jueves, 21 de febrero de 2013

La Perfecta Consagración a Jesús o “TOTUS TUUS”



P. Miguel Patiño Hormaza, smm
Miembro de la Sociedad Mariológica Colombiana

Respondiendo a una deuda de amor y fidelidad con la Santísima Virgen, al fin, a lo largo de este año he escrito 35 catequesis como preparación para la Perfecta Consagración a Jesucristo por las manos de María. Presento la siguiente que corresponde a la Catequesis nro. 30 ya que trata del valor de este itinerario espiritual cristiano fundamentado en el misterio de la Encarnación y que busca, en términos de hoy, refundar el cristianismo de cada cristiano a partir de la Alianza Bautismal vivida en unión y dependencia total de María, para ser fieles a nuestra consagración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y realizar mejor nuestra misión de ser luz del mundo y sal de la tierra estableciendo en el mundo la soberanía de Dios, es decir, el reinado de Jesús por María. Hoy con gusto presento estas unas reflexiones un poco yuxtapuestas con ocasión de los 50 años de la Sociedad Mariológica.

Me encanta esta expresión latina porque expresa en síntesis lo fundamental de la Consagración total a Jesús, sabiduría encarnada, por manos de María. Se trata de una donación total (totus), se trata de una dependencia total (tuus), se trata de una relación entre tú y yo, una relación que san Luis María no teme en llamar “esclavitud de amor” y que mucha gente joven de hoy la acepta sin reticencias como me consta. Del 7 al 9 de julio del 2001 participé en el primer. Encuentro Nacional de “Esclavos de María” en Salta, Argentina. También he participado en dos congresos nacionales sobre la esclavitud mariana realizados en Guatemala. Como que frente a muchas esclavitudes actuales, se descubre que “la esclavitud de amor” nos hace realmente libres y felices. Como testimonio más reciente están esos laicos asociados bajo el nombre de “Lazos de Amor Mariano”, que unas dos veces por mes llevan al Seminario de Choachí más de 100 personas, entre las cuales muchos jóvenes, muchachos y muchachas, para renovar su vida cristiana a través del “Totus Tuus”.

Por algo, el Santo Padre Juan Pablo II tomó esta expresión como lema de su vida espiritual y apostólica, que fue tan fecunda. Y no se avergüenza de confesarlo. Recordemos el testimonio que nos dio en San Lorenzo, el 19 de septiembre de 1996, al devolverle la visita que Montfort le había hecho a su predecesor Clemente XI el 6 de junio de 1706, en la homilía, ante todos los consagrados religiosos de la diócesis de Luçon. Leyó lo esencial de la fórmula monfortiana de consagración aplicándosela: “Yo,... Juan Pablo, yo Carlos- pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en tus manos (las manos de María) los votos de mi bautismo; renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras y me consagro totalmente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz en su seguimiento todos los días de mi vida…” (ASE 225). Que un anciano Papa diga en este tiempo estas palabras en una homilía que sale al mundo entero y que es dicha con ocasión de una visita pastoral a la primogénita Francia para celebrar sus 1.500 años de cristianismo con el bautismo de Clodoveo, eso ratifica a nivel eclesial la intuición de san Luis María de Montfort para “refundar el cristianismo” a partir de la alianza bautismal. Y lo más lindo fue el gesto que hizo a continuación, dejando a un lado el papel y dirigiendo su dulce y segura mirada a los participantes, añadió: “la repetimos cada día”. Comentando este gesto, el padre ex general, Bill Considine, dijo que “Al emplear su nombre de bautismo, su nombre de Papa y el de san Luis María, entretejió toda su vida con la experiencia de Montfort”.

Y es que en realidad el “Totus Tuus”, expresión de la Consagración Total, es lo medular de nuestro camino espiritual y apostólico. Esto lo desarrolla ampliamente el P. Gaffney en el artículo sobre la Consagración, publicado en el Diccionario de espiritualidad monfortiana (P. 270ss. de la edición en castellano). El P. Gaffney se complace en decir, citando a san Luis María que “La Consagración Total tiene unos fundamentos tan sólidos que «no se la podrá condenar sin trastornar los fundamentos del cristianismo; VD 163, ver VD 180».

El P. Pío Suárez, especialista en la Palabra de Dios y en la palabra de Montfort, estaba convencido de la importancia de recuperar en la Iglesia, en su acción pastoral y espiritual, el sentido profundo y fecundo a la consagración bautismal y de las diversas consagraciones, expresado en la Biblia y en el Magisterio, pero que ha quedado represado en el papel. El “Totus Tuus” propuesto por Montfort es precisamente, según su testimonio, un camino corto y seguro, accesible a todos para vivir dichas consagraciones. En un artículo muy interesante que escribió en 1988 en el primer intento fuerte de Congregación para promover el doctorado del P. de Montfort, el P. Pío destaca el fundamento bíblico de la Consagración, tomado sobre todo del tema de la alianza que atraviesa toda la Biblia y culmina en el bautismo y la Eucaristía, pasando por la encarnación y la cruz.
Nuestra consagración bautismal no es otra cosa que la participación en la misma consagración de Jesucristo, el Siervo de Dios, que no ha venido a hacer su voluntad sino la del Padre, Heb 10,6, que no ha venido a ser servido sino a servir, que aceptó libremente –Héme aquí- el designio crucificante de la Encarnación para conducirnos a la nueva tierra de promisión.
Urgente reto pastoral. En su tesis de grado Vivir el Bautismo en comunión con María, el P. Jaime Cabrejo, smm, anota este reto pastoral: “en el pueblo cristiano es muy arraigada la devoción mariana. Pero muchas veces ésta se limita a una práctica pía de devoción privada, intimista e interesada, sin ninguna o con muy poca relación con el resto del misterio cristiano, en especial con el bautismo y con todas sus exigencias de configuración con Cristo, de conversión y de vivencia comunitaria de la fe. Pareciera a veces –es al menos mi observación particular en algunas diócesis de Colombia- que la evangelización caminase en una dirección y la devoción mariana en otra, sin encontrarse o a veces incluso en competencia,” Introducción a la Tesis.

El misterio de la Encarnación es el fundamento del Totus Tuus, pues como dice san Luis María al inicio del Tratado de la VD, 1   Por medio de la Santísima Virgen María vino Jesucristo al mundo y también por medio de Ella debe reinar en el mundo[1].

Contemplemos un momento el misterio de la Encarnación, la obra maestra del Dios creador. Permitámonos una contemplación sideral, no para quedarnos en las nubes: el espacio sideral y los astros y estrellas que lo recorren. La velocidad de la luz es de 300.000 km. por segundo. Hasta ahora barrera insuperable para la técnica humana. A esta velocidad, el sol está a 8 minutos/ luz de la tierra. Es decir, la luz se demora 8’ para recorrer los 150 millones de kilómetros que nos separan del Sol. El sol está, pues a 8’ luz de nosotros. Esta distancia es poca si se compara con la estrella más cercana a nosotros después del sol, y que se llama Alfa a 4,5 años luz. Pero esta distancia es pequeña si se la compara con Aldebarán (de la Constelación[2] Tauro) a 68 años luz y con la Const. Orión a 900 años luz, y todo esto dentro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, cuyo centro está a 26.000 años luz del sol. La galaxia Andrómeda que está a 2,2 millones años luz, es la galaxia más cercana a la nuestra y es el objeto más distante que se puede ver a simple vista desde la tierra. La Vía Láctea y la Galaxia Andrómeda pertenecen a una agrupación pequeña de unas 20 galaxias, y tienen 100.000 o 200.000 millones de estrellas cada una. Hay millones de galaxias... Bueno, detengámonos y adoremos al Señor con el salmo 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!... Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos; la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder?... Señor, dueño nuestro...

Meditemos algo más. Hoy que se ha llegado a descubrir lo que se ha llamado el “Mapa de la vida humana”. Este descubrimiento es tan importante que se le compara al giro copernicano en la astronomía logrado por Galileo. Se ha descifrado el genoma o código genético completo de una persona. El código genético contiene todas las características hereditarias de una persona. Pues bien, el cuerpo humano tiene cerca de 100 billones de células. Dentro del núcleo de cada célula se encuentra los 23 pares de cromosomas conformados principalmente por el ADN. En cada uno de los cromosomas hay miles de genes que son los portadores de la información genética de los seres vivos. Esto servirá, se espera, para curar los males hereditarios a partir de los genes defectuosos... Ciertamente el poder de Dios Creador y su Sabiduría son inconmensurables. Ciertamente se requiere ser muy sabio y poderoso para crear cielos y tierra... y más aún al ser humano y hasta una sola célula del ser humano…

Bueno, Uds. dirán qué tiene que ver esta digresión con la Encarnación. Pues bien, este Dios vivo y verdadero a quien no sabemos qué admirar más, en su sabiduría y poder en lo macro y en lo micro de la creación, este Dios a quien no pueden contener los cielos de los cielos ni el espacio sideral con sus millones de galaxias, ha querido bajar a la Tierra, simple moronita sideral, para encarnarse en el seno de una criatura, que aunque es la más excelsa de todas, nos dice san Luis María, es “menos que un átomo, o mejor, es nada, porque sólo Él es El que es, Ex 3,14” VD 14… Con cuánta razón exclama María con voz profética ante la profesión de fe de Isabel: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”, Lc 1, 48-49.

En su libro María y la debilidad de Dios, El P. Jean Morinay, smm, contemplando extasiado este misterio de la encarnación concluye que Dios necesitaba poco para crear el cielo y la tierra, pero “mucho para borrarse” en el Niño de Navidad. En su libro la humildad de Dios, el P. Varillon dice “Poco poder hace falta para hacerse ver, mucho para borrarse”. Y “Dios se borra al encarnarse. Juan Pablo II dice: «El encuentro de Dios en la inmensidad del universo no es tan desconcertante como su encuentro en el pesebre de Belén y en la Eucaristía». Cada vez que oramos mi oración preferida, la Coronilla, estamos proclamando lo que dice un himno a la Virgen: “Tú llevas a quien el mundo entero no puede contener”. Se entiende mejor que la “humildad profunda” que le pedimos a Dios al meditar el misterio de la Encarnación es ante todo, la humildad de Dios en su anonadamiento, ver Filp. 2, 5-11. Ésta es en el fondo la primera bienaventuranza, presupuesto y fundamento de las demás.

Hay tres anonadamientos de Dios que conmueven profundamente al P. de Montfort, que Dios le otorga también vivir profundamente y que nos propone como los máximos motivos para amar a Dios. El anonadamiento de la Encarnación, el anonadamiento de la pobreza y el anonadamiento de la Cruz. En los tres se destaca a un Dios que no ha venido a ser servido sino a servir y a dar la vida para la redención de todos. Un Dios que no sabe otra cosa que amar y salvar: ¡Jesús, Salvador, es decir, el que salva al ser humano, aquel cuya característica es amar y salvar al ser humano!, ASE 120.

En VD y SM, Montfort destaca más el anonadamiento de la Encarnación, en el que todo un Dios, “todopoderoso siempre independiente y suficiente a sí mismo”, acepta depender de una criatura.

En ASE y luego AC, destaca más el anonadamiento de su pasión hasta la Cruz como expresión máxima de la Sabiduría del amor, para concluir: Y, hablando razonablemente, conocer lo que nuestro Señor ha padecido por nosotros y no amarlo con ardor... es algo moralmente imposible”, ASE 166.

En su vida personal y misiones, en sus Cartas y Cánticos y en sus Fundaciones religiosas, Reglas Manuscritas y ACM, destaca más el anonadamiento de la pobreza, siendo pobre y sirviendo y evangelizando a los pobres.

El P. de Montfort nos propone precisamente amar a Dios imitándolo en lo mismo que Él ha hecho: depender totalmente de un ser humano, ser pobre y padecer hasta la Cruz. Se trata, pues de entrar en la misma experiencia divina de la sabiduría del amor.

El P. Morinay anota al respecto: “Entre las tres opciones que el Amor ha hecho, en su sabiduría, para unirse a nosotros: la pobreza, la cruz y la dependencia de María, Montfort nos invita sobre todo a ésta última porque contiene a las otras dos y es quizás la más humana”, pues Dios “Padre no dio ni da su Hijo sino por medio de María, no se forma hijos adoptivos ni comunica sus gracias sino por Ella. Dios Hijo se hizo hombre para todos solamente por medio de María, no se forma ni nace cada día en las almas sino por Ella en unión con el Espíritu Santo, ni comunica sus méritos y virtudes sino por Ella. El Espíritu Santo no formó a Jesucristo sino por María y sólo por Ella forma a los miembros de su Cuerpo místico y reparte sus dones y virtudes”, VD 140. Se hacen ahora más claros los dos fines principales del Totus Tuus o esclavitud de Jesús en María que Montfort propone: 1) “honrar e imitar la dependencia inefable que Dios Hijo quiso tener respecto a María para gloria del Padre y para nuestra salvación”. Dependencia que se hace total en el misterio de la Encarnación; y 2) “agradecer a Dios las gracias incomparables que otorgó a María, y especialmente el haberla escogido por dignísima Madre; elección realizada precisamente en este misterio”, Ver VD, 243.

Por todo ello, san Luis María llega a esta conclusión “Si honrar a la Santísima Virgen es necesario a todos los hombres para alcanzar su salvación, lo es mucho más a los que son llamados a una perfección excepcional. Creo personalmente que nadie puede llegar a una íntima unión con Nuestro Señor y a una fidelidad perfecta al Espíritu Santo sin una unión muy estrecha con la Santísima Virgen y una verdadera dependencia de su socorro”, VD 43.

Espiritualidad Trinitaria. El P. Gaffney en su artículo sobre la Trinidad, publicado en el diccionario de espiritualidad en Castellano, reconoce con la Iglesia que “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana... es la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina”; luego critica con algunos teólogos contemporáneos el hecho de que la fe en el misterio de la Trinidad no tenga ningún impacto en la vida de los cristianos, que carecen realmente de una espiritualidad trinitaria. Afirma por el contrario, lo que demuestra a lo largo del artículo, que la fuerza y la pertinencia de la espiritualidad de san Luis María está en que “logra compartir a sus oyentes y lectores la experiencia viviente de la grandeza e intimidad del Dios Trinidad, principio y fin de la creación y meta última de la fe bautismal”. Y al final, anota de manera conclusiva: “De múltiples maneras... san Luis María insiste en su enseñanza que María es la compañera de la Trinidad en todas sus obras de gracia = de divinización de la creación. Luego añade que “Montfort le grita hoy al mundo que el olvido de María sólo puede llevar al debilitamiento de la experiencia vital del misterio de la Trinidad...” “Es imposible entrar en la espiritualidad de Montfort sin ser atraídos a una vida de la Trinidad misma”. Finalmente concluye que la mística trinitaria, a los ojos de Montfort, es una mística misionera y comunitaria, como lo es el mismo misterio, un misterio misionero y de comunidad o familia. “Montfort nos recuerda que todo cristiano está llamado a hacer una experiencia profunda de la Trinidad” y nos enseña por qué y cómo. Personalmente para mí, la mayor riqueza del mensaje espiritual de san Luis María es que acerca a todos los cristianos los misterios centrales del cristianismo: el misterio de la Trinidad, el misterio de la Encarnación y el misterio de la Redención y enseña cómo sumergirse en ellos y vivirlos gracias a dos secretos: María y la Cruz.

Con ocasión del Congreso celebrado en octubre de 2000 en Roma, sobre Montfort, una espiritualidad trinitaria en comunión con María, el santo Padre nos dijo al final, el 13 de octubre, unas palabras que nos expresan cómo el Totus Tuus puede llevarnos a las más altas cumbres de la unión y del dinamismo místicos, gracias a la presencia de María en la relación con cada una de las personas divinas:

“Sí, toda la espiritualidad Cristo céntrica y mariana que enseña Montfort deriva de la Trinidad y lleva a ella…  “María es totalmente relativa a Dios, y yo la llamaría muy bien la relación con Dios, la que sólo existe en relación con Dios”, VD, 225. Por esta razón la Toda Santa lleva hacia la Trinidad. Repitiéndole a diario Totus tuus y viviendo en sintonía con ella, se puede llegar a la experiencia del Padre mediante la confianza y el amor sin límites, ver VD 169 y 215, a la docilidad al Espíritu Santo, ver VD 258, y a la transformación de sí según la imagen de Cristo”, ver VD 218-221.

Para responder orando:

¿Qué características del “Totus Tuus” te impactan más y por qué?
¿Hacia dónde apunta esta espiritualidad del “Totus Tuus”?
¿A qué me llama el Señor a través de esta meditación?


Siglas:

VD: La  Verdadera Devoción a la Santísima Virgen; Autor: San Luis María de Montfort
SM: El Secreto de María; Autor: San Luis María de Montfort.
ASE: El Amor de la Sabiduría Eterna; Autor: San Luis María de Montfort.
AC: Carta a los Amigos de la Cruz; Autor: San Luis María de Montfort.
ACM: A los Asociados de la Compañía de María; Autor: San Luis María de Montfort.



[1] Este es el tema que el P. de Montfort desarrolla en toda la obra. En la que aparecen ecos frecuentes de esta misma frase (ver 13, 22, 49, 83,158, 217, 272; ver SM 58). La idea, a su vez, reaparece en tantas y tantas páginas monfortianas: María ha recibido a Cristo del Padre para entregarlo a los hombres... Ella es, por otra parte, el camino real y directo que nos conduce a Jesucristo (ver Nos. 152-168). El Papa Juan Pablo II, en su encíclica La Madre del Redentor nos presenta a María como quien “precede” a la venida de Jesús y la prepara (No. 3), como quien “precede” también a la Iglesia convirtiéndose en su modelo y prototipo  (No. 5), como quien nos “precede” a cada uno en particular en el camino de la fe (Nos. 27-28) y de la historia (No. 49) a fin de que nuestro encuentro con Cristo sea cada vez más íntimo y perfecto (No. 21). Ella, en efecto, recibe del Padre al Hijo de Dios (No. 39): “Singularmente unida a El (Cristo) en su primera venida por su cooperación constante lo estará también a la espera de la segunda” (No. 41).
[2] Constelación es una agrupación convencional de un grupo de estrellas fijas, con una determinada figura y un nombre propio. En la actualidad se aceptan 88 constelaciones, 12 de ellas pertenecen al Zodíaco: Piscis, Aries, Tauro…
Galaxia es un sistema estelar compuesto por un inmenso conjunto de estrellas. Una de estas galaxias es la Vía Láctea a la cual pertenece nuestro Sistema solar… Alrededor del sol giran 8 planetas mayores…

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