan en las profundidades del neuma. Sus ecos, meditados en el misterio
de la divinidad trinitaria, se convierten en la herramienta de la beatitud. Las preces penetran insondables en la
conducta del penitente.
Lentamente, el
oficio de esta abstracción rompe las estructuras que atan la debilidad del
creyente a la trasgresión del orden moral. Las invocaciones actúan silentes
sobre la rutina y las distracciones propias del pensamiento ubicado en las
imágenes del gozo o del dolor, luz y gloria de la crónica de la salvación. El
poder infinito de la imprecación oficia como la medicina celestial, bálsamo para
las llagas de la flaqueza. Su fuerza vigorosa detecta las razones desahuciadas de
la conciencia donde las semillas de la malignidad tienen sus depósitos de insubordinada
resistencia a la humildad.
Así, el rosario es un prodigio entretejido con los dedos del devoto. Es un dispositivo de tracción entre el Evangelio y la gracia santificante. Su acción virtuosa enciende en la conciencia catequizada la vivencia del amor de Cristo. El resultado de este encuentro con la vida del Verbo permite romper las talanqueras de la acedia. Ella impone y se adhiere a esta época de infortunio. Este tiempo, oscurecido por las dictaduras del derecho al pecado, impone como logro constitucional la muerte. Este fenómeno requiere un choque frontal con el salterio de María.
Allí, en la
contienda, el fiel se inclina para implorar, con la dinámica serena de una
camándula, el milagro de su conversión.
jueves, 3 de octubre de 2024
Oración compuesta por s. s. Pío XII para ser recitada por las mujeres cristianas
| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
“¡Oh llena de gracia y bendita entre todas las mujeres, María! Te rogamos que extiendas la mano de tu maternal protección sobre nosotras tus hijas, que nos reunimos cabe tu trono de Reina, como falanges dóciles a tus mandatos y resueltas a realizar con tu auxilio en nosotras y en nuestras hermanas el ideal de la verdad y de la perfección cristiana.
jueves, 19 de septiembre de 2024
El Vaticano aprueba la experiencia espiritual de Medjugorje y no se pronuncia acerca de la sobrenaturalidad de los mensajes
Por Cari Filii
Presentación de la aprobación vaticana a María Reina de la Paz.
El Vaticano acaba de aprobar con un nihil obstat la devoción internacional a María como Reina de la Paz, las peregrinaciones a Medjugorje, en Bosnia-Hercegovina, y el uso espiritual de una selección de mensajes, que deben considerarse «textos espirituales edificantes». Lo hace en su documento La Reina de la Paz.
Las apariciones seguirán siendo «presuntas apariciones», igual que los mensajes, y Doctrina de la Fe no entra en si pasó algo sobrenatural en Medjugorje o si sigue sucediendo.
Más aún, al presentar el dictamen vaticano ante los periodistas, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto de Doctrina de la Fe, detalló: «Pregunté al Papa, porque él podía decir que después de este Nihil Obstat seguiríamos [hacia una declaración de sobrenaturalidad]. Pero me dijo: para nada, considero esto suficiente, no iremos más allá hacia una declaración de sobrenaturalidad. Me dijo que le parecería muy difícil. Una cosa es decir: ‘pueden rezar a la Virgen de la Paz, hacer peregrinaciones y leer sin peligros estos mensajes. Eso, para el Papa, es suficiente», explicó en respuesta a las preguntas de periodistas.
El cardenal Fernández mostró un libro con una selección de mensajes recopilados, transmitidos por los supuestos videntes. «Estos mensajes los hemos analizado, distinguiendo su lenguaje, conectándolos. Los mensajes que vengan después, no sabemos. Pero los que lleguen, los podrá analizar el visitador y cada dos meses se podría publicar. Si hay algo dudoso, nos llamará y trataremos de contestar, no en dos años, sino en una semana», añadió el cardenal argentino.
«No estamos seguros que sean mensajes de la Virgen»
«No estamos seguros de que sean mensajes de la Virgen», detalló antes el cardenal Fernández, «y los acogemos solo como textos edificantes que pueden estimular una bella experiencia espiritual».
¿Por qué Roma no da más apoyo a los supuestos mensajes de Medjugorje? Fernández fue muy claro: «si digo que son sobrenaturales y que los dijo la Virgen serían más importantes que las obras de Teresa de Ávila. Por eso es tan difícil [declarar la sobrenaturalidad]. ¿Desde 1980 hasta hoy, cuantas declaraciones de sobrenaturalidad hubo? Sólo tres o cuatro, y ni siquiera estamos seguros, porque usan palabras como ‘la Virgen nos ha visitado’, que hay que ver qué significa eso. En cambio, ¿cuántas beatificaciones desde 1980? Pregunté al cardenal Semeraro [de Causa de los Santos] y me dijo que 3.159. ¿Por qué hay tantas beatificaciones y tan pocas declaraciones de sobrenaturalidad? Porque es muy difícil».
En la rueda de prensa el cardenal Fernández insistió en que lo que da Roma es una «autorización al culto público a María Reina de la Paz, no una declaración de sobrenaturalidad».
«El Espíritu hace cosas buenas en medio»
«Digo que el Espíritu Santo hace cosas buenas en medio de ese fenómeno. Para eso no necesitamos certeza moral. Seguiremos hablando de ‘presuntos’ hechos sobrenaturales, y decimos que el Espíritu obra en medio de peregrinaciones y de acciones pastorales en la devoción a la Reina de la Paz«, añadió.
«La Iglesia expresa, aprobando el culto público a María Reina de la Paz, que no quiere dejar solos a estos fieles. Mientras no se aprueben los mensajes, sólo se aconseja a los fieles considerarlos como «textos edificantes». Y se da autoridad al visitador vaticano en Medjugorje para trabajar en conexión con Doctrina de la Fe. Sería imprudente presentar los mensajes como llegados del Cielo. Alguien dirá: ¿pero es posible guardar silencio sobre algo que piensas que la Virgen comunicó? Pues sí, como se hizo con los secretos de Fátima.»
Una investigación sin entrevistar a los videntes
El cardenal Fernández respondió a preguntas de los periodistas que su equipo, al preparar este documento, no ha hablado con ninguno de los seis supuestos videntes implicados,sino que se ha basado en las entrevistas y trabajos recopilados por comisión Ruini, presentados en 2017, que investigó el caso por encargo de Benedicto XVI.
«No hemos hablado con ellos, pero les he escrito una breve carta con algunas sugerencias,es una carta reservada que conoce el visitador», dijo, refiriéndose a Aldo Cavalli, visitador apostólico al que el Papa encarga la supervisión espiritual de Medjugorje.
Un análisis de las investigaciones previas
El cardenal Fernández ha querido defender la buena fe de casi todos los implicados en la ya larga historia de Medjugorje. «Conocemos la opinión negativa del obispo emérito de Mostar sobre los hechos de Medjugorje, él tenía el derecho y deber investigar y pronunciarse. El episcopado de Yugoslavia hizo su comisión de estudio, la Declaración de Zara, que hablaba de que lo investigado ‘hasta ahora’ no permitía hablar de lo sobrenatural. Benedicto XVI creó la comisión internacional, la Comisión Ruini, que consideraba que en las 7 primeras apariciones los muchachos, mentalmente sanos, no se dejaron influenciar por nadie y testificaron haber visto a la Virgen, que daba mensajes de penitencia», detalló Fernández.
«Según votó esa Comisión Ruini, 13 de 15 miembros consideran que esas 7 primeras apariciones son sobrenaturales. Sobre las apariciones posteriores sólo 2 consideraron que no eran sobrenaturales, el resto votaron con ‘no podemos aún discernir’. Sobre los efectos, 11 los veían positivos y sólo 3 hablaban de «efectos mixtos». En 5 o 6 diócesis se produjeron problemas importantes con grupos ligados a Medjugorje, por esta razón algunos hablan de frutos mixtos, detalló el cardenal. Fernández repitió que el informe Ruini es «muy, muy bueno».
Fernández admitió que varios testigos orales confirman que Juan Pablo II tenía buena opinión de Medjugorje, o al menos un fuerte interés. Pero el cardenal argentino insistió en que Benedicto XVI pedía separar el aspecto de si las apariciones fueron sobrenaturales y reales, del aspecto de los frutos y la devoción que genera, con sus peregrinaciones.
«El problema no es la hipercrítica moderna, sino evaluar la ortodoxia y vitalidad de la vida religiosa que se desarrolla alrededor de esos lugares», escribió el cardenal Ratzinger, según cita Fernández, que adopta ese criterio en sus normas. «¿Hay vitalidad, fe, conversión, frutos positivos, se ve que Dios hace cosas buenas? No decimos «a causa de » sino «alrededor o en medio de». Ese criterio del cardenal Ratzinger es el mismo que usa Francisco y es el que se aplica en las normas». Francisco dijo que «el meollo del informe es el hecho pastoral, las personas que van y cambian de vida».
Detalló después que el primer visitador enviado por Francisco, Hozer, viviendo en Medjugorje un tiempo, hizo un informe con conclusiones aún más positivas que el Informe Ruini.
Aldo Cavalli, actual visitador, que vive allí, prefiere no opinar de los mensajes, pero sí tiene opinión positiva de los frutos. «Me dijo que es un oasis de paz y de fe donde Dios, a través de la Reina de la Paz, hace mucho, mucho bien», dijo Fernández.
«Los Pontífices muestran un gran respeto ante una devoción muy extendida en el Pueblo de Dios: en eso nos detenemos, más que en el origen sobrenatural o no del fenómeno. Los fieles están autorizados a dar su adhesión de manera prudente y se autoriza el culto público a María Reina de la Paz. Por estas experiencias, y no a causa de los supuestos fenómenos, se han producido efectos positivos. Sí, hubo problemas, pero esos efectos problemáticos no se extendieron por el pueblo de Dios», añadió.
El nihil obstat lo da el obispo local
Ese nihil obstat a la devoción y peregrinación lo dará el obispo local, por indicación de Roma. «Se quiere seguir con la tradición del decreto del obispo local con su nihil obstat. El decreto es del obispo, pero el Dicasterio interviene en diálogo con el obispo, por su dimensión mundial. El obispo explicita que los sacerdotes de su diócesis son libres de adherirse, o no, a la experiencia de Medjugorje. Pero la devoción a la Reina de la Paz se ha extendido por el mundo, hay grupos en todo el mundo y obras de caridad».
Fernández explicó lo que cree que atrae más en todo el mundo a quienes quizá ni saben nada de Medjugorje como lugar: «Es un fenómeno popular que no tiene muy en cuenta los mensajes o las discusiones sobre los videntes, sino que lo que atrae es la Reina de la Paz, su presencia que da paz. Yo vi la imagen de la Reina de la Paz en pueblos en América. Propuse a unos fieles hacer edículos de la Virgen y la primera que me propusieron fue la Reina de la Paz».
De los mensajes, destacó que suelen animar a la fe y la construcción de la paz. Sobre los mensajes poco exactos dice que usan «lenguaje popular, no teológico». Por ejemplo, cuando dicen que «los difuntos se alegran cuando ofrecen misa por ellos». Un teólogo puede decir «no hay alegría en el Purgatorio» o «hay difuntos condenados que no se benefician». Pero somos católicos y sí, ofrecemos misas por difuntos».
Continuó: «Estos mensajes no son un dictado, la persona escucha y se esfuerza por recordarlo y expresarlo, no se debe leer como un texto de magisterio o catecismo y buscar su mensaje profundo tras la imperfección de las palabras. Y que el Espíritu Santo actúe en una experiencia no significa que todo en esa experiencia esté libre de toda imperfección».
¿Por qué leer estos mensajes poco precisos habiendo textos doctrinales más precisos?,planteó el cardenal saliendo al encuentro de una objeción razonable.
«Si hiciéramos eso, no quedaría mucho por leer. Quedarían solo unos pocos textos muy precisos, se prohibirían textos de San Juan de la Cruz, a quien admiro, por su Llama de amor viva, que habla del «centro infinito de la sustancia del alma». Es un problema: ¿es infinito el centro del alma? Y luego dice, más problemático: «el centro del alma es Dios». ¿Es esto un lenguaje preciso, que no causa confusión? O la expresión de Santa Teresita: ‘no confío en mis méritos, que no los tengo, Él, cubriéndome con sus méritos, me hará santa’. ¿Este lenguaje es luterano?» El cardenal mencionó un par de textos de Trento sobre los méritos que chocarían con lo de Teresita. «No han faltado fanáticos que han propuesto prohibir a los fieles estos autores espirituales, ¡y eso que San Juan de la Cruz y Teresita se formaron en un convento! Pero es que el lenguaje místico busca fomentar el deseo de confiarse en Dios», insistió Fernández. Ese lenguaje, dijo, es más eficaz para ese fin que la Summa Teológica (el gran tratado medieval de Santo Tomás de Aquino, muy preciso).
Las enseñanzas de Medjugorje
La nota además pide «acoger y evaluar» los mensajes con una visión de conjunto. Más que los detalles lo que importa son las grandes exhortaciones de los mensajes. La primera, la propuesta de paz, que se transmite con la figura de la Reina de la Paz. También se valora el amor a las personas de otras denominaciones: «todos sois mis hijos, musulmanes, ortodoxos, católicos», dicen los mensajes, lo que no significa que todas las religiones sean iguales ante Dios, no hay sincretismo ni relativismo, pero sí que todos los hombres son amados por Dios. ¿Cómo no pedir la paz entre religiones en el contexto de una guerra marcada por las identidades religiosas?
«Hoy os invito a la conversión, este es el mensaje más importante que os he dado», insiste en sus mensajes. Y exhorta a luchar contra el mal, no dejarse intimidar por las pruebas. «Habéis permitido, sin daros cuenta, que Satanás se apodere de vosotros, no cedáis», dice otro mensaje citado por Fernández.
El cardenal argentino valora la invitación a la oración unida al amor fraterno. «Se os pide amar y dar», cita el cardenal. No es una devoción privada cerrada al mundo, sino abierta a hacer apostolado y salir al mundo, detalló.
Fernández siguió repasando objeciones. ¿Cuánto viene de Dios y cuanto de otras fuentes, deseos, cultura, etc…? «También pasa en la Biblia, hay que discernir lo que es cultura y lo que es el mensaje divino?
Objeciones hechas a Medjugorje
¿Cuáles serían entonces los puntos débiles de los mensajes de Medjugorje?
Para algunos, la frecuencia, su insistencia en escucharm exhortar… «Cansa, ¿no?», dice el cardenal. Y que hable de «mis planes», de la Virgen, como si fueran distintos a los de Dios.
Y «hay un riesgo, es cierto, de tener dependencia de los mensajes de la Virgen». Pero hay mensajes de Medjugorje que advierten de ese mismo riesgo. «No vayáis en busca de cosas extraordinarias, tomad el Evangelio, leedlo y todo os resultará claro», dice otro mensaje. Y también: «¿Por qué hacéis tantas preguntas? Las respuestas están en el Evangelio».
Esa insistencia se hace problemática en mensajes «más privados» con fechas, lugares y aspectos concretos, que «hay que discernirlas en comunidad, el párroco con el consejo pastoral, la Virgen no tiene que decirnos a qué hora celebrar la misa».
«Ese es el modelo de Virgen cartera que el papa Francisco rechaza. O cuando dice qué día hay que celebrar el nacimiento de María. Gracias a Dios ese tipo de mensajes no son frecuentes y muchos no han sido publicados. Se explican sólo por los deseos personales de los videntes. Se mezclan elementos edificantes y otros problemáticos».
La vida de los videntes ¡no requiere ser ejemplar!
Al inicio del pontificado de Francisco, Doctrina de la Fe se manifestó muy contrario a Medjugorje, incluso hablando de lo demoníaco (una alusión, parece, al cardenal Müller). «Algunos dijeron que la vida de los muchachos no era ejemplar, poniendo como ejemplo queuna niña fumaba, quizá robando cigarrillos a su padre. Eso se ha tomado una y otra vez como argumentación. O que reconocieron haber mentido dos veces, una para no difundir un mensaje privado, otra por petición del padre Vlasic. Otros señalan que no tienen virtudes heroicas, pero las personas que reciben mensajes o dones carismáticos no necesitan tener virtudes heroicas». Se necesitan para las beatificaciones, no para reconocer mensajes.
Y añadió: «Incluso si hubiera reconocimiento de algo sobrenatural en un fenómeno, eso no dice nada de la santidad del vidente. Si una persona tiene un carisma, por ejemplo de sanación, aunque caiga en pecado, la persona sigue sanando. Otra cosa es que la Iglesia prohíba el ejercicio por riesgo de escándalo».
Otra crítica: que ningún vidente se hizo monje o monja. Pero no tenían por qué.
O la acusación de que la Virgen supuestamente diga que todas las religiones sean iguales. Fernández considera que dice que son los hombres (de distintas religiones) los que son iguales ante Dios.
Otra acusación: que había sacerdotes pecadores, como el padre Vlasic, alrededor de los muchachos en los inicios. Pero no era su director espiritual, detalla Fernández. De hecho, hay quien los acusa de lo contrario: de no tener dirección espiritual. Los chicos estaban solos en las primeras apariciones, no estaban apegados a Vlasic, y las primeras apariciones sucedieron cuando no había sacerdote en el pueblo.
«El punto más oscuro y triste es el largo conflicto entre los franciscanos rebeldes y los obispos», admitió el cardenal, «algo que empezó antes de Medjugorje, en 1975, cuando Roma pide a los frailes dejar el lugar a los diocesanos. Los franciscanos rebeldes, que son un verdadero problema, no están relacionados con Medjugorje, según me confirman el obispo de Mostar y el visitador apostólico». Por eso, insiste, «el nihil obstat a María Reina de la Paz no es en absoluto una victoria de los franciscanos rebeldes que se colocaron fuera de la Iglesia y están en una situación realmente fea».
Más pegas: «hay rumores en redes de que una vidente compró un edificio entero muy caro». La realidad es que solo compró su piso, dice el cardenal.
«Sí, los videntes podrían y pueden pecar. Podrían pecar en el futuro, sí, pero eso no hace que las cosas buenas de Medjugorje se hagan demoníacas. El culto público a María Reina de la Paz se seguirá produciendo. Si hubiera escándalo, intervendría el obispo, el visitador y el Dicasterio. Este nihil obstat no soluciona todo para el futuro. Los supuestos videntes son personas casadas, con hijos, sujetos a tentaciones como todos», admite el prefecto.
Luego recuerda un importante criterio bíblico: San Pablo en 1 Corintios 14 dice que «los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas», es decir, que los carismas que da Dios están sometidos al discernimiento del profeta. El mismo San Pablo consultó a los otros apóstoles en Jerusalén. «La Virgen no nos usa como títeres, deja espacio a nuestro discernimiento eclesial. No es una Virgen cartera, como dice el Papa Francisco».
El cardenal valoró también que muchos mensajes animan a pensar en el Paraíso y a buscar ir al Cielo, a recordar que somos peregrinos hacia la Vida Eterna. «Dios, en medio de las imperfecciones humanas, ha encontrado en Medjugorje un río de bien y belleza», dijo el cardenal para finalizar su ponencia ante la prensa.
jueves, 12 de septiembre de 2024
El ángel te llamó llena de gracia
| Foto Julio Ricardo Castaño Rueda |
Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana
“Salve nombre lleno de perfume”, san Teodoto
de Ancira
El saludo del arcángel san Gabriel a la Santísima Virgen
modificó la costumbre de llamarla por su nombre de pila.
La salutación angélica agregó, con el vocablo Kejaritoméne,
una dimensión novedosa y perenne a la disciplina de la onomástica. El nombrarla conectó la realidad de un
registro civil judaico con una semántica profunda. Esta se injertó en el alma
delicada de la Purísima. La joven
doncella se preguntó qué significaría aquel saludo (Lc 1, 29) y el mensajero
celeste le respondió: “No
temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios”. (Lc 1,30).
El sagrado nombre de María recibió la explicación reveladora
de su misión dentro de la voluntad absoluta de El Omnipotente. Su naturaleza femenina
fue iluminada por el trascendental significado de un título que le enseñó su
condición inmaculada.
La conciencia de la elegida fue elevada por la
anunciación. Ese acto maravilloso la preparó para establecer un diálogo
definitivo con el Eterno y su retorno al interior de la historia humana. Ella
dejó de ser simplemente María para convertirse en el tabernáculo del Altísimo a
través de su humilde obediencia de esclava del Señor.
Así el plan de
salvación, obra de su hijo El Redentor, quedó adherido a su nombre con una
cualidad indivisible y extraordinaria. El vociferante saludo de Isabel le ratificó su merced de Bienaventurada: “Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”. (Lc 1, 42).


