jueves, 20 de septiembre de 2018

Finalidad y método de la exposición de la doctrina mariana




Por: SS. Juan Pablo II |


1. Siguiendo la constitución dogmática Lumen gentium, que en el capítulo VIII quiso «iluminar cuidadosamente la misión de la bienaventurada Virgen en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo místico, así como los deberes de los redimidos para con la Madre de Dios», quisiera proponer ahora, en estas catequesis, una síntesis esencial de la fe de la Iglesia sobre María, aunque reafirmo, con el Concilio, que no pretendo «exponer una mariología completa» ni «resolver las cuestiones que todavía los teólogos no han aclarado del todo».

Deseo describir, ante todo, «la misión de la bienaventurada Virgen en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo místico», recurriendo a los datos de la Escritura y de la Tradición apostólica y teniendo en cuenta el desarrollo doctrinal que se ha alcanzado en la Iglesia hasta nuestros días.
Además, dado que el papel de María en la historia de la salvación está estrechamente unido al misterio de Cristo y de la Iglesia, no perderé de vista esas referencias esenciales que, dando a la doctrina mariana su justo lugar, permiten descubrir su vasta e inagotable riqueza.

La investigación sobre el misterio de la Madre del Señor es verdaderamente muy amplia y ha requerido el esfuerzo de numerosos pastores y teólogos en el curso de los siglos. Algunos, queriendo poner de relieve los aspectos centrales de la mariología, la han tratado a veces junto con la cristología o la eclesiología. Pero, aun teniendo en cuenta su relación con todos los misterios de la fe, María merece un tratado específico que destaque su persona y su misión en la historia de la salvación a la luz de la Biblia y de la tradición eclesial.

2. Además, siguiendo las indicaciones conciliares, parece útil exponer cuidadosamente «los deberes de los redimidos para con la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, especialmente de los creyentes».

En efecto, el papel que el designio divino de salvación asigna a María requiere de los cristianos no sólo acogida y atención, sino también opciones concretas que traduzcan en la vida las actitudes evangélicas de Aquella que precede a la Iglesia en la fe y la santidad. Así, la Madre del Señor está destinada a ejercer una influencia especial en el modo de orar de los fieles. La misma liturgia de la Iglesia reconoce su puesto singular en la devoción y en la vida de todo creyente.

Es preciso subrayar que la doctrina y el culto mariano no son frutos del sentimentalismo. El misterio de María es una verdad revelada que se impone a la inteligencia de los creyentes, y que a los que en la Iglesia tienen la misión de estudiar y enseñar les exige un método de reflexión doctrinal no menos riguroso que el que se usa en toda la teología.

Por lo demás, Jesús mismo había invitado a sus contemporáneos a no dejarse guiar por el entusiasmo al considerar a su madre, reconociendo en María, sobre todo, a la que es bienaventurada porque oye la palabra de Dios y la cumple (ver Lc 11,28).

No sólo el afecto, sino sobre todo la luz del Espíritu deben guiarnos para comprender a la Madre de Jesús y su contribución a la obra de salvación.

3. Sobre la moderación y el equilibrio que hay que salvaguardar tanto en la doctrina como en el culto mariano, el Concilio exhorta encarecidamente a los teólogos y a los predicadores de la palabra divina «a que eviten con cuidado toda falsa exageración...».

Las exageraciones provienen de cuantos muestran una actitud maximalista, que pretende extender sistemáticamente a María las prerrogativas de Cristo y todos los carismas de la Iglesia.

Por el contrario, en la doctrina mariana es necesario mantener siempre la infinita diferencia existente entre la persona humana de María y la persona divina de Jesús. Atribuir a María lo máximo no puede convertirse en una norma de la mariología, que debe atenerse constantemente a lo que la revelación testimonia acerca de los dones que Dios concedió a la Virgen en razón de su excelsa misión.

Del mismo modo, el Concilio exhorta a teólogos y predicadores a evitar «una excesiva estrechez de espíritu», es decir, el peligro de minimalismo, que puede manifestarse en posiciones doctrinales, en interpretaciones exegéticas y en actos de culto, que pretenden reducir y hasta quitar importancia a María en la historia de la salvación, así como a su virginidad perpetua y a su santidad.

Conviene evitar siempre esas posiciones extremas, en virtud de una fidelidad coherente y sincera a la verdad revelada, tal como se expresa en la Escritura y en la Tradición apostólica.

4. El mismo Concilio nos brinda un criterio que permite discernir la auténtica doctrina mariana: «En la Santa Iglesia [María] ocupa el lugar más alto después de Cristo y el más cercano a nosotros».
El lugar más alto: debemos descubrir esta altura conferida a María en el misterio de la salvación. Se trata, sin embargo, de una vocación totalmente referida a Cristo.

El lugar más cercano a nosotros: nuestra vida está profundamente influenciada por el ejemplo y la intercesión de María. Con todo, hemos de preguntarnos acerca de nuestro esfuerzo por estar cerca de ella. Toda la pedagogía de la historia de la salvación nos invita a dirigir nuestra mirada a la Virgen. La ascesis cristiana de todas las épocas invita a pensar en ella como modelo de adhesión perfecta a la voluntad del Señor. María, modelo elegido de santidad, guía los pasos de los creyentes en el camino hacia el paraíso.

Mediante su cercanía a las vicisitudes de nuestra historia diaria, María nos sostiene en las pruebas y nos alienta en las dificultades, señalándonos siempre la meta de la salvación eterna. De este modo, se manifiesta cada vez más su papel de Madre: Madre de su hijo Jesús y Madre tierna y vigilante de cada uno de nosotros, a quienes el Redentor, desde la cruz, nos la confió para que la acojamos como hijos en la fe.

Durante la audiencia general del miércoles 3 de enero de 1996. Fuente: Catholic.net




miércoles, 12 de septiembre de 2018

El santo nombre de María




“Deseaba Santa Matilde saber cuál era el mejor medio para testimoniar su tierna devoción a la Madre de Dios. Un día arrebatada en éxtasis, vio a la Santísima Virgen que llevaba sobre el pecho la salutación angélica en letras de oro y le dijo: “Hija mía, nadie puede honrarme con saludo más agradable que el que me ofreció la Santísima Trinidad. Por él me elevó a la dignidad de Madre de Dios. La palabra Ave -que es el nombre de Eva- me hizo saber que Dios en su omnipotencia me había preservado de toda mancha de pecado y de las calamidades a que estuvo sometida la primera mujer”.

“El nombre de María -que significa Señora de la luz indica que Dios me colmó de sabiduría y luz, como astros brillantes, para iluminar los cielos y la tierra”.

“Las palabras llena de gracia me recuerdan que el Espíritu Santo me colmó de tantas gracias, que puedo comunicarlas con abundancia a quienes las piden por mediación mía”.

“Diciendo el Señor está contigo, siento renovarse la inefable alegría que experimenté cuando el Verbo eterno se encarnó en mi seno”.

“Cuando me dice bendita tú eres entre todas las mujeres, tributo alabanzas a la misericordia divina que se dignó elevarme a tan alto grado de felicidad”.

“Ante las palabras bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, todo el cielo se alegra conmigo al ver a Jesús, mi Hijo, adorado y glorificado por haber salvado al hombre”. Cf.  El secreto admirable del Santísimo Rosario, San Luis María Grignion de Montfort.

viernes, 7 de septiembre de 2018

El Espíritu de la Legión de María




"El espíritu de la Legión de María es el de María misma. Y de manera particular anhela la Legión imitar su profunda humildad, su perfecta sumisión, su dulzura angelical, su continua oración, su absoluta mortificación, su inmaculada pureza, su heroica paciencia, su celestial sabiduría, su amor a Dios intrépido y sacrificado; pero, sobre todo, su fe: esa virtud que en Ella, llegó hasta su más alto grado, a una sublimidad sin par. Animada la Legión con esta fe y este amor de María, no hay empresa, por ardua que sea, que le arredre; ni se queja ella de imposibles, porque cree que todo lo puede (Imitación de Cristo, lib III, cap. 3:5).

“El modelo perfecto de esta espiritualidad apostólica es la Santísima Virgen María, Reina de los apóstoles. Ella, mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida a su Hijo, y cooperó de modo singularísimo a la obra del Salvador… Hónrenla todos con suma devoción, y encomienden su vida apostólica a la solicitud de María” (AA, 4).

Manual de la Legión de María cap 3.

97 años a la vanguardia de las luchas de la Iglesia.

jueves, 30 de agosto de 2018

Bogotá, he aquí a tu madre





Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana


“…Venid, pueblos todos, a visitar a la Virgen de la Peña, no reparéis en distancias, trabajos y de los caminos, que pues nada se quedará sin la retribución con ganancia…” Juan Agustín Matallana, 1815.


Nuestra Señora de la Peña, la primera dama del cielo bogotano, se se vistió de roca pura para soportar la indiferencia de sus amados hijos de Bacatá.

La historia de esta advocación, tan querida por los abuelos santafereños, asombró a las leyes de la física, el arte y la teología por el excesivo gesto de Dios. El Altísimo le donó un prodigio superior y exclusivo a la urbe de la santa fe, su ciudad predilecta.

El asombro misterioso, escrito sobre los renglones de los siglos XVII y XXI, sigue cuestionando la conciencia más escéptica y atea con un resultado idéntico en la percepción racional del fenómeno: estupor.

La estupefacción no deja espacio para verificarlo todo. El impacto visual es totalitario, es deslumbrante sin importar credo o duda. El alma tiembla reverente ante semejante prodigio, tallado en piedra como las Tablas de la Ley.

La realidad soberana pesa 300 arrobas de roca doblegada por el delicado trazo del artista divino que delineó las figuras del conjunto escultórico de la Sagrada Familia de la Peña en un instante de fuego.

Tremendo y radical esfuerzo costaría intentar narrar el acontecimiento de una escultura labrada sobre el filo de un abismo de 600 metros de profundidad.

A su primer historiador, Juan Agustín Matallana, le costó nueve años de indagaciones probar la certeza increíble del prodigio y al padre Ricardo Struve once, y las investigaciones posteriores del cronista llevan ya una década de fascinantes arrobamientos al intentar dar unos pasos, un poco más lejos que sus antecesores, entre los archivos, los acontecimientos y los escarpados filos donde el vértigo estremecedor agita a los vientos del oriente en cuyos ecos se escucha: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14, 31).

Quizás ese sea la raíz del olvido bogotano, la duda que impone su dictadura de indolencia. La vacilación pasa la cuenta de cobro porque es carísimo venerarla en su calidad de alteza real, maternidad divina. Solemne insistencia de la totalidad.

Si el alma del romero se permite ser tocada por Ella, el bendecido no podrá dejarla, virtud de la desazón. En esta devoción tan raizal y conturbadora existe un secreto, sin tregua y sin remedio. El amor de Cristo consume al individuo en un oficio sagrado, la Eucaristía. No en vano el príncipe de la milicia celestial, san Miguel arcángel, edecán pétreo de esta obra singular porta una custodia con la sagrada hostia.

¿Dónde, en este mundo, existe un portento igual?

La respuesta requiere conocer a la Virgen de la Peña para lo cual no basta con ejecutar la romería del turista disfrazado de peregrino dominical. Hay que convertirse en su hijo, más que en su devoto. Esto es una actitud imperativa en el ritmo de un sentir interno y fervoroso.

El llamamiento vivaz enciende esa búsqueda inclemente y anhelante que no se puede saciar con una fugaz visita. El maternal cariño de María Santísima ratifica un canto de protección: “…Como los montes rodean a Jerusalén, así el Señor rodea a su pueblo desde ahora y para siempre…” (Salmos 125, 2).

Queda pues el reto escrito de una invitación que subleva al encanto del reposo. Hay que subir la loma de Los Laches y escalar el arisco picacho del Aguanoso en una cruzada magnifica que reclama la embriaguez mística de una sencilla plegaria: avemaría.

El sustento de esta provocación queda documentada con algunos testimonios desarchivados de los silencios latientes que se cruzaron en las sendas andariegas que pasan por entre esas breñas esquivas.

“…No cabe duda que esta ciudad de Santa Fe y Nuevo Reino de Granada goza de la especial protección y muy distinguido amparo de Jesús, María y José. Esta iglesia catedral la reconoce por titular en el misterio de la Purísima Concepción: casi no hay iglesia, ermita, convento, monasterio y cofradía que no esté dedicada a tan Sagrada Familia, en todas las provincias de la Nueva Granada. El pueblo de esta ciudad de Santa Fe lo demuestra con los ejercicios de devoción, especialmente el día 19 de cada mes.

Con este reconocimiento procedió el muy ilustre ayuntamiento, y se comprometió por unánime consentimiento de todo el cuerpo, en acta celebrada el día 6 de diciembre de 1814, ‘a celebrar una fiesta con asistencia y expensas propias, el domingo tercero de la Epifanía, en la iglesia catedral, en honor de Jesús, María y José, poniendo de nuevo a todo el pueblo bajo de tan soberano amparo’.

Con poco que se reflexione sobre lo que se halla escrito de la protección de Nuestra Señora en la América, se conoce con evidencia que es muy especial y singular para con los indios, gente pobre y sencilla, a quienes con frecuencia se les debe dar a conocer de todos modos, repartiéndoles el pan del mejor modo que lo pueda conocer y entender.

Esta es la obra más gloriosa y la ocupación más deliciosa que tenemos los sacerdotes, porque resulta en honor de Jesús, María, y José y en mucho bien de las almas, cuyo alimento espiritual es la palabra divina; con ella destierran su ignorancia, se hacen sabios y temerosos de Dios; con ella aprenden a sufrir con paciencia y llevar con gusto las penalidades que les resultan de los diversos climas, diferentes lugares, variedad de temperamentos e intemperie de los tiempos. Con tan santa ocupación son elevados los curas a lo sumo de la santidad como luceros resplandecientes en el cielo de la Iglesia; con ella se ganan la estimación de los pueblos, la abundancia de los bienes, la seguridad de sus conciencias, la tranquilidad en la muerte, la misericordia en el día del juicio, el cariño de Jesús, María y José y la salvación de sus almas…” (Cf. Juan Agustín Matallana. Historia metódica y compendiosa del origen, aparición y obras milagrosas de las imágenes de Jesús, María y José de la Peña que se veneran en su ermita extramuros de la ciudad de Santafé de Bogotá, Provincia de Cundinamarca en la Nueva Granada. Imprenta de C. B. Espinosa. Pág. 49). Documento Biblioteca Nacional de Colombia.

Y la posmodernidad con sus redes sociales no es ajena al escaso fenómeno del agradecimiento. En el facebook Santuario Nuestra Señora de la Peña Bogotá, del 18 de abril de 2018, dice:

“Cuando usted entra a esta página espiritual no sabe cuánto valor representa
1) no importa la enfermedad que padezca.
2) la mejor droga para su cuerpo está aquí
3) deposita su problema con fe
4) visitarla en su santuario.

Bueno ahora paso a contarles
mí historia. En diciembre de 1978, acudí al santuario a suplicar a la Virgen, me concediera una buena mujer para esposa. Al salir del santuario una voz me decía viajara a Venecia, Cundinamarca. Así lo hice busqué a la persona que esa voz angelical me decía. Encontrándola comenzamos a salir e irnos conociendo hasta llegar el día que le declaré mi amor y ella aceptando
al cabo de tres meses nos casamos. De esa unión tres hijas y un hijo.
Un hogar muy lindo y comprendido. 39 años ya de casados.
Primer milagro que recibí. Mira con fe os digo pedid lo que sea y se cumplirá seguiré contando los infinitos milagros...
Los relatos, separados por dos centurias, tienen en común la declaración profunda y sincera del testigo que vive la dinámica evangelizadora de predicar las maravillas del Señor.

La fulgurante juventud mariana del Nuevo Reino de Granada ha dado paso a la edad serena de la meditación vital. El resultado es el mismo de ayer. La hazaña de la luz regresa para iluminar a una ciudad que decidió ser grande, en su geometría dispersa. Su impulso tempestuoso no la deja escuchar la sentencia del lábaro en aquel salvaje risco de filos sublimes: “Bogotá, he aquí a tu madre”.


jueves, 23 de agosto de 2018

La Virgen de la Peña, ¿entre patriotas y chapetones?



Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana

La pregunta del titular tuvo una respuesta equivocada porque fue redactada por la repugnancia propia de ciertos intereses banderizos, en un asunto de sofistas.

El Santuario de Nuestra Señora de la Peña resultó ser el escenario ideal para platicar de revolución e historia mariana. La razón es que por allá solo subía la plebe. La dualidad temática se incrementó entre 1810 y 1816 por causa de dos sacerdotes que aprovecharon la romería para arengarle al pueblo raso. 

El primero fue José Ignacio Álvarez, capellán de la ermita, que firmó el acta de la Independencia del 20 de julio y era amigo de Antonio Nariño.

El segundo fue Juan Agustín Matallana, primer historiador de las sagradas imágenes de la Sagrada Familia de la Peña, autor de novenas y de un trisagio en honor de Jesús, María y José de la Peña.

La dinámica del gentío sirvió para agrupar indígenas, esclavos y campesinos, los desheredados de la esperanza. La situación de la época aprovechó el abandono institucional para que la capilla albergara consignas subversivas contra el régimen colonial y una catequesis de doctrina mariana.

La revuelta de los criollos llegó y la masa de gentes, que bajó de la Peña, fue alebrestada por los demagogos de la plaza de mercado. Los peninsulares, víctimas de los atropellos de sus sirvientes, asociaron a la Virgen de la Peña al motín contra la causa colonial de España.

Guacherna y Peña. Carnestolendas y gleba. Levantamiento y devoción todo quedó metido entre el saco de los odios. Ese sentimiento de aversión contra la gente del común incluyó a la raizal Virgen de la Peña.  El bochinche, producto de las disputas   entre dos castas de tiranos, cuyo ideal más sublime era el bolsillo, puso en grave peligro de desaparición a la querida advocación.

El pacificador Morillo (1816) entregó una sentencia de cárcel para el padre Álvarez y una investigación de la Inquisición para Matallana. El templo fue cerrado y se cursó una petición formal de destruir a martillo las estatuas de la Virgen de la Peña…

La tirria contra los dos presbíteros criollos quedó plasmada en un documento, que por su condición de testigo, se convierte en una rareza bibliográfica. La pieza fue estudiada por el padre Struve en los años 50. El investigador destacó algunas frases que retratan, en su dimensión partidista, la tensión teológica entre los gamonales.

“…En la Biblioteca Nacional reposan dos ejemplares de la Historia Metódica de Matallana, del año 1815, uno de los cuales está lleno de observaciones al margen, hechas por un ‘chapetón’ (sala 1ª. Nro, 4870). Ahí leemos notas como éstas, folio 27: ‘gracias a Dios Nro. Sr. y a M.a S.ma que volviesen los españoles y se restableciese el (gobierno) legítimo, que de no perece la religión, esa era el tiro al Trono, y al alto… Nos handen con rodeos y geringomas; al folio 50: ‘Yo quisiera saber cuáles fueron las utilidades  que nos vinieron con la trasformación política; pues no hemos visto más que guerras, muertes, injusticias, sacrilegios, y lo que es peor si susiste (sic) tal transformación, no quedan señales de religión y aún lloramos y lloraremos sus utilidades”; al folio  51: ‘El 16 de julio del año de 1813 fue cuando juraron su independencia que es decir, el día que (come ) tieron el más horrendo atentado, la infamidad mayor. Fue el día en que no solamente oc (upa) ron el trono, sino también la religión y nos quiere alucinar tal histo (iador) como mui contento y satisfecho, que ese día los quatro pendejos (‘sit venia verbo el autor’) que se reuni (ron) a jurar la independencia, le dieron o hicieron Patrona a Nra. Sra. en su concep (ción) no hai tal cosa, lo primero Nra. Sra. no es protectora de picardías, ni de infamias, lo segundo (Nra. Sra.) es Patrona no por cuatro sotes sino por un Rey tan piadoso y christiano como Car (los)…” (Cf. Ricardo Struve Haker. El Santuario de Nuestra Señora de la Peña. Imprenta Nacional de Colombia, Bogotá, 1955. Pág. 256).

Al regresar al sendero, recorrido por Struve, se encuentra otras líneas que no fueron citadas y que ameritan un rescate por sus aportes al conocimiento de una línea de tiempo, tan maquillada por el embuste.

Lo primero es que el “chapetón”, como lo denominó Struve, debió ser un cura realista porque sus apuntes, en las márgenes de la novena de Matallana, (Historia metódica y compendiosa del origen, aparición y obras milagrosas de las imágenes de Jesús, María y José de la Peña que se veneran en su ermita extramuros de la ciudad de Santafé de Bogotá, Provincia de Cundinamarca en la Nueva Granada) requerían la fuerza de la autoridad moral y académica para atreverse a refutar a un sacerdote… Además, el anónimo contradictor, logró adelantarse a su tiempo al expresar un concepto muy válido sobre la mariofonía de la Peña. Veamos:

Pág. 1. Del descubrimiento fue por la llola.
Pág. 1. Capítulo I

Tachadas las palabras: “de la aparición” corregido “del descubrimiento”. La apostilla es correcta. No hubo aparición de la Virgen. El hecho prodigioso consistió en el hallazgo de un conjunto escultórico en piedra sobre la cima del cerro del Aguanoso por parte del platero de San Victorino Bernardino de León, 1685.

Esa aclaración confirma la tesis del redactor, el “chapetón” no era un vulgar pulpero de la calle real. Su oficio, de censor de los textos, continúa con un marcado acento de autoridad.

Pág. 2: “Véase la foja 28 en que desde luego vale lo que allí se dice, que Nuestra Señora con el viaje que se hizo de la peña vieja hasta el lugar donde hoy se halla del cansancio se asentó como hoy se halla”.

Pág. 4 Capítulo 2. “Santa fé y no nos recuerde el tiempo del paganismo, con su Cundinamarca”. Aquí retorna al elemento político con su protesta contra los criollos. El resto de notas son frases cortadas por el proceso de digitación. Lo que se puede leer rescata un debate donde el bogotanísimo Santuario de Nuestra Señora de la Peña pasó de ser un hecho histórico y mariológico a una disputa entre enemigos acérrimos.

“Pág. 26 borde derecho. “Viene bien unión con que cristianos a vivir odios y más mortal aunque ian a los les y las… y no se nos (lepra)… Cristo”.

*destinamos. Hizo Dios con un final la materia de la piedra de que es echa la piedra. Lo concedo. Hizo con el fiat las imágenes tales como se hallan, lo niego porque Nuestro Santo crio e hizo todas las cosas perfectas sin revisión ajenos por su poderío y… (Roto).

Pág. 28.

Es que también entendió en la oración que las imágenes estan en pie, esto es falso porque (la Virgen está asentada, como lo pude ver el que quiera y viere a la virgen en demasiada; luego… lo que más ha entendido esta alma es falso, prescindiendo de que en la jornada de que la peña… hasta donde se halla… (Incompleto).

Pág. 29.

R. Que poco favor le hace a Nuestra Señora en el Misterio de la Concepción que la quiera con... sin concibió de criaturas como lo fueron las imágenes de la peña, pues… que… Una mano en esta obra y después muchos otros como pintores va y así (cortado)… la revelación…

Pág. 31. No hay peñas que valga. Todo cristiano será feliz siendo verdadero devoto de la… en que no ofenda a su hijo santísimo. Ni vea contra la religión directa o indirectamente como con los patriotas, pues estos con todo su patriotismo al ing… y son devotos de nuestra Señora de boca, por odio y mata voluntad que confiesan a… (Incompleto).

Pág. 32. Borde izquierdo.

Mas eso loma o molla lo sabrá… eso elo a que ella era… que ella… Que como uno sabrá…
Borde inferior.
Mas esto a la monja t b contestando  a las monjas t preguntando a las monjas t…. últimamente pregunta la religiosa y porque  a quien le ha pregun… (Incompleto).

Pág. 33.
No hay tal como que están asentadas.

Pág. 52. Índice. “Del descubrimiento porque no fue aparición”.

Esas fueron las frases escondidas que ilustran perfectamente las desavenencias entre los fieros antagonistas. En síntesis, el “chapetón” tuvo mucha razón cuando expresó: “Nra. Sra. no es protectora de picardías, ni de infamias”.


sábado, 18 de agosto de 2018

¿Chiquinquirá o Fátima?, marianismo sin identidad


Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana

La Colombia de María se prepara para celebrar el centenario de la coronación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá con la imagen peregrina de la Virgen de Fátima.

No, no es un tema para el programa cuando sucede lo increíble.

Es la realidad de la desesperanza en una nación desarraigada de su memoria cultural. Por ejemplo, el pasado 28 de julio Nuestra Señora de Fátima se paseó por las empedradas calles de Villa de Leiva territorio ancestral de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Mama Linda Renovada (1836). La situación, radicalmente dolorosa, mostró un vacío de pertenencia nacional. Solo demagogia y un gentío sin rumbo ni patria.

Ante lo cual algunos lectores expusieron iracundos su argumento de Perogrullo: “Pero si es la misma Virgen”. Lamentablemente el alegato es tan peregrino como el de ciertas multitudes que posan ante las cámaras de televisión en sus procesiones callejeras.

Sí, es la misma Virgen Santísima, pero no es la misma historia, no es el mismo mensaje, no es la misma cultura, no es el mismo patrimonio, herencia raizal de los mayores a la cual se le debe la construcción de un país soberano.

Y para profundizar en la banalidad de la afirmación apodíctica basta con la memoria histórica. Portugal en 2017 se vistió de fervor para celebrar el centenario de las apariciones de Nuestra Señora en Cova da Iria.

Pregunta: ¿alguien vio a los frailes dominicos con nuestra Virgen Morena en romerías por las parroquias y calles de Lisboa?

La respuesta es un no gigante porque allá, en Portugal, crecieron educados por el respeto hacia los valores vernáculos y esa es una diferencia vital entre la civilización del Evangelio y la catequesis de las muchedumbres.

jueves, 16 de agosto de 2018

María Santísima de la Peña, entre dos aguas




Por Julio Ricardo Castaño Rueda
Sociedad Mariológica Colombiana

El padre Juan Agustín Matallana cometió un pecado gravísimo. En 1810 educó al pueblo en la devoción a la Sagrada Familia de la Peña. Y así la Inmaculada Virgen María pasó a ser un tema subversivo para el régimen peninsular porque la asociaron a la ojeriza popular contra España.  

El apóstol comenzó a predicar esa historia mariana cuando la sociedad del virreinato de la Nueva granada cayó en la trampa del discurso independentista. El presbítero, testigo de los extravíos de la aldea mestiza, decidió acudir al santo Evangelio porque presentía de la sensatez el fin.

Infortunadamente para el cura su disertación y sus novenas quedaron insertas en una acción banderiza. Los españoles acusaron de “patriota” a la Virgen de la Peña y olvidaron que el virrey Amar y Borbón fue de peregrino a las fiestas religiosas en la loma. El pueblo labrador subió a donde habitaba su patrona, la mujer vestida de piedra, a preguntarle: ¿cuál de los yugos pesaría menos?

El buen pastor tomó la pluma y destacó las misericordiosas e infinitas riquezas que habitaban en la catequesis de María, Madre de Jesús, luz de las naciones. Sus oficios de pregonero no fueren escuchados por las altezas serenísimas. Los amos de levita patrocinaron la mortandad e inauguraron las guerras civiles (1812). Y los hijos de los encomenderos, los de sangre limpia, aguardaron a que la benevolencia de Fernando VII regresara con los tercios españoles para edificar los patíbulos de su venganza (1815).

Matallana siguió insistiendo y dio la “última novena breve y compendiosa”, pero… Las cornetas del Pacificador sonaron en la Plaza Mayor de Santafé de Bogotá y sus ecos fueron a retumbar en la pobre ermita de Los Laches (mayo de 1816). El capellán de la Peña, José Ignacio Álvarez, fue puesto preso en el convento de San Francisco. El santuario cerrado y Matallana llamado a juicio por la Inquisición que le indagó sobre el contenido de sus obras. Las injusticias cometidas por el capellán mayor del Ejército Pacificador, Luis Villabrille, contra el sacerdote pasaron al expediente de la patria que por revolucionaria se quedó boba.

Pero en síntesis, ¿qué dijo el doctor Matallana que ameritara una cita urgente con el Tribunal del Santo Oficio de Cartagena de Indias? Juzgue el lector:

“…Cuando nació el Hijo de Dios hecho hombre en el Portal de Belén, fueron llamados los campesinos que pastoreaban, y cuidaban sus ganados a ver tan estupenda nueva maravilla; luego que llegaron, llenos de admiración encontraron a María, a José, y al niño recostado en su pesebre, envuelto en pañales lleno de resplandor, y acompañado de celestiales espíritus, que divinamente cantaban, y entonaban gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Así anuncio a vosotros pobres indios, labradores y gentes del campo, en esta novena la obra estupenda, nueva y maravillosa que descubrió Bernardino de León en las serranías inaccesibles inmediatas a esta ciudad de Santafé en 10 de agosto de 1685, para singular consuelo del pueblo bogotano.

Procurada ser muy devotos de esta divina señora guardando la ley de Dios, si queréis ser favorecidos y socorridos por Jesús, María y José, S. Gabriel, S. Miguel, S. Rafael y los demás espíritus del cielo en todos los trabajos que sufrís en vuestros oficios, negocios y viajes. Entonces vuestras tierras serán fertilizadas; vuestras cosechas abundantes, bien recompensados vuestros sudores y fatigas; se aumentaran vuestros bienes, vuestros ganados multiplicarán; recibirán salud vuestros cuerpos, consuelo vuestras almas, paciencia vuestros espíritus; serán felices vuestros estados, largas vuestras generaciones; y os lloverán abundantes, y copiosas gracias del cielo para asegurar vuestra eterna salvación. (Sal 118).

Los que impedidos no puedan subir al cerro, alaben, bendigan, y saluden a Jesús, María, y José desde sus chozas, campos, casas y caminos en medio de sus tareas, y ocupaciones, haciendo esta novena, o rezando el rosario, y los siete padrenuestros y avemaría en reverencia del misterio; de las siete veces que derramó Jesús su sangre y de los siete dolores, y gozos de nuestra señora, y señor san José todo los días.

El capellán que fuere os impondrá de la hermandad, e indulgencias que puedan ganar los hermanos. El tiempo de hacer esta novena es todo el año; y en especial los nueve días anteriores a la purificación el 2 de febrero; los anteriores al domingo de carnestolendas; y al 10 de agosto, confesando y comulgando un día, si es posible.

Procuren leer la historia que se imprimió el año de 1815, y quedarán más enamorados de Nuestra Señora de la Peña.

En la iglesia del monasterio de Nuestra Señora de la Concepción de esta ciudad de Santafé se venera un retrato lo más parecido en lo posible al original en su aparición; allí concurren los que no pueden subir a la capilla en el cerro; le encienden luces, mandan decir misas; ofrecen figuras de cera, y experimentan muchos favores, como es público.

Con tal devoción ninguno morirá en pecado mortal, porque Jesús, María y José, no desamparan jamás a sus devotos.

Os ofrezco este pequeño trabajo aunque en lo sustancial muy grande, deseoso de vuestro mejor bien; espero lo recibirás con buena voluntad, y cumpláis mis deseos, si alguno no los recibe bien, o no le gustare deje a los demás, que hagan lo que les parezca en honor de Jesús, María, y José de la Peña. Enero 10 de 1816. J.A.M. (Cf. Novena en honor de Jesús, María y José en su advocación de la Peña, que se venera en su ermita extramuros de la ciudad de Santafé de Bogotá. Para que los indios, labradores, gente pobre y del campo gocen de tan importante y provechosa devoción.  A devoción de su capellán presbítero Juan G. Caldas). La edición fue reimpresa en Bogotá por N. Gómez. 1849.