martes, 22 de septiembre de 2015

El sueño de una esperanza



Por Julio Ricardo Castaño Rueda

La Sociedad Mariológica Colombiana cumple hoy 56 años de  profunda veneración a María. Lo fascinante de este acontecimiento humilde radica en la tarea de investigar las consecuencias de un milagro que comenzó en el seno de santa Ana al recibir a la Inmaculada Concepción.

El prodigio continuó con la declaración del ángel Gabriel que le anunció a María la encarnación del Verbo. La Madre Virgen dio a luz al Hombre-Dios participó en su misión mesiánica y fue asunta al cielo, en cuerpo y alma.

Hasta ahí pareciera fácil agotar en un micro texto los dogmas marianos. Lo inagotable sería vivir su legado. Por ejemplo, los Padres de la Iglesia colmaron las bibliotecas de todas las épocas del cristianismo con tratados y homilías sobre un tema: María, Madre de Dios.

A ese esfuerzo gigante de los santos se sumó la XIX Conferencia Episcopal Colombiana al bendecir la idea del padre Ricardo Struve Haker. Él  fundó una academia de estudios marianos a los pies de Nuestra Señora de la Peña, Patrona de Bogotá. 

El jardín mariano floreció y la Colombia heroica, arropada bajo el manto patronal de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, entregó los tesoros de su piedad mariana incrustados en el engranaje campesino de una camándula.

Sin embargo, la Santísima Virgen María fue desterrada de muchas conciencias católicas. Sí, hoy en la era de la apostasía, formal y mediática, es un pecado hablar de Ella y un delito de conciencia escribir sobre la Omnipotencia Suplicante.

Quizás por eso protestaba la venerable, Marta Robin, cuando expreso: “De Santa María no se ha escrito nada, nada, ¡me entiende!” Entonces, la Sociedad Mariológica Colombiana continuará redactando estudios sobre la Santísima Virgen María porque primero fue el Verbo.




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