jueves, 19 de septiembre de 2013

“Ego te absolvo”


Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana

La historia eclesiástica de Bogotá vive en deuda con el sacerdote alemán, Ricardo Struve Haker. A ella le falta reconocer la dimensión profunda de su tarea evangelizadora dentro de la cátedra de la memoria urbana.

Sin embargo, el mayor deudor es una de sus hijas consentidas, la Sociedad Mariológica Colombiana (SMC). Esta entidad, por un exceso de respeto, guardó silencio sobre algunos datos errados publicados en el libro de su autoría titulado: El Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Peña. Material impreso bajo el cuidado de la Dirección de Información y Propaganda del Estado en la Imprenta Nacional, 1955.

Un debate tardío determinó la necesidad de corregir los yerros. El oficio de indagar sobre el pedestal donde se resbaló la investigación se le asignó a este redactor.

El meollo del asunto consiste en que muchos docentes, de diferentes disciplinas, al recurrir en sus ponencias al experto, cayeron en unos baches históricos que terminaron por hacer carrera en los discursos.

Para ilustrar al lector, y cumplir con un necesario mea culpa, se  hará la enmienda simple dentro de un ejercicio de respetuosa admiración. Vamos por partes, de lo simple a lo complejo:

En el capítulo titulado, El papel del Santuario en la época de la Independencia”, aparecen unas erratas que deben ser subsanadas con prisa reflexiva. En la página 253 citó a Rosendo Pardo: “…el Virrey D. Pedro Amar con ostentosa comitiva en peregrinación a La Peña…” el nombre correcto de aquel funcionario era Antonio José Amar y Borbón.

La aclaración no es mayor, pero en el siguiente estudio, de la misma hoja, existe una forzada tesis en sus renglones. Cambió algunos hechos por suposiciones para incluir en su historiografía a su advocación predilecta, y lo sustentó de la siguiente manera:

 …Los patriotas usaron los nombres de ‘Jesús, María y José de la Peña’ como ‘santo y seña’ como lo atestigua el conocido José María Caballero en sus Particularidades de Santafé (Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1946, pág. 110). Al verse librada Santafé de la amenaza de Baraya, el Cabildo rindió su homenaje de gratitud a los dulcísimos nombres de Jesús, María y José de La Peña, según dice el mismo autor: sábado 23 (1813). Buen día. Hoy subió el Cabildo Secular en cuerpo hasta la Peña, a la fiesta de Nuestra Señora (cosa no vista), en acción de gracias por la victoria…” 

El mote de “patriotas” es una exageración semántica para una caterva de caudillos anarquistas. Ellos gestaron la primera guerra civil en el corazón de unos labriegos inocentes. 

Y al revisar el texto citado se encontró que Caballero no atestiguó el santo y seña ni manuscribió: “Jesús, María y José de la Peña”. Solamente consignó: “…Pues bajo de los dulcísimos nombres de Jesús, María y José militaban nuestras tropas…” (Sábado 9 de enero de 1813). (Cf. José María Caballero. Diario. Biblioteca de Bogotá. Edición Villegas Editores. Bogotá 1990).

El ascenso del Cabildo Secular se dio en respuesta a un triunfo en una contienda fratricida y no como parte de un tradicional ejercicio de piedad por la Señora raizal. En la tarde trajeron de San Diego a Nuestra Señora de La Concepción para que los favoreciese, anotó el cronista el 23 de enero de 1813. 

La situación se complicó en la página 255, donde redactó: “…Cuando Matallana supo de las subidas ocultas de los patriotas al Santuario de La Peña, se unió a ellos y encendió en sus corazones la confianza en la Santísima Virgen de La Peña…” 

Si bien el padre Juan Agustín Matallana comenzó a propagar esa devoción en marzo de 1810, la cual apoyó con una novena en 1812, ese apostolado no era una actividad subversiva. Ni justificaba la necesidad de ascensos a escondidas porque entre julio de 1810 y mayo de 1816 eran independientes. Y antes del alevoso sainete por un florero la clandestinidad en la fría colina era absolutamente innecesaria.

En sana lógica, para ocultarse de los esbirros del régimen colonial había en Santafé lugares cómodos para tal fin y métodos para encubrir esa práctica. A finales del siglo XVIII los inquietos intelectuales santafereños, en un gesto de originalidad criolla, copiaron el modelo europeo de las tertulias. Nariño organizó en su casa el Arcano de la Filantropía y posteriormente el director de la Biblioteca Pública, el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, gestó la tertulia Eutropélica y doña Manuela Sanz de Santamaría hizo lo propio con la del Buen Gusto. De esos centros de opinión del público, unidos a las aulas del Colegio de San Bartolomé y la Expedición Botánica surgieron, a principios del siglo XIX, los falsos ideológicos. Esa elite elucubró los planes del bochinche emancipador cuyo desastre moral celebró un bicentenario.

Entonces, la revuelta no usó el oratorio como guarida de los conspiradores noctámbulos porque a los señoritos de la época les disgustaba el sitio. Allá se reunía la gentuza para realizar las célebres carnestolendas cuyas orgías patrocinaba la chicha. Así, que el notablato seguía sólo maquinando el cambio de enjalma para el muisca de carga. La independencia no tuvo más objetivo que favorecer a los intereses personales de una casta decadente en contra del Rey de España. 

Pero Struve insiste ingenuamente en vincular su amada ermita a los sucesos de la Patria Boba. Y en la página 260 anotó: “…Falta sólo –y así lo deseamos de todo corazón- que las autoridades municipales, al terminar la obra de la restauración, hagan solemne entrega a los bogotanos de este su Santuario Mariano, en igual forma y con igual devoción como lo hizo el ilustre Ayuntamiento de Santafé de Bogotá el 23 de diciembre de 1813 y el 23 de enero de 1815, fiesta de la cual escribió, con honda satisfacción Caballero: ‘Hoy fue la misa de gracia. Asistió el señor presidente del gobierno general de las provincias unidas de la Nueva Granada, el ciudadano Custodio García Rovira, y el general Bolívar, y todos los señores del Cabildo’…”

El ilustre pulpero, don José María Caballero, en su Diario no dice nada del 23 de diciembre de 1813. Y el 23 de enero de 1815 destacó la partida del señor Simón Bolívar hacia el fracaso militar en Cartagena de Indias. Además, aquel día hubo descargas de fusilería y artillería en la Plaza Mayor lo que indica que la Eucaristía se celebró en la Catedral y no en el cerro de Los Laches.

Las posiciones editoriales equivocadas sirvieron para que algunos panelistas los repitieran tergiversados por una manía autodidacta. Por ejemplo, un conspicuo personaje dijo: “…Bolívar visitó el templo de la Peña el 23 de enero de 1815…” “…los patriotas lo usaron como centro de operaciones revolucionarias contra el Rey…”  

Ese es el motivo que justifica la rectificación porque en Colombia, el embuste es un patrimonio cultural inmaterial. Los mitos y las leyendas la condenaron a ser la patria de la mentira.

Resuelto el enredo, producto de las imprecisiones en las citas bibliográficas, es necesario pasar a otro siglo. 

El ministro relató en su ejemplar (página 350) algo de sus angustias: …Sabiendo a sus familiares en los peligros de la Guerra Mundial, con bombardeos diarios en la ciudad de Kiel, que con sus astilleros de submarinos era blanco preferido de los ataques aéreos Aliados, se arrodilló el 20 de julio de 1944 a los pies de la Santísima Virgen de la Peña y le prometió solemnemente fiel servicio hasta el fin de su vida, si quisiera salvar a sus familiares de la muerte segura. El 30 de julio, en las horas de la noche, se derrumbó el edificio de cuatro pisos en que vivían los familiares del sacerdote, bajo la carga de bombas incendiarias de 1.200 aviones en un ataque de 35 minutos de duración, y por la mañana, de entre los escombros de la edificación, salieron ilesos aquellos seres queridos. No falto contra la humildad con este relato de extraordinaria salvación: antes faltaría contra la gratitud, si no lo contara a todos los cuatro vientos…”

El sacerdote, en un momento de melancolía y por falta de información precisa, no señaló la fecha exacta del bombardeo. Los ataques aéreos sobre el puerto de Kiel (Alemania), en el mes de julio de 1944, se produjeron el 6 y el 18 por parte de la VIII Fuerza Aérea de los Estados Unidos y el 24 intervino la RAF de Gran Bretaña. (Cf. cronologia2gm.cogia.net).

La duda sobre el momento del ataque a la morada de sus ascendientes la crea y la resuelve, a favor de este artículo, el propio Struve. En una entrevista a la revista Cromos, publicada el 24 de octubre de 1960 dijo: …el 20 de julio de 1944, mis familiares se hallaban en peligro por la segunda guerra mundial. Ese día me arrodillé y prometí a la Virgen de la Peña dedicarme a su servicio si quisiera salvarlos. Días después recibí una carta de mi hermano, que estaba en el norte de Francia, en que me decía que mis padres y otros familiares se habían salvado después de que una bomba cayó sobre su casa, en la ciudad de Kiel, que era el blanco de los ataques aéreos aliados por ser una base de astilleros submarinos alemanes. El bombardeo se produjo aquel mismo 20 de julio…”

Existe una evidente contradicción que ilumina. En su tomo informó que el bombardeo fue el 31 de julio de 1944 y en la entrevista, el 20 de julio de 1944. Esta incoherencia no le quita nada a los favores internacionales concedidos por intercesión de Nuestra Señora de la Peña. Se debe tener en cuenta que las comunicaciones entre un germano (el hermano) con sus padres en Kiel no se podrían definir como un modelo de relación epistolar porque vivía en la Francia ocupada por las tropas de los aliados. 

Lo interesante del caso es saber que sí hubo bombardeos a Kiel en julio de 1944 y que la familia resultó ilesa de un terrorífico raid. Ahora cuál de los tres misiones sobre el puerto afectó a la noble prole, no se sabe. Lo cierto es que Struve asumió el cargo de Capellán del Santuario de Nuestra Señora de la Peña el 20 de agosto de 1944 y se dedicó a cumplirle la promesa a la Virgen.

Él reconstruyó la ermita de la Peña Vieja, restauró el Santuario de la Peña, fundó la revista Regina Mundi, creó la Sociedad Mariológica de Colombia, edificó el Centro Mariano Nacional de Colombia y durante 24 años predicó en la loma oriental sobre  teología mariana. Su heroico trabajo parroquial sustentó el pago de una promesa a la Santísima Virgen María. 

En síntesis, la tarea de asear unos párrafos aplaudió el esfuerzo de un extranjero por nacionalizar, en el alma de los capitalinos, a la bogotanísima Madre Dios, Nuestra Señora de la Peña.

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