jueves, 2 de julio de 2015

A Nuestra Señora de Chiquinquirá


Sor Isabel Díaz, O.P.

Quién podrá dignamente cantar a tu grandeza
¡Oh Reina de los cielos! ¡Lucero del alba! ¡Luz!
Por madre en el Calvario te dieron con presteza a Juan,
Al fiel amigo, al pie de aquella cruz.

Y pasaron los siglos, y en múltiples regiones
Posaste regia planta ¡oh celestial señora!
Dejando en muchas almas sus bellas ilusiones
Y pruebas muy ardientes de amor, hora tras hora.

Y llegaste a este valle, a tan bello Santuario
Esmaltado de flores y prados de esperanza
A sembrar la gloriosa semilla del rosario
Y a darle a este mundo una dulce confianza.

Entre tantas plegarias de una mujer sencilla,
Te rendiste amorosa bajo la luz del día.
Como madre nos diste esta gran maravilla
Que inundó nuestras almas de una inmensa alegría.

De pobre y tosca concha, salió la perla hermosa.
De roto y burdo lienzo, tu imagen oh Señora.
Como el sol muy radiante te yergues misteriosa
Y extasiada se queda aquella que te implora.
Y siempre la inocencia, fue el niño Miguelito
El primero en mirarte y gritar: María Ramos,
La Virgen se ha bajado, se ha quemado el ranchito,
Clamaba con ternura y goces sobre humanos.

Isabel y María Ramos cayeron de rodillas,
Pensando si era cierto lo que veían sus ojos.
No volvían de su asombro esas almas sencillas
Y casi sin sentido continuaban de hinojos.

María Ramos gritaba: al fin mi Reina hermosa
Te miro en tu belleza donde yo te rezaba,
Destacada entre brumas de luz esplendorosa,
Oh Rosa de los cielos como yo te anhelaba.

Y sigue siempre amante prodigando tus gracias
Desde este tu santuario, llamando al mundo entero,
Sanando al pobre enfermo, quitando las desgracias
A los que fiel te piden con una amor sincero.
Hace ya cuatro siglos ¡Oh Virgen muy amada!
Y nunca te has cansado de hacernos mil favores,
Derramando tus dones do Reina inmaculada,
Como en los festivales, una lluvia de flores.

Por eso te pedimos Señora muy querida
Que mires nuestra patria tan llena de amargura,
Da le la paz completa y el respeto a la vida,
Vuelve a ella tus ojos de infinita ternura.

Protege a tu Colombia, ¡oh Virgen del Rosario!
Danos luz, fortaleza en este triste suelo.
Y con amor, de hinojos aquí ante tu Santuario,
Te rogamos, Señora, nos lleves hasta el cielo.


Ofrenda para la Patrona, el 25 de diciembre de 1986.

No hay comentarios:

Publicar un comentario